Tuesday, January 13, 2015

Casa de Oración Será Llamada

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. ~Mateo 21:13

Una de las metas más sobresalientes de la iglesia es glorificar a Dios aquí en la tierra. Es un gran privilegio para el cristiano dar honra al Señor; pero es necesario que apartemos de nuestra mente las cosas superficiales, vacías, y sin importancia para poder enfocarnos hacia las que son de valor eterno. La iglesia de Jesucristo en su lugar de adoración (el templo) debe prestar atención a las demandas de Dios y a la reverencia (Levítico 26:2). La Palabra de Dios es clara al respecto (Hebreos 12:28). Nuestro Señor Jesús acusó a los religiosos de su tiempo en haber convertido el templo en una cueva de ladrones (Mateo 21:13) ya que allí vendían y compraban, cambiaban dinero (Mateo 21:12), y de esta manera robaban a los necesitados.

El Señor echó fuera a los que vendían y compraban, y volcó las mesas de los cambistas de dinero y las sillas de los que vendían palomas. Los que vendían cobraban de más y los que cambiaban dinero también cometían fraudes. La casa de Dios debe ser conocida por casa de oración y no por un mercado en el cual vengo a satisfacer mis necesidades materiales. Lejos de eso, nuestra satisfacción en la casa de Dios debe ser de índole espiritual. Todo lo que hagamos en el templo que no sea la voluntad de Dios es irreverencia. Así que, “cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras” (Eclesiastés 5:1–2).

Hay tres cosas que debemos guardar cuando vengamos a la casa de Dios:
1.   “Guarda tu pie…” — No llegues tarde y no tengas tanta prisa por irte. Recuerda que solo le das a Dios un poquito de tiempo en la semana. Tómate tu tiempo para Dios. No pongas pretextos para salir del templo a la hora del culto. La Palabra de Dios dice guarda tu pie.

2.   “Acércate más para oír…” —  Significa que debemos estar atentos al mensaje de la Palabra de Dios, al consejo santo que Dios nos da para la semana. Es claro el pasaje que dice …acércate para oír… y no para hablar. Nuestra prioridad en el templo debe ser escuchar a Dios; pero también a los necesitados, a los que vienen con cargas y dolores para que sean ministrados.

3. “No te des prisa con tu boca.” Sé serio en lo que te comprometes delante de Dios porque Dios no pasa por alto lo que le has prometido. Guarda silencio en el templo (Habacuc 2:20); tampoco uses tus labios para mentir o chismear acerca de los hermanos. La exageración también es una mentira. No le pongas ni le quites nada a la realidad. Recuerda que la casa de Dios tiene que ser llamada “casa de oración.”


Thursday, January 8, 2015

Coronadores de Reyes

Por: Pastor Carlos Goyanes

Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle.  Mateo 2:1–2

Los magos eran una tribu sacerdotal por herencia, eran oficiales de alto rango sacerdotal, algo así como los levitas en el pueblo judío. La fama de los magos estaba dada por su sabiduría, la práctica del ocultismo y su conocimiento acerca de los astros. Eran los consejeros de las cortes de Babilonia, Persia y Media y ningún rey ocupaba el trono sin ser instruidos por éstos acerca de la religión y la ley. Ellos aprobaban, reconocían, y coronaban los reyes. Tal era su poder que todos contaban con ellos para los augurios del futuro de la nación y de sus vidas particulares.

También los magos vinieron a Jesús y le reconocieron como Rey. Este era el sello gentil del reconocimiento del Salvador. Si lo reconocían los magos, entonces debía ser aceptado por los paganos. Es interesante que los magos, siendo personas tan distinguidas, viajaran para reconocer a un Rey que nacía en un lugar tan humilde y no en un palacio como los demás reyes. ¿Cómo supieron los magos? En el año 586 A.C. los judíos fueron llevados a Babilonia y enseñaron el advenimiento de un Gran Rey que vendría como Señor de todo y traería esperanza a una nación; el Mesías esperado que habría de nacer. Esta profecía quedó profundamente arraigada en la cultura de estos pueblos mesopotámicos.

El profeta Daniel, un judío que por su sabiduría y revelaciones de Dios fue elevado a un lugar de distinción y constituido jefe de todos los magos, astrólogos, caldeos y adivinos (Daniel 2:48; 5:11), los instruyó acerca de la venida del Rey (Daniel 2:44). Además; después del exilio muchos judíos preponderantes no regresaron, sino que se quedaron y enseñaron las Escrituras a los persas, medos, y babilonios. De manera que, lograron que muchos en estos pueblos temieran a Dios y le buscaran. Por eso Dios les dio una señal, la señal de la estrella, a aquellos magos que buscaron tanto a Dios que le encontraron.

El primer fruto del evangelio a los gentiles fue la conversión de los magos que vinieron de tierras lejanas para poner delante del Rey toda su vida y posesiones. Pero aún más importante, venían a adorarle porque ya habían entregado su corazón a Él. Ellos, con su presencia y reconocimiento, coronaron al Rey que heredaba un reino devastado por el pecado; pero que pondría en orden todas las cosas a través de la ley del amor y la misericordia de Dios. Para ellos fue el suceso más grandioso jamás visto. Una estrella los guio hasta donde estaba el niño y allí, quedos, se postraron y le adoraron.

Monday, December 15, 2014

Casa de Pan

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.  ~Lucas 2:15

Aunque los historiadores y religiosos le han restado importancia a Belén de Judea, la Biblia la ha ensalzado con las profecías sobre ella (Miqueas 5:2; Mateo 2:6). Dos grandes hombres nacieron en Belén, el Rey David y Jesús el Hijo de Dios. No es coincidencia que esta ciudad que llevaba en el pasado el nombre pagano Bit llu Lajama, que significa Casa de la diosa Lajama (alusión encontrada en las cartas de el-Amarna del faraón egipcio Amenhotep IV, también llamado Ajenatón (1350–1330 A.C.), fue cambiado su antiguo topónimo a Betlejem, que significa Casa de Pan ya que los valles de Belén eran fértiles en cereales.

Esta pequeña aldea fue históricamente subestimada y denigrada porque en el siglo XI A.C. vivían allí campesinos y pastores de ovejas. No obstante, este pequeño pueblo siempre fue importante ya que al estar a solo 7 km de Jerusalén se convirtió en una avanzada militar a fin de impedir que el enemigo llegara a la ciudad de Jerusalén, de manera que, allí debieron estar hombres valerosos. Su gloria comenzó a brillar con la visita del gran profeta Samuel que hizo sacrificios allí para engañar al rey Saúl y poder ungir a David, el rey más célebre de Israel (1 Samuel 16:1–13). Siglos después se abrieron las puertas del cielo y nació un niño en la dignidad de una madre devota que dio Ius primae noctis (el derecho de la primera noche) al Señor. El Espíritu Santo vino sobre ella y engendró a Cristo (Mateo 1:18–20; Lucas 1:29–35). Lo que hace grande a Belén es lo que nos ha hecho grandes a nosotros también, y es, el nacimiento de Jesucristo. Nuestra gloria no es nuestra, sino de Él, porque Él ha nacido en nuestros corazones, así que si alguno se gloría, gloríese en el Señor (2 Corintios 10:17). Belén significa Casa de Pan porque allí nació el Pan de Vida que descendió del cielo (Juan 6:47–51). Ningún otro lugar es más recordado que Belén Efrata porque allí se materializó el plan de Dios para la salvación del hombre. La máxima gloria de Belén fue la que trajo uno de sus hijos, Jesús.


Belén Efrata…¿quién se atreverá ahora a llamarte pequeña?, porque de ti salió el guiador de la humanidad (Miqueas 5:2) ¿Quién osará levantar su voz para disminuir tu encanto y gloria? No es justo que hagamos silencio acerca de lo que pasó en Belén. El Señor, que siendo rico se hizo pobre por nosotros, y siendo el Señor de todo nació como niño para entregarse a la humanidad. Sus palabras fueron: Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo 5:3) y…Si no fuereis como niños no entrareis en el reino de los cielos (Mateo 18:3). Tenemos que nacer de nuevo y ser niños en Cristo. Este es el modelo de Dios para la humanidad, el modelo de un niño (Isaías 9:6). Así que, como los pastores, pasemos a Belén para ver lo que ha acontecido y que es lo que el Señor quiere manifestarnos (Lucas 2:15). Busquemos de Cristo el Pan de Vida que descendió del cielo y saciemos nuestras almas.