Tuesday, November 26, 2013

Miembro de la Familia de Dios

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre. ~Mateo 12:50 

El sexto día de la creación fue un día muy importante para nosotros porque fue el día en que Dios creó al hombre y a la mujer dándoles el mandato de multiplicarse para llenar la tierra (Génesis 1:26–31). Así que, desde el momento que Dios creó al hombre y a la mujer, formó la familia; de manera que, todo hombre o mujer fue creado para pertenecer a la familia de Dios. La familia ha sido y será siempre el núcleo de la sociedad, y todos los valores, relaciones y avances sociales parten de la familia.
Cuando la madre y los hermanos de Jesús vinieron a buscarle e interrumpieron su predicación, Jesús respondió: “Mi madre y mis hermanos son los que hacen la voluntad de mi Padre.” Con esto no estaba desconociendo, denigrando o desvalorando a su familia. De hecho, Dios es el hacedor de la familia y en sus planes ésta tiene un gran valor. El Señor estaba hablando de la urgencia de su mensaje y la importancia de pertenecer a la familia que perdura para siempre que es la familia de Dios. Todos los seres humanos pertenecen a una familia terrenal. Tuvieron progenitores y parientes carnales; pero no todos pertenecen a la familia de Dios, sino solo los que hacen la voluntad del Padre.
La causa de la gran ocupación de Jesús era transmitirle a su pueblo la manera por la cual podrían ser parte de la familia de Dios; por-que esta familia que tenemos aquí en la tierra se deshace en unos años con la muerte; pero la familia de Dios durará para siempre. Nunca el Señor rechazó a la familia; aunque sí recalcó el hecho de que es necesario convertirnos en parte de la familia de Dios porque Dios quiere ser nuestro pariente, nuestro Padre Celestial. Los que realmente son de la familia de Cristo, son los que toman en serio la palabra de Dios, escuchan cuidadosamente para entender la voluntad de Dios, y después, luchan intensamente para poner en práctica lo que han oído.
La razón por la cual Dios creó a la primera institución humana (la familia) es la misma por la cual ahora debemos pertenecer a la familia de Dios y esta razón es: pertenecer a Dios y pertenecernos los unos a los otros en una relación de amor recíproco. Mientras la familia terrenal tiene un alcance efímero, por otro lado, la familia de Dios tiene una trascendencia eterna. La familia de Jesús no eran solo su madre y sus hermanos, ni la gente que lo rodeaba; su familia son todos los que escuchan, que conocen e invierten sus vidas en la Palabra de Dios. Los miembros de su familia son todos los “oyen la Palabra y la hacen” (Lucas 8:21).
Cuando los creyentes viven de acuerdo a la Palabra de Dios entonces están viviendo en comunidad cristiana. Esta comunidad tiene que estar basada en el evangelio de Jesucristo y está integrada por los que, juntos, como familia de Dios se aman, se ayudan y se cuidan. Son personas que edifican sus vidas alrededor de escuchar la Palabra de Dios sabiendo que el Espíritu Santo guía sus vidas.

Ahora la familia de Dios tiene un nombre: Iglesia. Dios nos está retando a aceptar nuestra responsabilidad de proteger y promover la unidad de nuestra familia espiritual (Efesios 4:3). Al poner empeño en esto agradaremos a Dios que también es parte de esta familia. No todas las veces es fácil porque a veces tendremos que hacer lo que es mejor para la iglesia y no para nosotros mismos (1 Corintios 10:24). Nuestro yo es quitado y ahora hablamos de lo nuestro, no de lo mío solamente (Hechos 4:32). Eso es ser parte de una familia (Efesios 2:19). 

Friday, November 22, 2013

Una Generación Mala y Adúltera

Por: Pastor Carlos Goyanes

“Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.” 
~Mateo 12:38-39

Generalmente observamos que las personas incrédulas demandan señales, milagros y manifestaciones visibles de las maravillas de Dios; pero tristemente muchos habiéndolas visto se condenan aún más al despreciar la gracia y el amor de Dios. El Señor le dijo al apóstol Tomás: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”  (Juan 20:29). En eso consiste la fe, de manera que, el que le demanda señal a Dios es porque carece de fe. Los que sin ver han creído reciben gran galardón de parte de Dios porque han alcanzado una fe poderosa. Nuestro Dios no está obligado a mostrarnos nada para que nosotros en nuestro orgullo decidamos si creemos en El o no; por el contrario, somos nosotros los que necesitamos de Él.

La Palabra de Dios dice en este pasaje que algunos de los escribas y fariseos le demandaron señal al Señor. Su objetivo era desacreditarlo y tener una ocasión para criticar y condenar a Jesús. Para ello usaron la adulación llamándole “Maestro”, cuando ellos realmente lo consideraban como algo despreciable y problemático. Así es la generación mala y adúltera, es una generación “religiosa” y sin fe, demandante de señales para apoyarse en ellas como trofeos de un Dios poderoso, pero sin convicciones; con una fe sin profundidad porque no han ahondado sus vidas en Dios. Esto ha resultado en la práctica de religión superficial y vacía que no alcanza a satisfacer las demandas espirituales de sus seguidores. Esta es la razón por la cual los seres humanos demandan señal de parte de Dios.

Dios no dará señal a los incrédulos, sino la señal de Jonás. Así como Jonás estuvo tres días en el vientre de aquel gran pez, como muerto y olvidado para después aparecer vivo en Nínive para predicar el mensaje de Dios, uno mayor que el profeta Jonás, Jesucristo, estaría muerto por tres días para después resucitar y aparecer a sus seguidores, dando el mensaje más poderoso jamás dicho con su propia muerte y resurrección para llevarnos a la vida eterna bajo su propia promesa (Juan 14:19c – “porque yo vivo, vosotros también viviréis”).

Los que exigen señales son los que viven en la dimensión de la carne y de las cosas exteriores. Dios busca en el interior, en el corazón del hombre, allí donde sólo El ve, puede entrar y hacer un cambio; pero tú tienes la llave y Él nunca ha forzado ninguna puerta. Dios nos ha dado señal. Los milagros, las visiones y todas las demás señales no aumentarán la fe porque la fe no depende de ellas, sino de un corazón que realmente ame a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Hebreos 11:6 BAD).

Tuesday, November 12, 2013

Cristianos Después de Cristo

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

“Y se congregaron allí todo un año con la iglesia, y enseñaron a mucha gente; y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.” Hechos 11:26

En estos tiempos en que vivimos, y dado al gran desarrollo y crecimiento de la tecnología, el ser humano trata al cristianismo como un lento paquidermo que retrasa la vida de los que lo profesan; pero lo cierto es que desde el comienzo del cristianismo la fe cristiana ha aportado al hombre lo que le ha negado el mundo, todo esto sin contar los grandes aportes del cristianismo a la sociedad.
El cristianismo surge en Israel, en el corazón del pueblo escogido por Dios, para llevar su mensaje. Sin embargo, irónicamente la persecución de los primeros cristianos comenzó con los judíos. La oposición, la persecución y las grandes dificultades sufridas en los primeros años del cristianismo, lejos de eliminarlo, lo fortalecieron, a tal grado que socavó las bases del mismo Imperio Romano. Menos de veinte años después de la muerte de Jesucristo los cristianos se habían enraizado y contaban con comunidades en las grandes ciudades de la época como Colosas, Efeso, Atenas, Filipo, Corinto, Tesalónica y en Roma, capital del Imperio Romano.
Este crecimiento del cristianismo no se debía a la simpatía del Imperio Romano, ya que ellos veían a los cristianos como inferiores, y a sus ideas y pretensiones como algo repulsivo. Los valores y la conducta cristiana les resultaban a los romanos más molestos que la de los judíos, ya que la fe cristiana eliminaba las barreras étnicas, de razas, lenguas, procedencia, sexo, educación y cultura que estaban bien marcadas en esa época y además daba una acogida extraordinaria a la mujer; había preocupación por los débiles y los abandonados que de otro modo eran desechados y marginados por la sociedad romana, la cual no tenía ninguna preocupación por ellos. En esto influyó grandemente el cristianismo del primer siglo en la sociedad. No fue ningún gobierno, ni humanista el que lo hizo, sino la fe de aquellos que fueron capaces de hacer grandes sacrificios para implantar el amor de Dios en un mundo inmoral y sin principios.
Por tres siglos el Imperio Romano persiguió a los cristianos que predicaban la existencia de un Dios al cual le resultaba imposible la discriminación y la opresión de las mujeres, la violencia manifestada en las arenas de los coliseos romanos, la práctica del aborto y los asesinatos de niños; la aprobación de la infidelidad masculina, la deslealtad marital y el abandono de los desamparados entre otros males sociales. Esta fe era diferente, no era solo el hecho de postrarse delante de un dios; era cosa de testimonio verdadero, de vivir una fe genuina, de ser una influencia para otros. Por eso, a pesar de la ferocidad de la persecución romana y sus métodos violentos para destruir al cristianismo, no logró exterminar la nueva fe, ya que esta predicaba un amor que jamás habría nacido en el seno de paganismo (Juliano el Apóstata lo reconoció — llamado así por los cristianos — aunque su nombre era Flavio Claudio Juliano, ya que este hombre renunció al cristianismo y trató de instaurar el paganismo en el imperio romano). Esta fe otorgaba dignidad y sentido de la vida a aquellos a aquellos a los que nadie respetaba.
El cristianismo no es ese lento y enfermo paquidermo al que debemos rechazar, porque aun hoy ofrece las mismas cosas que el hombre se ha negado y ha negado a otros a lo largo de la historia de la humanidad que son el reto del amor de Dios, la igualdad y la dignidad para la vida de todos los seres humanos. Además de la esperanza de vida que el Dios Justo dará a aquellos que aman su venida.

Los que Limitan la Misericordia de Dios

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

“Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres;
mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.” Mateo 12:31

La misericordia de Dios es abundante y puede alcanzar a todos los que se alleguen a Él. No hay límites ni reservas en ella. No es tan simple la misericordia; es un atributo de Dios que no puede confundirse con la llana bondad. La misericordia ruega a la justicia que se haga a un lado; pero no la desecha como instrumento de Dios. Dios es misericordioso y al mismo tiempo justo. Pero los seres humanos confundimos en algunos casos la misericordia con debilidad, con falta de justicia; y a su vez, confundimos la justicia con falta de amor. Esto es porque en nuestra condición de pecado nunca seremos perfectamente misericordiosos ni perfectamente justos; porque no nos alcanza nuestra misericordia y nuestra justicia lo suficientemente como para satisfacer la demanda de ellas.

En este pasaje en particular vemos una acusación de Jesús dirigida hacia los religiosos de la época que viendo la misericordia de Dios la rechazaban y no querían reconocer que venía de Dios. Pero ellos sabían que nadie podía hacer esos milagros y señales si Dios no estaba con El (Juan 3:1, 2). Así lo reconoció uno de los líderes de los fariseos llamado Nicodemo. La mayoría de los judíos eran fariseos y pertenecían a la clase pobre. Todos se confabulaban siguiendo a sus líderes para decir que Jesús echaba los demonios por Beelzebú (Mateo 12:24) y que no venía en nombre de Dios; pero Nicodemo habló por todos ellos al decir “sabemos que has venido de Dios” (Juan 3:2).
Rechazaban abiertamente la obra del Espíritu Santo que era efectuada por la misericordia de Dios. En otras palabras, estaban blasfemando contra el Espíritu y esta blasfemia no les sería perdonada (Mateo 12:31).

Dios en su amor ha hecho todo lo divinamente posible para que el hombre le conozca, sin violar su libre albedrío. Dios no quiere forzar al hombre a creer, pero quiere que todos le conozcan y se arrepientan de sus pecados, porque Él quiere que todos los seres humanos sean salvos. Lo que Dios no tolerará es que conozcan su obra, sepan de Él, disfruten de sus maravillas y le rechacen. Los fariseos tenían conocimiento de Las Escrituras, conocían a Dios y rechazaban la obra del Espíritu Santo. Envanecidos en su falsa religiosidad y enceguecidos por su aparente poder, renegaban de la obra de Dios haciendo partido con sus enseñanzas. Pero se unían a sus enemigos cuando era necesario para luchar contra el Señor. La última y final revelación de Dios es al corazón del hombre, a su interior, a través de la obra del Espíritu Santo; quien la rechace es un blasfemo y no tendrá la oportunidad de salvarse eternamente. Aún más difícil será para aquellos que saben y rechazan (Hebreos 6:4-6). Del árbol bueno, buenos frutos saldrán, porque por el fruto se conoce el árbol (Mateo 12:33). ¡Tengamos frutos dignos de arrepentimiento y no rechacemos en ninguna manera la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas y en las vidas de otros!

Destruyendo el Fuerte del Diablo

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba.  ~Mateo 12:22
Como siempre, los milagros de Jesús atrajeron a mucha gente, de manera que el Señor, humanamente hablando, no podía satisfacer sus necesidades básicas como por ejemplo comer (Marcos 3:20). Hasta su familia terrenal, su madre y sus hermanos vinieron a buscarle porque creían que había perdido el juicio (Marcos 3:21). Aun así, el Señor continuó ministrando a los necesitados. Jesús no se detuvo ante la oposición, la crítica y las amenazas; siguió cumpliendo con su ministerio.
La Palabra de Dios dice que fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo (Mateo 12:22). Fue la obra de Satanás la que dejó a este menesteroso hombre atormentado por un espíritu inmundo, ciego y mudo. La palabra ‘endemoniado’ significa estar poseído por un demonio, actuar bajo el control de un demonio. Los demonios, o espíritus inmundos, que tomaban posesión de la gente les atormentaban y afligían de muchas maneras. En este caso el demonio dejó al hombre ciego y mudo. Pero Jesús hizo un triple milagro: echó fuera el demonio y el hombre pudo ver y hablar. De esta manera Jesús deshizo la obra del diablo. Obró en contra de Satanás (1 Juan 3:8). Dice la Palabra que le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba (Mateo 12:22b). Solo podemos maravillarnos de tales obras y creer que Jesús es el Hijo de Dios (Mateo 12:23). No había otro milagro más impresionante que éste. La gente ‘estaba atónita’ al observarlo, pues era otra demostración clara de la supremacía de Jesús sobre las obras del Diablo que desesperado por la derrota usa a sus agentes para acusar, desmentir, desacreditar la obra de Dios y combatir la influencia de Jesús (Mateo 12:24).
De este pasaje podemos sacar varias enseñanzas:
1. Jesús vino para librarnos. Aquel hombre ciego y mudo estaba en esta condición porque estaba poseído por Satanás. Esta es la condición del hombre sin Dios. Está ciego y por lo tanto no puede hablar de lo que ve. Todavía no entiende las maravillas de Dios y lo que puede hacer en su vida. En cambio, Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lucas 19:10).
2. Todas las fuerzas del mal con su capitán el Diablo se opondrán desesperadamente a la obra del Señor con artimañas, mentiras y falsificaciones de la verdad. Satanás vanamente intenta destruir lo que el Señor ha hecho, pero no puede. Entonces tratará de retrasar la obra. Lanzará sus ataques para engañar, si fuere posible, a los escogidos para que la obra de Dios no avance. A veces él mismo lo hace a través de los demonios, pero otras veces usa a sus agentes humanos.

3. Podemos alcanzar la verdad a pesar de vivir en la mentira. Como dice un proverbio secular “la mentira puede transcurrir un año, pero la verdad se alcanza en un día”. Es grandioso saber que cualquier persona que conozca a Jesucristo ahora, puede deshacer en su nombre las ataduras con las que el Diablo le tenía atado y conocer la verdad que le hará libre (Juan 8:32), no en largos días, sino en ese mismo instante que encuentre al Señor. El vino para vencer y ha vencido, solo tenemos que acogernos a su salvación porque Él dijo y será hecho. Todo esto…si puedes creer, porque al que cree todo le es posible (Marcos 9:23). De esta manera será destruido el fuerte del Diablo (1 Juan 5:4).

De Una Sola Sangre

Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres… ~Hechos 17:26a
En 1492 hubo un acontecimiento que marcó un cambio decisivo en la vida de los habitantes de todo el mundo, y este fue el descubrimiento de América. Un marino genovés llamado Cristóbal Colón, elaboró a mediados del siglo XV un proyecto para buscar nuevas rutas comerciales que los llevaran de forma más rápida a China y Japón, o sea a las Indias, sin tener que rodear por todo el Continente Africano o atravesar por Asia y Oriente.
Casi costándole la vida a su tripulación, y después de 72 días de navegación, el 12 de octubre de 1492, el marinero Rodrigo de Triana divisó Tierra. Este acontecimiento cambió la concepción que se tenía del planeta tierra, que se pensaba era plano, y provocó algo que ni siquiera Colón había imaginado — que fue como se llamó después “la unión de dos mundos.” Este día se celebra hoy como el “Día de las Razas.”
Propiamente dicho, no hay diferentes razas, sino una raza: la humana. Dios hizo a todos los seres humanos de una sola sangre (Hechos 17:26). Los primeros padres de la humanidad fueron Adán y Eva; pero después del diluvio en el que perecieron todos los seres humanos, los sobrevivientes — que fueron Noé, su esposa, sus tres hijos y las esposas de ellos — son los padres de todos los que desde entonces habitan la faz de la tierra. La Escritura distingue a las personas por agrupaciones familiares o nacionales, no a través del color de la piel o por la apariencia física. Es cierto que hay diferencias físicas entre lo que llamamos “razas”; pero no son tan grandes. Aun los evolucionistas concluyen que surgimos de un solo lugar y que todos los humanos descienden de una población común.

La Biblia nos dice que esto ocurrió después del gran diluvio. Por unos pocos siglos, había sólo un idioma y un grupo cultural. Los hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet) dieron origen a lo que llamamos hoy las diferentes razas de los seres humanos, los cuales se dividieron aún más cuando Dios confundió las lenguas en la Torre de Babel, dándoles un margen de elección más pequeño al dividirse en grupos según su lengua y separarse los unos de los otros. Dios los dividió para romper con su maldad y así forzarlos a cumplir con el mandato de llenar la tierra. El hombre no ha entendido que las diferencias que tenemos, genéticamente hablando, son tan pequeñas que no deben constituir una separación entre ellos, sino que nuestras increíbles similitudes deben ser las que nos una en una sola nación. El pecado nos separa, pero Cristo vino a hacer de la humanidad una sola raza porque somos de “una sola sangre.”

Siervo del Señor

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Para que se cumpliera lo anunciado por el profeta Isaías cuando dijo: Mirad a mi siervo, a quien yo elegí; a mi predilecto, en quien se ha complacido mi alma. Sobre él pondré mi espíritu, y él anunciará el derecho a las naciones. No porfiará ni gritará, y nadie oirá su voz en las plazas. La caña cascada no la quebrará, y la mecha humeante no la apagará, hasta que haga triunfar el derecho. ¡Y en su nombre pondrán las naciones su esperanza!  ~Mateo 12:17-21
Mateo menciona con mucho detalle esta cita de Isaías 42:3 para dar crédito al Señor (Mateo 12:17–21), ofreciéndonos de esta forma la manera de entender al Mesías. Jesús es obligado a retirarse, porque los fariseos buscaban su destrucción por causa de las buenas obras que hacía (Mateo 12:14, 15). Ellos usaban malsanamente las leyes religiosas para tratar de tapar la gran obra que Él hacía. Sin embargo, su imagen se aclara a los ojos de sus oyentes a través de esta profecía de Isaías que estaba teniendo cumplimiento en su persona. Su divinidad y sus dotes no son anuladas en ninguna manera por su servicio. Al contrario, Dios es realzado en la persona de Jesucristo mostrando a través de Él su amor y misericordia. Ya no era un Dios que desde el cielo hablaba, ahora era “Dios con nosotros” (Mateo 1:23), un Dios que estaba a nuestro lado para salvar-nos de nuestros pecados (Mateo 1:21). Un Hijo amado en quien se agradaba el alma de Dios (Mateo 12:18)). Coronó su ministerio con el bautizo en el río Jordán y contó con la anuencia del Espíritu Santo (Mateo 3:13–17). Con sus primeras palabras anunció el reino de los cielos (Marcos 1:14–15) otorgándole el derecho divino a entrar a todas las personas que creyeran en Él (Juan 3:16).
Esta profecía de Isaías acerca del Mesías es válida para todos porque fue dirigida a todas las naciones. Mateo como todo judío tenía conocimiento de la vocación del Mesías y de que su radiante ministerio traería luz al mundo (Isaías 9:1–7). Un Siervo que viene a sanar, a curar, a salvar y a arrancar de raíz el pecado. No es un reformador, sino alguien que lo cambia todo, empezando por el corazón y la mente. Viene a enseñar de qué manera el hombre se puede reconciliar con Dios, porque hay tanta obscuridad que ya no pueden ver el camino. Con la humildad que lo caracterizaba tocó con sus manos, con sus palabras y con su mirada a muchos que desde ese momento fueron diferentes. Después de Él, nada fue igual. Su vocación fue consolar al angustiado con delicadeza y misericordia, curar las heridas del alma en pena, alentar el ánimo quebrantado, recibir al pecador (Isaías 61:1–2). Sin porfía ni discusiones, como las tenemos los hombres para encontrar la verdad, trae la paz a los que a Él se allegan. Con una humildad que educaba y un amor que obligaba al más tirano de los hombres a quebrarse, no contendería, no haría escándalos, sencillamente mostraría su divinidad en los milagros que hizo; con sus enseñanzas estimulaba al hombre al amor y la obediencia.

Jesús el Siervo de Dios vino a servir y a dar su vida en rescate por muchos (Mateo 20:28). Siendo Dios mostró con su vida el deseo y la voluntad del Padre (Mateo 6:10). De esta manera otorgó la salvación, que es el derecho que triunfa en los corazones de los que han conocido a Cristo y han puesto en Él su esperanza (Mateo 12:20–21).