Tuesday, September 30, 2014

Preparándonos para la Buena Obra

Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.  ~2 Timoteo 3:16–17
La preocupación de la mayoría de los padres es que sus hijos se preparen para la vida; para ello hacen grandes esfuerzos para enseñarlos desde la niñez hasta la adultez. Es prioritaria la educación si queremos que nuestros hijos alcancen sus metas. Lo mismo pasa con la educación religiosa (Mateo 7:11). En sí misma ella no salva; pero enseña el camino a seguir y orienta al creyente para que alcance las metas de Dios para su vida (Deuteronomio 6:4–9; Proverbios 1:7; 2 Timoteo 1:5). A esta educación religiosa la llamamos más específicamente Educación Cristiana ya que nos orienta a una relación con Cristo y la Palabra de Dios en contraste con otras religiones o escritos religiosos (Santiago 1:5).
La Educación Cristiana es importante para la vida, la salud espiritual, moral, mental y física del creyente (Santiago 3:17; Mateo 7:24). La Educación Cristiana nos enfoca en la voluntad de Dios y nos provee de herramientas para la vida que de otra manera serían difíciles, sino imposibles de obtener. Esta educación Cristiana la obtenemos a través del conocimiento de la Palabra de Dios, el ejemplo de otros creyentes, y en la práctica de los valores y principios bíblicos (2 Timoteo 3:10, 14, 15).
La Palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos. Viva porque está vigente, no ha dejado de tener validez en el mundo a pesar de que el hombre asegura que sus conocimientos científicos tienen o tendrán la respuesta absoluta a sus males; eficaz porque es lo que el hombre necesita y al aplicarla en su vida tiene resultados eternos; y más cortan-te que toda espada de dos filos porque éstas pueden penetran en el cuerpo humano y romper más músculos, tendones y huesos; pero la Palabra de Dios puede penetrar en el corazón y la mente que es un lugar inaccesible. A pesar de todos los esfuerzos humanos el hombre no puede transformar la mente y el corazón, y mucho menos salvar; sin embargo, la Palabra de Dios alcanza el fuerte más defendido e inalcanzable del hombre: sus pensamientos e intenciones, su pecado, su voluntad. Ninguna otra palabra, por más sabia que sea, puede llegar a la puerta sin llave del corazón.

El apóstol Pablo al escribirle a un pastor joven llamado Timoteo le orientaba a usar la Palabra de Dios para enseñar, corregir, redargüir e instruir (2 Timoteo 3:16-17). Solo ella puede llegar a la mente y al corazón eficazmente y hacer los cambios necesarios para nuestro bien. Esto es de esperarse porque es la Palabra de Dios y la base de la Educación Cristiana. Así que no perdamos tiempo y preparémonos para la buena obra de Dios a través del conocimiento de Su Palabra (Filipenses 1:6), entrenémonos en el cumplimiento de Su voluntad (Romanos 12:2) y usemos la autoridad que Él nos dio para la tarea que nos ha encomendado (Mateo 28:18–20).

Wednesday, July 16, 2014

¡Joven, Dios Quiere Usarte!

Por: Pastor Carlos Goyanes

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. 1Timoteo 4:12

Estas palabras fueron escritas por el apóstol Pablo a un joven pastor llamado Timoteo en una época en que la experiencia y la sabiduría, según la creencia popular, estaban reservadas para las personas ancianas. Sin embargo, Pablo exhorta a Timoteo diciéndole que nadie le tuviera en poco ya que con su llamado Dios le daría lo que él necesitaba para su ministerio. La parte que Timoteo debía observar es su testimonio personal que lo movería a ser ejemplo de los creyentes en su conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

La juventud nunca es un impedimento para servir a Dios, es un tesoro que Dios nos ha dado por un tiempo y tenemos que aprovecharlo (Eclesiastés 12:1). Ser ejemplo significa ser un modelo a seguir, un patrón, un tipo de Cristo. Hoy la juventud sigue modelos falsos y figuras vanas; pero el Señor le dice a la juventud cristiana que ellos sean los modelos a seguir para que nadie los tenga en poco. Dios aprecia todas las etapas de la vida y las usa para el engrandecimiento de su reino. La juventud es una etapa donde hay vigor, destreza y salud; Dios quiere que tú le entregues tu juventud a Él. Dios quiere usarte como usó a él joven Daniel que firmemente rechazó contaminarse con la comida del rey (Daniel 1:8) o a José que rechazó la oferta sexual de la esposa de Potifar (Génesis 39:7-9).

Dios quiere una juventud que se distinga como una influencia poderosa en este mundo a través de sus palabras, su conducta intachable, que refleja el amor de Dios con un espíritu de humildad y reverencia, con una fe poderosa y con una vida cargada de pureza para que nadie les tenga en poco. Servir al Señor en su iglesia y trabajando en la comunidad que la rodea de una manera íntegra es lo que les otorga el respeto. Jóvenes, ustedes son siervos de Dios y nadie los menospreciará si están trabajando bajo la orientación de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo.

Wednesday, July 2, 2014

Revestíos de Humildad

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

“Estando ellos en Galilea,  Jesús les dijo: El Hijo del Hombre será entregado en manos de hombres, y le matarán;  mas al tercer día resucitará.”  Mateo 17:22, 23

La humildad es un requisito fundamental para la obediencia. Jesús nuevamente dijo a sus discípulos que iba a ser entregado en manos de hombre, que moriría y al tercer día iba a resucitar (Mateo 17:2,23). Desde que Dios hizo un plan para la salvación del hombre y fue designado el papel que el Hijo de Dios asumiría, El con gozo se comprometió (Hebreos 12:2). De líder celestial pasó a ser siervo obediente.

I. Revertirse de humildad es dejar que Dios lidere nuestras vidas.
Tenemos que pensar y mantener vivo en nuestras vidas que Dios tiene un proyecto para nosotros. Al aceptar a Jesucristo como nuestro Salvador y Señor hemos aceptado la responsabilidad del plan de Dios en nosotros. Por eso es bueno que recordemos, como Jesús, nuestra misión para que estemos preparados para el momento que Dios nos necesite. Tenemos que tomar el proyecto de Dios en serio. No se trata de sentimientos que vuelan con el viento sino de convicciones que nos aferran a la verdad y nos mueven a obrar. Los judíos de la época de Jesús y quizás los de hoy también, ignoran los sufrimientos del Mesías porque no han estudiado la Palabra de Dios para que Dios les revele su voluntad, sino que viven de sus propias interpretaciones, lejos de lo que Dios realmente quiere para ellos. Muchos creyentes ignoran que la verdadera relación con Dios no está solo en leer la Biblia, orar y asistir a los cultos como oyentes. La verdadera relación con Dios está en involucrarnos en su voluntad, no ser solamente oidores, sino hacedores de la Palabra (Santiago 1:22).

Cuando nos entregamos a Jesucristo, y le aceptamos como nuestro Salvador y Señor, hemos establecido un compromiso, un pacto recíproco y a la vez el Señor Jesucristo nos reconcilia con Dios el Creador, de modo que tenemos que asirnos a Él, para servir y hacer su voluntad con la asistencia del Espíritu Santo que ahora vive en nosotros. 

II. Paga lo que prometiste (Jonás 2:9)

Jonás pronunció estas palabras cuando estaba en angustia. Estaba dentro de un pez aprisionado por su desobediencia a Dios. Desde su calabozo, en las profundidades del mar, clamó a Dios y Dios lo oyó. La obediencia es un dulce sonido a los oídos de Dios. El Señor pagó nuestra deuda; pero nosotros nos comprometimos con su obra. Él estaba exento de pagar porque Él era el dueño del templo, sin embargo, pagó (Mateo 17:22-27). Cristo no estaba bajo ninguna obligación de pagar. De la misma manera, no tenía que ser bautizado porque no tenía que ser lavado de sus pecados ya que era el Cordero de Dios; sin embargo, lo hizo para no ofender. No todos entendieron su misión, que era humillarse para salvarnos. Ahora nos toca a nosotros humillarnos delante de Dios para ayudar a salvar a otros. Nuestra rebelión limita la manifestación de la voluntad de Dios en nosotros.