Sunday, June 8, 2014

Mostrando la Gloria De Dios

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

“Seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Jacobo y a Juan su hermano, y los llevó aparte a un monte alto; y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz. Mateo 17:1, 2

Pocos días después de la declaración de Pedro acerca de que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16:16) y de que Jesús anunciara a sus discípulos de que habría de padecer (Mateo 16:21), el Señor invita a tres de sus discípulos a subir a un monte alto para orar (Lucas 9:28; Mateo 17:1). “Y entre tanto que oraba,  la apariencia de su rostro se hizo otra,  y su vestido blanco y resplandeciente.” (Lucas 9:29). En Mateo dice que se transfiguró delante de los tres discípulos y que a lado de Él aparecieron dos personajes muy importantes del pasado del pueblo de Israel. Estos dos hombres fueron Moisés y Elías (Mateo 17:3) quienes también aparecieron rodeados de gloria (Mateo 9:29-31), o sea, resplandecientes como Jesús. No era la primera vez que Moisés resplandecía. Cuando Moisés subió al Monte Sinaí a encontrarse con Dios para recibir órdenes y las tablas de la ley, al regresar Moisés tuvo que ponerse un velo porque toda su piel y rostro resplandecían (Éxodo 24:38-45). Es de esperarse que un encuentro con Dios nos haga resplandecer.

Al transfigurarse Jesús, su rostro resplandecía y su ropa se convirtió en un blanco resplandeciente (Mateo 17:1,2; Marcos 9:2, 3; Lucas 9:28,29).  No fue una casualidad que la transfiguración ocurriera en un monte alto al igual que el encuentro entre Dios y Moisés en el Monte de Sinaí. El apóstol Pablo comparó la gloria de Dios en el rostro de Moisés con la gloria de Dios revelada por Cristo (2 Corintios 3:7-18) — una gloria que perece con la vida del portador; mas la gloria que Jesús nos da a través de su sacrificio permanece para siempre. Moisés en esta escena representaba la ley, la letra que mata (2 Corintios 3:6) porque nadie la podía cumplir; en cambio, Cristo representa una gloria mayor que vivifica a todo aquel que a Él se acerca (Juan 14:19; Isaías 57:15). Elías representa a los profetas que hablaron de condenación y de las promesas de Dios para la humanidad. Así que, Moisés y Elías eran representantes de la ley y los profetas, o sea, todo el Antiguo Pacto; pero Jesús es superior a ellos (Hebreos 3:1-6). Jesús es superior a Moisés, a los profetas, a los ángeles, a la creación y por lo tanto superior a la Ley, porque Él es el Hijo de Dios, y Dios mismo.

Indudablemente, el propósito de la transfiguración de Cristo fue, al menos, mostrar una parte de su gloria celestial para que sus discípulos pudieran tener una mayor comprensión de quién Él era. Cristo experimentó un cambio impresionante en su apariencia con el propósito de que los discípulos pudieran percatarse de su gloria. Los discípulos, quienes sólo lo habían conocido como humano, ahora tenían una mayor conciencia de la divinidad de Cristo, aunque no podían comprenderla plenamente. Así el Señor les dio la seguridad que necesitaban después de haber escuchado la noticia acerca de su pronta muerte.

Moisés y Elías representaban la Ley y los Profetas; pero la voz de Dios desde el cielo “¡A Él oíd!” (Mateo 17:5) declaraba imperativamente que la Ley y los Profetas debían otorgarle el paso a Jesús, el verdadero camino a Dios, ya que en Él se cumplirían la Ley y las innumerables profecías en el Antiguo Testamento. En su transfiguración, los discípulos vieron un atisbo de su glorificación y coronación futura como Rey de reyes y Señor de señores; así también como nuestra glorificación cuando Él venga, aunque sus discípulos en ese momento no lo entendieron.

Lo que sucedió aquel día en ese monte alto jamás fue olvidado por aquellos tres discípulos que acompañaban al Señor. No hay duda de que éste fue el propósito de Jesús. Juan recordó ese día al escribir: “Y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14). Pedro lo evocó al señalar: “Porque no os hemos dado a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo siguiendo fábulas artificiosas, sino como habiendo visto con nuestros propios ojos su majestad. Pues cuando él recibió de Dios Padre honra y gloria, le fue enviada desde la magnífica gloria una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en el cual tengo complacencia (2 Pedro 1:16-18). Aquellos que fueron testigos de la transfiguración, fueron testigos a los otros discípulos y a millones de personas a través de los siglos.


Monday, June 2, 2014

Plan de Lectura Bíblica Semanal: Junio 1-8, 2014


Atrévete a Tomar la Cruz

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.  (Mateo 16:24)

Llevar la cruz de Cristo es el más llamativo de los retos cristianos ya que encierra en ello el sacrificio de seguir a cualquier costo a Jesucristo. Tomar la cruz no es tan simple como ser miembro de una iglesia o asistir los domingos al culto; es más que eso, es aceptar el desafío de Dios a una vida santa, consagrada y dispuesta a servir al Señor a pesar de las circunstancias que nos rodean. En la época de Jesús tomar la cruz tuvo un significado muy diferente, era simplemente llevar un madero sobre si para ser crucificado hasta morir. Nuestro Señor enriqueció es-te significado dándole otra trascendencia. Significa que llevar la cruz conlleva hacer un sacrificio vivo (Romanos 12:1); de manera que, nuestra cruz hoy sería una vida de obediencia a Dios.

Cuando Pedro intentó convencer al Señor para que no tomara la cruz y le habló de autocompasión, Jesús rechazó su petición de una manera brusca diciéndole: ¡Quítate de delante de mí, Satanás! (Mateo 16:23). Pedro siendo un discípulo del Señor era tropiezo para los planes de Dios a través de Cristo. Si te atreves a llevar la cruz, tienes que poner la mira en las cosas de arriba y no en el mundo. En cuanto al significado de llevar la cruz, podemos ver la diferencia en distintas épocas históricas de la iglesia: Muchos creyentes de la iglesia primitiva murieron por su fe; más tarde, en la figura de grandes reformadores como Martín Lutero, Juan Calvino, Huldreich Zwinglio, John Knox y otros reformadores que tuvieron que luchar en la época medioeval contra una iglesia anquilosada en la fe y desfigurada por las tradiciones humanas. Pero hoy nos adentramos en una etapa en la cual el cristianismo vive un evangelio blando, tranquilo, un evangelio sin sustancia, donde se busca la comodidad y la exaltación del hombre más que otra cosa.

Atrévete a tomar la cruz porque es el único modo en que la iglesia de Jesucristo cumplirá su misión; de otra manera será piedra de tropiezo para el avance del evangelio. Negarse a sí mismo significa dejar que Cristo sea el centro de nuestra vida (Gálatas 2:20); cuando esto ocurra, no será una pena tomar la cruz sino motivo de gloria (Gálatas 6:14; Jeremías 9:24). Tomar la cruz no nos exime de dolores y males aquí en la tierra; sin embargo, la mayor satisfacción ocurre cuando servimos a nuestro Dios. No podemos olvidar que el mayor dolor del hombre es su pecado; pero tenemos el bálsamo santo que es la sangre de Jesucristo que nos limpia de todo pecado (1 Juan 1:9). En nuestro andar diario nuestros pecados se oponen a que llevemos la cruz; pero es necesario que cada día la llevemos (Lucas 9:23).


Monday, May 5, 2014

Plan de Lectura Bíblica, 4-11 Mayo 2014


De La Mesa De Su Señor

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Y ella dijo: Sí,  Señor;  pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. ~Mateo 15:27

Después de tantos milagros y trabajo Jesús quería apartarse a un lugar tranquilo con sus apóstoles; por eso fue a la región de Tiro y Sidón, de manera que, dejó Israel para ir a un lugar donde habitaban gentiles. En el evangelio de Marcos 7:24 se nos dice que Jesús no quería que nadie supiese que estaba allí. Sin embargo la gente de Tiro y Sidón habían oído de Él y muchos vinieron a que les sanara (Marcos 3:8). Es probable que muchas de estas personas hayan creído en Él. La Palabra de Dios nos dice en Mateo 11:21 que si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que hizo en Israel, se hubieran arrepentido mucho antes que ellos.

Aparece en la escena una mujer sirofenicia, de ascendencia griega. Ella era una mujer gentil, como los habitantes de Tiro y Sidón. Eran idólatras y por eso no se llevaban muy bien con los judíos. El nombre de esta mujer, el de su marido y el de su hija no lo sabemos; pero se veía en ella a una madre afligida por tener una hija poseída por un demonio. Parece que sabía algo acerca de Jesús por la manera como se dirigió a Él — lo llamó como los judíos lo llamarían porque le llamó ‘Señor, Hijo de David’. Esta palabra ‘Señor’ significa amo, dueño. ‘Hijo de David’ era la expresión judía con la cual llamarían al Mesías (Mateo 15:22). La fama de Jesús había llegado hasta esa tierra pagana, y esta mujer cananea había escuchado que Jesucristo era el Mesías que el pueblo de Israel esperaba. Aquella mujer en su desesperación daba gritos; pero el Señor no le respondía. Así que, la mujer siguió dando gritos para ser escuchada. Por eso los discípulos le pidieron al Señor que la despidiera para que dejara de dar gritos (Mateo 15:23). Los discípulos no le pidieron a Jesús que contestara su petición, sino que la despidiera. Cuando al fin el Señor le responde, lo hace de una manera que para nosotros aquí en occidente es ofensivo; pero lejos estaba Jesús de ofenderla. Aun así, ella se postró delante del Señor pidiendo que la socorriera (Mateo 15:25). Tuvo una respuesta sorprendente de parte del Señor: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. A lo cual ella respondió: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos.

La misión del Señor era que toda la tierra de Israel se saciara de la fe y la Palabra de Dios (Mateo 15:24). Al decir esto delante de sus discípulos les estaba dando una enseñanza. ¿Cómo voy a dar de comer a los perrillos antes que a mis hijos? (Marcos 7:28) Este pan primero es para los de mi pueblo que aunque están hambrientos, no quieren comer en la mesa de su Señor. Es tan grande el Señor que aun las migajas que caen de su mesa saciarán a todos los que de ellas quieran comer. A aquella mujer, como al centurión romano (Mateo 8:5–13), le fue reconocida públicamente la grandeza de su fe y su hija fue sanada en aquella hora (Mateo 15:28).

El hecho es que Dios llamó a un pueblo, Israel, para llevar el mensaje de salvación al mundo y envió a su Hijo en una misión final para que este pueblo se arrepintiera, y no lo hicieron. En estos tiempos el pueblo gentil está desarrollando la misión del pueblo de Israel a través de la iglesia. Millones de hombre y mujeres comen de la mesa de su Señor y sobras abundantes bendiciones espirituales para todos los que se acerquen con fe a Él.