Wednesday, December 10, 2014

¿Qué Ves En Jesús?

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.   ~Mateo 21:10–11
Jesús habiendo entrado en Jerusalén se encontró con una gran multitud que lo aclamaba como profeta. Podemos tener tres visiones acerca de Jesús. Puedes verlo como un hombre, puedes verlo como un profeta o puedes verlo como el Hijo de Dios.
I.    Puedes Ver A Un Hombre
La visión materialista y de incredulidad hace que el hombre vea en Jesús a un hombre y nada más. A pesar de reconocer sus valores intrínsecos y su adelantado conocimiento con respecto a los de su época, para ellos Jesús no es más que un hombre progresista que superó por mucho a las filosofías, pensamientos e ideologías de su tiempo. Esa visión humanista de Jesús no es mala, pero veta en la mente de muchos la posibilidad de que el Señor sea más que un carpintero. Ciertamente Jesús fue hombre. La Palabra de Dios dice que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y en medio de su humanidad vimos su gloria, como la del único Hijo de Dios (Juan 1:14).
II.  Puedes Ver Un Profeta
La visión religiosa y temporal no permite que muchos vean la luz de Dios, rebaja a Jesús a solo un profeta (Mateo 21:10–11), alguien que viene en nombre de otro, pero sin autoridad propia. Esta es la visión de la mayoría de la gente en este mundo, incluyendo algunos “cristianos”. Ellos veían a un profeta que venía en nombre de Dios a librarlos de sus problemas temporales. Los creyentes supersticiosos ven en Jesús un amuleto de la suerte para esta vida, sin embargo, hay mucho más en El….
III. Puedes Ver Al Hijo De Dios
Esta es la visión de la iglesia que ve en Jesús a alguien que es más que un profeta (Juan 10:30–36). Todos en su época conocieron a Jesús; pero más que un hombre, un profeta o un líder libertador era el Hijo de Dios. En el año 325 en Nicea (Iznik), una ciudad del Asia Menor, actualmente Turquía, se celebró lo que conocemos hoy como el Primer Concilio de Nicea (20 de mayo al 25 julio del 325 D.C.). Allí se discutió la divinidad y la humanidad de Cristo. El presbítero Arrio y el obispo Eusebio de Nicomedia plantearon que Cristo había sido creado por Dios y que por lo tanto no era Dios; sin embargo, Alejandro, obispo de Alejandría, y Atanasio, su sucesor, defendieron la tesis de que Cristo tenía dos naturalezas, la humana y la divina; era perfectamente hombre y perfectamente Dios. Las evidencias bíblicas demostraron que Jesús se hizo hombre y que fue perfectamente hombre (1 Timoteo 2:5); pero también perfectamente Dios (Juan 1:1). Cristo revela no solo lo que es Dios, sino también lo que es el hombre. La imagen perfecta del hombre nos es revelada en Jesús encarnado y nos muestra el estado prístino del hombre sin pecado, aquel que Dios creó en el principio en contraste con nuestra naturaleza actual y caída. Dios se hizo hombre pero no dejó de ser Dios por ello. Por encima de los concilios y las opiniones de los hombres es claro y legítimo el testimonio de Jesucristo de que Él es Dios (Mateo 16:14–20; Juan 4:25–26, Juan 14:6; Hebreos 1:8).
¿Acaso Jesús fue solo un gran hombre de la historia de la humanidad? Eso es un hecho; pero fue más que eso porque dominó la naturaleza cuando calmó la tempestad, caminó sobre las aguas, perdonó pecados, sanó enfermos, levantó a personas de la muerte y Él mismo resucitó. Él es único porque es el único Dios, el único mediador, y el único Salvador. Solo Dios puede hacer estas cosas.


¡Quiero Que Abras Mis Ojos!

Por: Pastor Carlos Goyanes

Y deteniéndose Jesús, los llamó, y les dijo: ¿Qué queréis que os haga? Ellos le dijeron: Señor, que sean abiertos nuestros ojos.   ~Mateo 20:32–33
Cristóbal Colón no descubrió a América. Ya había aquí descendientes de los polinesios en América del Sur y los vikingos habían llegado en la persona del Noruego Erick el Rojo al Norte de Canadá mucho tiempo antes. Ahora para nadie es nuevo ningún lugar en el mundo porque podemos viajar, ver a través de la televisión o bus-car en internet cualquier lugar en esta tierra. Sin embargo, todavía hay algo por descubrir.
Tú puedes hacer el descubrimiento más grande de tu historia, y para cada persona será el descubrimiento más grande que pudiera hacer: es descubrir la Gracia de Dios. Esta gracia la encontramos cuando comenzamos a vestirnos de Cristo, cuando cambiamos nuestro elegante sombrero de conocimientos humanos por el yelmo de la salvación, nuestro fuerte traje de convicciones por el poderoso escudo de la fe, nuestra arma de defensa de argumentos vacíos por la Espada del Espíritu que es la Palabra de Dios y nuestro orgullo, que es el cinto que sustenta todas nuestras creencias, por el cinturón de la verdad que es Jesucristo (Efesios 6:10–17). Todo nuestro ropaje se desgarra con el tiempo, envejece con nosotros a medida que cambian las teorías y convicciones humanas, ya sea por la ciencia o por nuestras propias experiencias; pero cuando nos revestimos de Cristo, cada día nos renovamos más y más. ¿Qué pueden hacer nuestros ojos si están ciegos?
1.   Tenemos que darnos cuenta que estamos ciegos (Mateo 20:29–30).
En nuestra juventud gozamos generalmente de buena salud, nuestra vista es fuerte y parece que esto no va a cambiar nunca; pero cuando los años nos alcanzan nuestra visión se va desgastando y necesitamos lentes. De igual manera, a nuestro juicio, nos parece que lo hemos visto todo, pero necesitamos que Dios abra nuestros ojos a través de la presencia de Cristo (Salmo 119:18). ¡Cuántas cosas vedadas a nuestros ojos carnales son reveladas a nosotros después de haber conocido a Cristo! Ahora gozamos de una visión más amplia porque vemos espiritualmente.
2.   Tenemos que desear que el Señor nos abra los ojos para así disfrutar de su gracia (Mateo 20: 32–33).
Estos ciegos deseaban ver y lo lograron porque vinieron a la persona correcta. Su humildad los hizo soportar las impertinencias de la gente que les reprendían para que se callasen. Fue solo por la gracia del Señor que vieron. Ellos querían que sus ojos fueran abiertos. Es el deseo de cada ser humano tener salud; pero ella depende de Dios. Los médicos humanos recetan medicinas para aliviar nuestros dolores temporales en contraste con el Señor que tiene no solo una receta para nuestros males temporales, sino también para los eternos.
3.   Nuestra vista se recuperará en la medida en que creamos y obedezcamos a Cristo (Mateo 20:30, 31, 34).
Los ciegos no cesaron de clamar al Señor por sanidad. Insistieron hasta que el Señor atendió a su petición. Una vida de insistencia espiritual y de oración puede lograr que el Señor atienda a nuestros ruegos. Él no necesita saber cómo somos ni en qué condición estamos, ya Él lo sabe; pero nosotros sí necesitamos conocernos a nosotros mismos y en busca de Dios descubrimos nuestras debilidades, nos humillamos ante Él y nos ponemos en sus manos. De esa manera las bendiciones y los milagros se efectúan en cada uno de nosotros. La iglesia no puede abrir los ojos a los ciegos, solo puede guiarlos; pero sí puede rogar como Eliseo para que le abra los ojos a los que viven en tinieblas (2 Reyes 6:17).


Friday, November 14, 2014

Plan de Lectura Bíblica: Noviembre 16-23, 2014


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.  ~Mateo 20:26–28

El servicio es un don inestimable de Dios porque sustenta todas las obras de la iglesia. Este servicio no es para que nadie se haga grande, sino para procurar el avance de la obra de Dios en la tierra que debe ser la prioridad de la iglesia. Cuando se trata de recibir privilegios, muchos creyentes están dispuestos a ser candidatos; pero si se trata de servicio no hay muchos aspirantes. Si comprendiera cada creyente que en el servicio está la grandeza del hijo de Dios (Mateo 20:26) el Reino se extendería con mayor rapidez. El Señor Jesús se destacó más por su servicio que por sus milagros y Él mismo lo expresó al decir: “…como el hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos” (Mateo 20:28). El cristiano más digno es el que sirve a su Señor en el servicio a otros poniéndose en la escala más alta con la que Dios mide nuestra fe. Cuando servimos obedecemos a Dios, no así los gobernantes de este mundo que creen ser grandes por sus cargos y autoridad sobre otros (Mateo 20:25). Rotundamente nuestro Señor Jesucristo nos aclaró que no puede ser así entre nosotros, sino que, “…el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será el servidor de todos” (Marcos 10:43).

Quien desprecia el servicio está despreciando el ministerio de Cristo. En estos días en que vivimos estamos careciendo de siervos porque muchos cristianos están ocupados solamente en sus propios intereses. Ser como Cristo no se logra con palabras solamente, sino con un espíritu de servicio que es la mayor señal de grandeza espiritual. Este es el sentir de Cristo y el deseo de Dios para nuestras vidas (Filipenses 2:5–8). Si queremos ser benefactores de los necesitados tenemos que ofrecernos con un espíritu de servicio humilde que es el mayor sacrificio, este es el sacrificio vivo que menciona el apóstol Pablo en Romanos 12:1. Bendice a Dios de esta manera y no olvides sus beneficios (Salmo 103:2). El mayor ejemplo lo encontramos en nuestro Señor que no usó su posición elevada, sino que nos dio de su gracia por amor (2 Corintios 8:9). Si el siendo el Señor vino a servir, nosotros debemos imitar su ejemplo (Juan 13:13-15).

No dejes que el mundo te avergüence con sus conceptos equivocados acerca del servicio. Para lo que no son hijos de Dios, servir es lo más bajo de sus escala de valores porque ellos viven en arrogancia y alardean de su poder; pero su vanidad los consume como el fuego a la brizna de la hierba. Ellos creen que tienen que ser servidos y que no tienen que servir a nadie; piensan que servir a otros es rebajarse y perder su dignidad. Su errónea filosofía los aleja de Dios porque no entienden que el servicio dignifica, aunque a los ojos de los demás parezca que el que sirve sea menor al que es servido. Dios te está llamando a su servicio y no hay escusas suficientes para que rechaces su llamado. Si Él te llama es porque te va a capacitar y te va a dar las herramientas necesarias para la tarea que te ha encomendado. Dios sabe que no eres perfecto y aun así te está llamando. Queda de tu parte estar dispuesto a obedecer, a estar disponible para el momento que hagas falta (2 Timoteo 2:21). Servir en la obra de Dios es un privilegio y una oportunidad de demostrar tu fidelidad al Señor. Hazlo mientras te queden fuerzas (Eclesiastés 12:1).

Los Últimos Serán los Primeros y los Primeros Últimos

Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos. Mateo 20:16

Dios ha clasificado a los seres humanos en dos tipos: los llamados y los escogidos. Los llamados son todos, la humanidad completa; pero los escogidos son los que obedecen hasta el fin a su Salvador. Los que se niegan a hacer la voluntad de Dios son los que asumen ser discípulos; pero le rechazan a causa de sus actos. No todo el que le diga Señor irá al cielo (Mateo 7:21). Muchos creen en Dios; pero su fe, sus conceptos y sus motivaciones deben ser revisados profundamente por ellos porque aunque sus caminos le parecen a ellos derechos su fin es de muerte (Proverbios 16:25). Hay tantas organizaciones religiosas, grupos y personas en particular que creen ser seguidores de Cristo y escogidos de Dios, y que aseveran haber hecho muchas obras en Su nombre; pero el Señor les dirá: Nunca os conocí… (Mateo 7:22, 23). Vivimos en tiempos de confusión religiosa donde muchos afirman ser los primeros; pero ellos serán los postreros (Mateo 20:16). No debe asombrarnos que millones de personas desconfíen de cualquier clase de religión llamada cristiana, porque la imagen de muchos de los “cristianos” de hoy es de un seudo-cristianismo que amenaza con derrumbar la fe de muchos débiles en el Señor.

En el nombre de Jesucristo se han erigido en nuestros días muchas creencias diferentes que ilegítimamente se llaman “cristianas”. Usan el nombre del Señor para solapar filosofías y doctrinas religiosas que nunca fueron enseñadas por el Jesús ni por sus apóstoles (Mateo 7:22, 23). La maldad pone en la clandestinidad todas las buenas obras y declara proscritos a todos aquellos que sí quieren obedecer a Dios. Es entonces que en esta enredadera de religiones a muchos les es difícil encontrar la verdad. La gente antes de ver a Cristo primero ve lo más inmediato de Dios, los creyentes. Sus ojos que aún no pueden ver lo espiritual canalizan a Dios a través de nosotros esperando ver algo de Él; pero muchas veces lo que ven es una imagen tan dañada que no desean mirar en ella. ¿Podrán ellos encontrar la verdad? La Palabra de Dios asegura que sí. Todavía hay millones de personas que no han doblado sus rodilla ante el dios de este siglo y estos son los valientes soldados con los que cuenta el Señor para portar con decoro la Espada del Espíritu que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17).

Dios dará de su gracia a aquellos que le buscan sinceramente y hallándole desean ser parte de los obreros de su viña. Son todos aquellos que cansados del ocio espiritual del pecado pueden ver la luz, la luz de Cristo. Esos son los escogidos, los que entran por la estrecha puerta de la obediencia (Mateo 7:14), porque han encontrado el camino que los lleva a la vida. La acción salvadora de Dios asegura la misma recompensa para los que llegaron antes y para los que han llegado después a conocer a Dios a través de Jesucristo (Mateo 20:1-15). Dios nos ofrece la oportunidad de servirlo, pero la decisiónde hacerlo está en nosotros. Esta decisión no es simple ni algo temporal; así que, debemos mantenernos firmes y perseverar hasta el fin (Mateo 24:13). 

Iglesia Fiel Versus Apostasía

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Por cuanto has guardado la palabra de mi paciencia, yo también te guardaré de la hora de la prueba que ha de venir sobre el mundo entero, para probar a los que moran sobre la tierra.  ~Apocalipsis 3:10

La ciudad de Filadelfia era la más joven entre las ciudades del Asia menor. Destruida por terremotos en varias y muchas veces reconstruida, esta ciudad fue destrozada por un cataclismo en el año 17 D.C. y fue reconstruida por el emperador Tiberio, el cual le dio el nombre de Neocesarea. En esta ciudad había una iglesia cuya principal cualidad era su paciencia frente a las dificultades y frente a la persecución romana. La comunidad cristiana de Filadelfia había sufrido mucho y estaba exhausta por las persecuciones. El Señor Jesús dirige su atención hacia ella y le infunde nuevas fuerzas y valor para continuar en la perseverancia del evangelio (Apocalipsis 3:8). El mundo de la época trataba de ahogar la iglesia de Filadelfia que aunque pequeña había guardado la palabra y no había negado al Señor.

Hoy también se levantan con fuerza los que apostatan de la fe para negar la eficacia de Cristo a través de sus acciones y enseñanzas. Es alarmante la dimensión que está alcanzando la apostasía en estos tiempos, y la Iglesia de Jesucristo está siendo víctima del engaño maligno de Satanás. Se está adormeciendo y no se da cuenta de la situación en la que está el mundo de hoy. Con la algarabía de líderes religiosos que prometen conquistar el mundo, basados de un avivamiento falso, no distinguen las maquinaciones del diablo para corromper a la iglesia.

Un sincretismo religioso se está gestando en un contubernio de la verdad bíblica con prácticas de falsas doctrinas y religiones paganas. La iglesia que agrada a todos y no ofende a nadie es la nueva moda aunque cueste echar a un lado las enseñanzas fundamentales de la Biblia. El mercantilismo religioso con un evangelio falso donde se promete éxito en la vida y prosperidad, que aumenta el ego y la fortuna de algunos, es otro de los peligros actuales. Un evangelio moderno carente de disciplina espiritual y bíblica está llenando las iglesias de hoy con la falsa creencia de que Dios es amor y no importa lo que yo haga. ¿A qué Dios adoran ellos? Porque el Dios de la Biblia es celoso y fuego consumidor. Será una iglesia sin persecuciones porque se parece tanto al mundo que parecen gemelos.

No cabe duda de que la iglesia fiel está frente a la apostasía, de manera que, la Iglesia de Cristo tiene que seguir predicando sin tregua y combatiendo con coraje el mal porque no tenemos lucha contra sangre y carne (Efesios 6:12; Judas 3). La iglesia de hoy tiene que asumir su papel dependiendo de Dios y asida de la verdad bíblica para vivir separada del pecado y ser consecuente con lo que predica (Filipenses 1:27).