Thursday, February 14, 2013

Quiero, Sé Limpio


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. ~Mateo 8:2–3
Jesús había terminado de predicar su gran Sermón del Monte (Mateo 5–7) y ahora estaba rodeado de una gran multitud. La gente lo seguía porque sus enseñanzas eran diferentes a las enseñanzas hipócritas de los líderes religiosos de su época (Mateo 7:28–29). Sus enseñanzas eran superiores a las de los escribas y los fariseos. Un nuevo movimiento religioso se estaba formando basado en las enseñanzas de un verdadero profeta que también era el Hijo de Dios.
Mientras la gente competía por estar cerca de Jesús, algo los separó abruptamente. Era la llegada de un leproso que se acercaba al Señor (Mateo 8:2). Todos huían de la presencia de los leprosos porque estaban contagiados con una enfermedad que podría ser infecciosa. Aunque en nuestros días es raro ver un leproso por-que la lepra casi ha sido erradicada, en aquellos tiempos no existía el amparo de los medicamentos modernos y era necesario que los leprosos estuvieran lejos de la gente que estaba sana. Por eso se habían dictado leyes para ello (Números 5:1–4).
El legalismo judío extremaba las leyes de Dios haciéndolas insoportables al pueblo. De manera que, los leprosos se convertían en víctimas de la crueldad y el desapego de los hermanos de su nación. Todos huyeron, pero Jesús lo esperó. El leproso se postró delante del Señor y le dijo: “Si quieres puedes limpiarme.” Y el Señor les respondió: “Quiero, sé limpio.” La lepra lo dejó al instante (Mateo 8:2–3).
Hay tres enseñanzas que podemos sacar de las palabras de este leproso:
a. Reconoció a su Señor. El hecho de que desafiara toda aquella multitud que lo despreciaba, de que se postrara y dijera: “Señor, puedes limpiarme,” fue suficiente. Demostraba que creía en El.
b. Demostró que estaba bajo su voluntad cuando apeló a ella. Dijo: “Si quieres, puedes limpiarme.” Expresó con sus labios la posibilidad de que si el Señor no quería, no lo limpiaría. Los movimientos modernos evangélicos exigen a Dios una respuesta cuando la realidad es que Dios es soberano y El responderá como Él quiera. Jesús fue ejemplo de esto cuando en Getsemaní dijo al Señor: “…no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
c. Mostró con fe que Dios puede. En sus palabras, “si quieres, puedes limpiarme,” el leproso expuso su fe en el poder de Dios. Los fracasos de la vida cristiana están relacionados con la falta de fe. La fe produce obediencia a la Palabra de Dios. La Biblia dice: “es la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1).
La lepra tiene también un sentido simbólico en la Biblia. Representa la inmundicia del hombre, que es el pecado. No podemos pasar por alto nuestros pecados, porque el no obedecer a Dios enferma el alma y trae consecuencias desastrosas para la vida del hombre. Y la mayor de ellas es la muerte eterna, puesto que las consecuencias del pecado ya garantizaron la muerte física.
Todos los seres humanos estamos en el corazón de Dios, pero no siempre somos conforme a su corazón. Jesús tiene un gran interés en los que sufren, los que viven en la miseria, los que están sin esperanza. Él quiere salvarnos y dio su vida para eso. Sus palabras: “Quiero, sé limpio,” son también para nosotros. Como el tocó al leproso, quiere tocarte a ti con su divina misericordia para sanar tu alma (1 Juan 1:7).

Tuesday, January 15, 2013

No Todo El Que Me Dice: ‘Señor’


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. ~Mateo 7:21

Quizás los seres humanos puedan engañarse unos a otros, pero no a Dios. Existen “creyentes” que muestran cosas que al parecer agradan a Dios, pero el Señor Jesús advierte: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” La gran sorpresa se la llevarán aquellos que creen que sin obedecer al Señor podrán entrar en el reino de los cielos. Es cierto que las obras no salvan (Efesios 2:8–9); pero el que después de haber hecho una profesión de fe no obedece al Señor, es porque nunca le ha conocido. La obras que el Señor espera no son solo las obras que incluyen lo material, sino los frutos espirituales que muestran la obra del Espíritu Santo en sus vidas (Gálatas 5:22–25).
Muchos de los que enseñan, predican, dan de lo que poseen y profesan con sus labios al Señor en estos días viven muy lejos de la voluntad de Dios (Isaías 29:13). Ante la presencia de Dios serán descubiertos los falsos maestros y los falsos profetas, también serán revelados los falsos cristianos que abundan hoy en las iglesias. Muchos le dirán en aquel día al Señor: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Pero el Señor les dirá: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7: 22–23).
Todo creyente en todo lugar debe de estudiar Las Escrituras para poder identificar, si fuere posible, a los falsos maestros y predicadores que pululan en estos tiempos. El mensaje a medias de muchos predicadores modernos y el énfasis en los sentimientos más que en las convicciones ha hecho de esta época uno de los tiempos de más hipocresía espiritual y falsedad en la vida cristiana. Es necesario estar atentos para hacer diferencia entre los buenos y los malos maestros. Debemos de tener cuidado de no ser engañados por los que hablan en nombre de Cristo y acomodan a su manera y su estatus de vida las verdaderas enseñanzas de la Biblia. Si confesamos nuestra fe, debemos vivir nuestra fe según la palabra de Jesucristo. El solo hecho de repetir el nombre de Dios, no es suficiente, hay que aceptar al Señor con todos los planes que Él tiene para nosotros, y en sus planes está nuestra entrega y obediencia.
El honor y los principios no son tan importantes en estos tiempos. Bajo una piel de misericordia muchos esconden un corazón de maldad y una vida licenciosa (Mateo 7:15, 2 Timoteo 3:2–5). La traición a Dios y a nuestros semejantes se hace de una manera solapada, porque su interés es su bienestar y dar una imagen de piedad (2 Timoteo 3:2–5). Está de moda en los creyentes lo políticamente correcto pero no lo bíblicamente correcto. Vivimos en un mundo narcisista y esto se ha infiltrado en los creyentes. La imagen es lo que vale: ¿cómo luzco ante los demás, quedar bien, no ofender a nadie, etc. Le hemos arrancado muchos pasajes a la Biblia para no vernos en la obligación de creerlos y practicarlos, y para no ofender a la gente. Es necesario usar la Palabra de Verdad (1 Timoteo 2:21). Tenemos que volver al mensaje de una Biblia completa, no al de una Biblia disminuida. La gente necesita oír Palabra de Dios, no palabra de hombres.
El mundo no puede saber de la salvación si no les hablamos del pecado (Romanos 10:14, 17). El Señor desconocerá a los que hablan en su nombre con palabras falsas, los que no tienen un corazón dispuesto, los que no tienen el fruto del Espíritu y los que no obedecen, porque “no escaparemos si descuidamos una salvación tan grande”(Hebreos 2:3).

Saturday, January 5, 2013

Luz Para Toda la Humanidad


Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel. ~Lucas 2:32 
La luz no solo alumbra para unos pocos, alumbra para todos. Una luz que se pone en alto alumbra a todos los que están en casa (Lucas 8:16). La luz que vino de lo alto no solo alumbraba a Israel, también alumbraría a los gentiles con su cualidad reveladora (Juan 1:9). Físicamente estamos dotados de dos ojos que usan la luz para captar las imágenes; pero aun así podríamos andar en tinieblas a no ser que la luz de Dios alumbre nuestras vidas. La luz siempre ha sido para todos, pero algunos han pretendido apropiarse de ella. Los hebreos creían que la salvación era para ellos solos por ser los escogidos de Dios, pero Dios no solo escogió a los judíos, sino a toda la humanidad.
Desde tiempos antiguos Dios llamó de en medio de una generación perdida a un hombre. Este hombre fue Abraham. A él se le dijo que en él serían benditas todas las familias de la tierra (Génesis 12:1–3). Esto representaba a hebreos y gentiles. Tenían un mensaje que dar, pero creyeron que era para ellos solos, ignorando la promesa hecha a Abraham en el pasado. Como Simeón, hemos visto la Luz (Lucas 2:25-32). No una luz cualquiera, sino la Luz que alumbra a todo hombre que quiera ser alumbrado.
El mundo vive en tinieblas no porque no haya luz, sino porque cerraron las puertas y las ventanas de su corazón, y no han deja-do entrar la luz de Dios a sus vidas (Juan 1:4). Las tinieblas se han esforzado por cubrir a la humanidad que se ahoga en la obscuridad y la desesperanza; pero por muy profundas que parezcan las tinieblas, la Luz brilla (Juan 1:5). El nacimiento de Jesús fue un acto de Dios para manifestar su luz (Isaías 9:2).
Asociamos la luz con la revelación porque nos deja ver; asociamos la luz con la sanidad porque es esencial para nuestra vida diaria y nuestra salud; asociamos la luz con la dirección que hemos de tomar, como guía, porque es muy difícil orientarse sin luz. Esa luz que revela, que hace ver, esa luz que guía y sana es Jesucristo (Isaías 60:1–3).

Thursday, December 27, 2012

...Hijo Nos Es Dado...


Pastor Carlos A. Goyanes

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.  ~Isaías 9:6

Con el nacimiento de Jesús en Belén de Judea, Dios se acercaba al hombre. Pero su acercamiento fue de una manera distinta a la que el hombre estaba acostumbrado. Hasta ese momento Dios hablaba a través de los profetas, de sueños, visiones, de muchas maneras y de muchas formas (Hebreos 1:1–2); pero ahora lo hacía tomando nuestro lugar, nuestra forma. Si otrora Dios nos había hecho a su imagen y semejanza, ahora Él tomaba la forma de nosotros los hombres. Dios se hizo carne para habitar entre nosotros (Juan 1:14). Un hijo nos fue dado, alguien que fuera igual a nosotros, perfectamente hombre para tomar el lugar del hombre y perfectamente Dios para mediar  en el conflicto entre el ser humano pecador y Dios (1 Timoteo 2:5).

La gracia y la misericordia de Dios vinieron al mundo cuando su Hijo nos fue dado. Dios cumplió la promesa que tanto se había anunciado a lo largo de la historia. Su Hijo amado en el cual Él se complacía vino al mundo a cumplir con su misión redentora (Isaías 42:1; Mateo 3:17). Verdaderamente recibimos un hijo de los hombres, semejante a nosotros y sufriente cual Varón de dolores (Isaías 53:3). La historia del romance de Dios es  la historia de amor más grande que haya existido. Un Dios creador, grandioso y eterno; por amor, se humilla para rescatar a una humanidad perdida. Deja todo lo que tenía en el cielo y viene aquí, a este lugar de corrupción para salvar (Filipenses 2:5-8).
   
En el idioma hebreo la palabra usada para Dios Fuerte es gibbor que representa a un guerrero que va a luchar por su pueblo. Cuando nadie nos rescata, Dios en la persona de su hijo Jesucristo lo hace. Jesús vino a vencer el pecado, a lograr la salvación, a contender por nuestras almas y a buscar lo que se había perdido (Lucas 19:10). Sus armas para vencer fueron un ejército de ángeles que lejos de venir con espadas de fuego relampagueantes vinieron con cantos que anunciaban las Buenas Nuevas de salvación. Su canto fue: Gloria a Dios en las alturas y paz para la tierra (Lucas 2:14). Pastores y magos se postraron delante de Jesús, los reyes sintieron amenazados sus poderes terrenales, pero su reino es un reino de paz que ofrece una vida más allá de las fronteras de la muerte.


 

Justicia Para Las Naciones


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.  ~Isaías 42:1

El hecho de que Dios haya enviado a su Hijo a nacer en Belén de Judea es la muestra más grandiosa de su amor. Aunque su apariencia siendo un niño pareciera débil y tierna a los ojos de los que lo vieron nacer, todos ellos reconocieron que había poder en Él. María, y los pastores recibieron el mensaje de Dios a través de los ángeles que con gran gozo dieron las Buenas Nuevas (Lucas 1:26–35; Lucas 2:8–15), José a través de un sueño (Mateo 1:18–21) y a los magos una estrella los guio (Mateo 2:1–2). Dios le dio a esas personas el mensaje de una manera diferente, pero siempre fue el mismo mensaje: el mensaje de salvación a través de su Hijo Jesucristo.

Lo profetizado en el pasado por Dios al pueblo de Israel ahora se cumplía en la persona de Jesús. El Mesías prometido había llegado con la encarnación de Dios, en otras palabras, Dios se había hecho hombre (Juan 1:14; 1 Timoteo 2:5). Jesús vivió en la tierra como un ser humano y como un verdadero siervo de Dios para cumplir satisfactoriamente con la misión que Dios le había dado que era enseñar el camino de la salvación y dar su vida para salvar al hombre caído. Él era el siervo perfecto de Dios que serviría con abnegación y obediencia.

El contentamiento de Dios estaba en presentar a su siervo escogido para alcanzar a una humanidad perdida. Él traería justicia a las naciones, o sea, enseñaría lo que es la justicia de Dios. No vendrá con gritos ni alzará la voz en busca de fama y honores perecederos sino que sería un siervo humilde que desearía los mejor para sus semejantes (Isaías 42:2). Qué interesante es saber que fuimos hechos a imagen de Dios (Génesis 1:26–27) y que ahora Dios se hizo a nuestra imagen para acercarse a nosotros (Filipenses 2:5–8). Tomó nuestra apariencia humana para llegar a nosotros y llamar nuestra atención a una salvación grande (Hebreos 2:3).

Él traerá justicia a las naciones. Justificará su amor a los que creen en su nombre y condenará a los que están sujetos al mal. No es que Dios quiera condenar al hombre, sino que quiere que el hombre sea salvo por Jesús (Juan 3:17, 18; Mateo 1:21). Acerquémonos cada día más al Señor y sirvamos a Dios con humildad, porque ejemplo tenemos en Él para seguir sus pisadas (1 Pedro 2:21). Esforcémonos por fortalecer “las manos cansadas” y afirmar “las rodillas endebles” (Isaías 35:3).

 

Monday, December 10, 2012

Ropa de Imitación

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestidos de ovejas,  pero por dentro son lobos rapaces.  ~Mateo 7:15

La imitación siempre ha sido la manera más eficaz de hacer que algo parezca real. La ropa de marca es imitada, los relojes y las joyas lujosas también. Lo interesante es que quienes compran estas cosas, por mucho que quieran aparentar, están vestidos con imitaciones. El evangelio ha sido imitado por muchos que dicen tener la verdad y conducen a millones de personas por las falsas doctrinas a la perdición eterna. Pablo dijo a Timoteo que se cuidara de esto (1 Timoteo 4:16). Las sublimes enseñanzas de Jesús son falsificadas por falsos profetas que no buscan la salvación de sus oyentes, sino su propio bien, satisfacer su deseo de sentirse poderosos y gozar de una vida de comodidades. Comercian con el evangelio, y para ello tienen que convertir el evangelio en una verdad a medias. La verdad es importante para el hombre ya que el conocimiento de la verdad libera (Juan 8:32).

Todo lo que Dios ha hecho para nuestro bien, Satanás lo trata de falsificar. Él es el gran mentiroso que ha cambiado un evangelio de marca por un evangelio de imitación, donde no importa tanto una vida consagrada, sino “creer en Dios”; personas que viven en el camino ancho y dicen que andan en el angosto (Tito 1:16; 2 Timoteo 3:1-5).

¿Quiénes son los falsos profetas? Los falsos profetas son predicadores, pastores, personas que enseñan la Palabra de Dios, pero niegan con sus acciones la eficacia de ella. Son los que predican un evangelio fácil y no tienen en cuenta el sacrificio de Cristo, por lo cual son sumamente dañinos para las almas de los que reciben sus enseñanzas nocivas. A veces son fáciles de identificar, pero con frecuencia tienen el disfraz de un hombre o de una mujer muy amable, muy dulce y muy suave, que habla bien, que tiene el don de atraer a muchos seguidores. Frecuentemente son personas amadas por las congregaciones. Esto es la razón por la que son personas tan peligrosas. Vienen vestidos de ovejas y tienen todos los distintivos de la piedad. Muestran sus títulos y alardean de sus credenciales, y engañan a todos con la apariencia de piedad. Aunque parecen ovejas son los peores enemigos de las ovejas. Sólo quieren dividir y devorar. Si fueran verdaderas ovejas, enseñarían la verdad para salvar y edificar almas; pero son lobos.

La culpa no es sola de los falsos maestros, sino también de sus seguidores, los cuales por ignorancia o por mantener la paz deciden vivir algo que se parezca al evangelio. La gracia no es una excusa para vivir en rebelión (Judas 1:3-4).  Cristo tiene que ser Salvador y el Señor de nuestras vidas.

 

Thursday, December 6, 2012

Dos Puertas y Dos Caminos


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.  ~Mateo 7:13-14

Casi terminando Jesús su Sermón del Monte, nos muestra dos puertas por las cuales podemos entrar. Estas dos puertas conducen a dos caminos. La primera es llamada la puerta estrecha, la puerta que indica la dificultad de ser los discípulos de Cristo. En una generación desobediente que no teme a Dios es muy difícil vivir en santidad, reverencia y disciplina del Señor.

En Lucas 13:23 dice la Palabra de Dios: “Esforzaos a entrar…” (esforzaos viene del griego agonizomai, que significa luchar y es la palabra que usamos en español como agonizar). Significa que es una lucha que nos deja exhaustos y abarca todos los ángulos de nuestra vida. Entrar por la puerta estrecha es entrar en una competencia entre la vida que debo vivir como creyente y la vida que el mundo ofrece (1 Corintios 9:25). Pablo aconseja que peleemos la buena batalla de la fe y así echemos mano de la vida eterna (1 Timoteo 6:12). A nadie le gustaría verse en medio de una guerra en la cual tiene que pelear; sin embargo estamos envuelto en una batalla, la batalla de la fe (Efesios 6:11, 12). Hay que pelear si queremos mantener incólumes nuestros principios y dar testimonio con nuestras vidas.

La puerta estrecha representa la vida cristiana llena de sacrificios y de luchas constantes por mantener la santidad y los principios bíblicos en nuestra vida (Lucas 9:23; 1 Corintios 9:27). La rebelión de nuestras almas hace muy difícil que sometamos nuestra voluntad a la voluntad del Señor, pero es necesario que lo hagamos. Entrar por la puerta estrecha significa escuchar la voz de Dios y rendirnos a su voluntad. Si queremos ser discípulos hemos de dejar las maletas de la mundanalidad, porque por esa puerta no pueden pasar nuestras actitudes pecaminosas y nuestros deseos carnales.

Si quieres seguir a Cristo debes saber que hay dos caminos: Uno amplio y espacioso, que lleva a la perdición y otro estrecho y angosto que no todos hallan, pero que lleva a la vida (Mateo 7:13-14). Jesucristo nos llamó a cambiar de actitud, a dejar de ser religiosos y ritualistas para convertirnos en seguidores, a santificar nuestras vidas y consagrar todo lo que somos a El. Hay una sola puerta y un solo camino que conduce a la vida eterna, este camino es Jesucristo (Juan 14:6).