Tuesday, September 30, 2014

Hasta que la Muerte los Separe

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Así que no son ya más dos,  sino una sola carne;  por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre. Mateo 19:6

¿Sabes cuál es la unidad más pequeña de la sociedad? Sin duda alguna es la familia. De ella dependen la iglesia, la sociedad, la nación y el mundo en que vivimos. De las instituciones que Dios proporcionó, la familia fue la primera y esta ha sido de gran beneficio para el hombre. Antes de que el pecado entrara en el mundo ya Dios había formado esta entidad  que se compone del hombre, la mujer y los frutos de esta unión a través del matrimonio. La familia como tal fue hecha por Dios con el fin de canalizar sus propósitos a través de ella. Esto denota que el matrimonio es una institución divina que debe desarrollarse en santidad (Hebreos 13:4). Un matrimonio conforme al propósito de Dios es bendecido desde el día en que se establece (Génesis 2:18, 20, 24). Apegarse a las demandas de Dios garantiza una bendición especial de parte de Él y augura un buen futuro para los cónyuges.

Desvalorar esta institución y rebajarla a una simple relación que puede ser rota a nuestro antojo es menospreciar el plan de Dios para nosotros. “Hasta que la muerte los separe” — seguramente has oído esta frase tan célebre en las en las ceremonias de bodas; pero la realidad es otra. El mundo en que hoy vivimos rehúsa el compromiso y la lealtad en pos de la satisfacción personal sin sacrificios. ¿Quién dijo que era fácil? Dios no. Los sicólogos le han dado la vuelta al asunto y han llegado a ciertas conclusiones por las cuales la gente se divorcia y los matrimonios no duran. Entre estas causas están el origen sociocultural, el nivel educativo, la edad en la que se hayan comprometido, cuestiones económicas, incompatibilidad de caracteres, etc. Lo cierto es que hace algunos años atrás no había tantos divorcios como hoy. Una de las razones es que no hay temor de Dios, y otra, entre muchas más, es que todo el mundo quiere ser tan independiente que ya no necesita del otro; pero al final Dios nos creó para ser interdependientes. Hemos aprendido a depender más de nosotros que de Dios.

La Palabra de Dios es clara y enfática al respecto. El mismo Jesús enseñó que el matrimonio no debe ser disuelto excepto por causa de fornicación (Mateo 19:9) porque Dios aborrece el divorcio (Malaquías 2:16). Tenemos que volver a las sendas antiguas (Jeremías 6:16), a los principios básicos de la fe cristiana. La iglesia tiene como misión predicar una doctrina bíblica sana y sin mezcla de errores. Los dos serán una sola carne significa que son indivisibles porque lo que Dios juntó el hombre no lo debe separar (Mateo 19:6). Este pasaje de Mateo 19:3–9 es una clara defensa de la mujer de aquellos tiempos que quedaba desamparada económicamente y deshonrada tras el repudio “legal” de su esposo que por cualquier causa podía despedirla porque tenía el poder para ello. Por otro lado, la mujer se sometía al hombre bajo la amenaza de divorcio que era una sentencia de desamparo. Así que el sometimiento no era por amor, sino forzado. Esta fue una de las causas por las que Jesús negó el divorcio aparte de que rompía con el plan maestro de Dios. Dios no se equivoca, nosotros sí. El pecado nubla el pensamiento y la deslealtad cauteriza la conciencia de aquellos que deciden desobedecer a Dios. 

Preparándonos para la Buena Obra

Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.  ~2 Timoteo 3:16–17
La preocupación de la mayoría de los padres es que sus hijos se preparen para la vida; para ello hacen grandes esfuerzos para enseñarlos desde la niñez hasta la adultez. Es prioritaria la educación si queremos que nuestros hijos alcancen sus metas. Lo mismo pasa con la educación religiosa (Mateo 7:11). En sí misma ella no salva; pero enseña el camino a seguir y orienta al creyente para que alcance las metas de Dios para su vida (Deuteronomio 6:4–9; Proverbios 1:7; 2 Timoteo 1:5). A esta educación religiosa la llamamos más específicamente Educación Cristiana ya que nos orienta a una relación con Cristo y la Palabra de Dios en contraste con otras religiones o escritos religiosos (Santiago 1:5).
La Educación Cristiana es importante para la vida, la salud espiritual, moral, mental y física del creyente (Santiago 3:17; Mateo 7:24). La Educación Cristiana nos enfoca en la voluntad de Dios y nos provee de herramientas para la vida que de otra manera serían difíciles, sino imposibles de obtener. Esta educación Cristiana la obtenemos a través del conocimiento de la Palabra de Dios, el ejemplo de otros creyentes, y en la práctica de los valores y principios bíblicos (2 Timoteo 3:10, 14, 15).
La Palabra de Dios es viva, eficaz y más cortante que cualquier espada de dos filos. Viva porque está vigente, no ha dejado de tener validez en el mundo a pesar de que el hombre asegura que sus conocimientos científicos tienen o tendrán la respuesta absoluta a sus males; eficaz porque es lo que el hombre necesita y al aplicarla en su vida tiene resultados eternos; y más cortan-te que toda espada de dos filos porque éstas pueden penetran en el cuerpo humano y romper más músculos, tendones y huesos; pero la Palabra de Dios puede penetrar en el corazón y la mente que es un lugar inaccesible. A pesar de todos los esfuerzos humanos el hombre no puede transformar la mente y el corazón, y mucho menos salvar; sin embargo, la Palabra de Dios alcanza el fuerte más defendido e inalcanzable del hombre: sus pensamientos e intenciones, su pecado, su voluntad. Ninguna otra palabra, por más sabia que sea, puede llegar a la puerta sin llave del corazón.

El apóstol Pablo al escribirle a un pastor joven llamado Timoteo le orientaba a usar la Palabra de Dios para enseñar, corregir, redargüir e instruir (2 Timoteo 3:16-17). Solo ella puede llegar a la mente y al corazón eficazmente y hacer los cambios necesarios para nuestro bien. Esto es de esperarse porque es la Palabra de Dios y la base de la Educación Cristiana. Así que no perdamos tiempo y preparémonos para la buena obra de Dios a través del conocimiento de Su Palabra (Filipenses 1:6), entrenémonos en el cumplimiento de Su voluntad (Romanos 12:2) y usemos la autoridad que Él nos dio para la tarea que nos ha encomendado (Mateo 28:18–20).

Wednesday, July 16, 2014

¡Joven, Dios Quiere Usarte!

Por: Pastor Carlos Goyanes

Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. 1Timoteo 4:12

Estas palabras fueron escritas por el apóstol Pablo a un joven pastor llamado Timoteo en una época en que la experiencia y la sabiduría, según la creencia popular, estaban reservadas para las personas ancianas. Sin embargo, Pablo exhorta a Timoteo diciéndole que nadie le tuviera en poco ya que con su llamado Dios le daría lo que él necesitaba para su ministerio. La parte que Timoteo debía observar es su testimonio personal que lo movería a ser ejemplo de los creyentes en su conducta, amor, espíritu, fe y pureza.

La juventud nunca es un impedimento para servir a Dios, es un tesoro que Dios nos ha dado por un tiempo y tenemos que aprovecharlo (Eclesiastés 12:1). Ser ejemplo significa ser un modelo a seguir, un patrón, un tipo de Cristo. Hoy la juventud sigue modelos falsos y figuras vanas; pero el Señor le dice a la juventud cristiana que ellos sean los modelos a seguir para que nadie los tenga en poco. Dios aprecia todas las etapas de la vida y las usa para el engrandecimiento de su reino. La juventud es una etapa donde hay vigor, destreza y salud; Dios quiere que tú le entregues tu juventud a Él. Dios quiere usarte como usó a él joven Daniel que firmemente rechazó contaminarse con la comida del rey (Daniel 1:8) o a José que rechazó la oferta sexual de la esposa de Potifar (Génesis 39:7-9).

Dios quiere una juventud que se distinga como una influencia poderosa en este mundo a través de sus palabras, su conducta intachable, que refleja el amor de Dios con un espíritu de humildad y reverencia, con una fe poderosa y con una vida cargada de pureza para que nadie les tenga en poco. Servir al Señor en su iglesia y trabajando en la comunidad que la rodea de una manera íntegra es lo que les otorga el respeto. Jóvenes, ustedes son siervos de Dios y nadie los menospreciará si están trabajando bajo la orientación de la Palabra de Dios y del Espíritu Santo.