Showing posts with label amor de Dios. Show all posts
Showing posts with label amor de Dios. Show all posts

Monday, January 23, 2017

Debajo De Las Alas

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Mateo 23:37–39

En un triste lamento el Señor llora sobre Jerusalén aquella ciudad cuyos habitantes le rechazaron (Lucas 19:41). Fue conmovido a lágrimas, no por lo que sabía que iba a padecer, sino por la condenación que recibirían los habitantes de Jerusalén—porque habían rechazado al Rey triunfante. Dios los había visitado, pero ellos cerraron sus puertas para no recibirlo. Pueblo testarudo que usó de la libertad que el Señor da a todo hombre para rechazar al Mesías y resistirse a Su gracia y voluntad. Lo que esperaban por siglos ahora estaba ante ellos y no lo recibieron. Preferían seguir en sus vidas rutinarias de leyes vacías para sacar provecho material de ellas. ¡Cuántas cosas habían hecho para vivir sus propias vidas lejos de Dios! Mataron a los profetas y apedrearon a los que les fueron enviados; ahora rechazaban al Mesías.

Jerusalén era la capital del pueblo de Dios. Allí estaba el templo que era el lugar oficial de adoración y allí también estaban los lideres religiosos que eran los fariseos, los saduceos, los escribas y los sacerdotes. Jerusalén era el corazón religioso de la nación de Israel, y en aquel lugar, el lugar donde todos se disponían a ir a adorar, estaban rechazando oficialmente al Mesías. El Señor amaba a su pueblo doblemente porque era el pueblo que Dios había escogido para llevar el plan de salvación y porque Él mismo había nacido de esta nación. Su misericordia y amor se ven reflejadas en sus palabras: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! “(Mateo 23:37). Quiso juntarlos bajo sus alas de amor y misericordia; pero ellos prefirieron estar fuera de ellas. El Salmo 91:4 ilustra a las aves que, tratando de dar calor a sus polluelos, los junta bajo sus alas. Y no solo esto, esa es una manera de que los otros animales no les hagan daño. El Señor usó esta ilustración para lamentarse del hecho de que ellos no querían la protección de Dios, sino sus viejas vidas gastadas por la maldad y derruidas por el pecado.

Así como un padre se lamenta de ver a su hijo perderse por no obedecer; Jesús, el Autor de la vida, veía la perdición de aquellos que negaban su protección y cuidado. Jesús no lloraba por cualquier cosa, de hecho, según la Palabra de Dios, lloró muy pocas veces; aunque sí se entristeció muchas. Dios siempre ha tratado de razonar con nosotros porque no quiere que nadie se pierda y como padre amoroso, le resulta muy doloroso usar el juicio y el castigo (Ezequiel 33:11). Dios no se goza en la venganza, en cambio, se goza en la salvación. No hay un mejor lugar para estar protegido que no sea debajo de las alas del Señor. Allí habrá sombra en el fatigante desierto de la vida, calor en la noche fría de la desesperación, refugio en la tempestad que pretende arrasar con lo que nos queda en esta vida y alimento abundante porque estamos al abrigo del Salvador.


Los que le rechazaron un día lo verán entrar triunfante y nadie podrá oponerse a su venida. Ahora viene no como un cordero para el matadero (Isaías 53:7), sino como el León de la tribu de Judá que ha vencido (Apocalipsis 5:5). 

Monday, February 17, 2014

El Perfecto Amor

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. 1 Juan 4:18

Ninguna cosa hecha o tocada por el hombre ha escapado a la imperfección porque los seres humanos somos imperfectos. Sin embargo, la Palabra de Dios habla de una posesión valiosa que es perfecta; esto es, el amor. No es que haya algo perfecto en nosotros, sino que lo que hemos recibido es perfecto; aunque no lo podemos desarrollar cabalmente en nosotros. A lo que me refiero es al perfecto amor de Dios. A medida que nos acercamos a ese amor nuestras vidas comienzan a cambiar porque ese amor es capaz de echar fuera nuestros temores.

1. El perfecto amor de Dios nos hace permanecer en Él (1 Juan 4:16) — Cuando permanecemos en el amor de Dios entonces permanecemos en Él. Dios ha hecho un pacto con su pueblo y Él lo cumplirá. La palabra “jesed” del hebreo se refiere al amor que corresponde a un pacto que Dios ha hecho con nosotros y que va a cumplir a pesar de la rebelión de los seres humanos. Dios cumple sus promesas con fidelidad y de esta manera nos muestra su amor (Romanos 5:8).

2. El perfecto amor de Dios nos da confianza (1 Juan 4:17) — A medida que el amor de Dios se va arraigando en nosotros nos da confianza porque agranda nuestra fe. Poco a poco vamos tomando la imagen de Cristo, que no es la figura física sino la espiritual, comenzando en nosotros a manifestarse la mente de Cristo (1 Corintios 2:16) y los frutos del Espíritu Santo (Gálatas 5:22–23). Entonces podemos confiar en el Señor porque ahora se nos ha revelado la verdad que libera y la fe que tiene la certeza de lo que no se ve (Hebreos 11:1). De esta manera se manifiesta la imagen de Cristo en nosotros.

3. El perfecto amor de Dios nos libra del temor (1 Juan 4:18) — Si amamos a Dios no tenemos que tenerle miedo porque estamos haciendo su voluntad. La palabra fe en la Biblia siempre está ligada a la obediencia, y los que obedecen a Dios no tienen por qué temerle al juicio, sino que deben estar felices por la recompensa que esperan del Señor. El hombre moderno vive con miedo porque no conoce a Dios, no conoce a dónde va y no sabe acerca de su futuro. La gente teme a la muerte, a la vida, a las noticias, a todo lo que les rodea; pero los que han conocido a Cristo y viven en su amor nada temen porque tienen un poderoso Salvador.

4. El perfecto amor de Dios nos exhorta a amarnos unos a otros (1 Juan 4:7, 20–21) — La palabra de Dios dice que “el que no ama no ha conocido a Dios porque Dios es amor” (v.8). El supremo amor del hombre tiene que ser Dios (Marcos 12:28–30) y puede perfeccionarse en nosotros si incluimos en ese amor a nuestros hermanos (1 Tesalonicenses 4:9) y a nuestro prójimo (Marcos 12:31) que es toda la humanidad. El amor de Dios puede parecer un poco descabellado porque afirma que debemos amar a nuestro enemigos (Mateo 5:44); pero Él nos amó a nosotros y dio su vida en nuestro recate cuando aún éramos nosotros mismos sus enemigos (1 Juan 4:9; Colosenses 1:21).

No olvidemos que nosotros le amamos a Él porque Él nos amó primero (v.19). Cuando el necesitado se acerca a Dios, de seguro hallará en Él su amor que perdona y salva. Nace en su corazón un sentimiento de gratitud y de amor que no puede ocultar. La esperanza brilla en sus ojos y en su rostro cual espejo divino que refleja la imagen de Cristo que no puede ser escondida. ¡Ha conocido a Dios! No hacen falta palabras porque su vida lo dice todo. Se esforzó en amar a Dios y lo encontró en el abrazo eterno del Padre que le otorgó una vida sin fin. Esta puede ser la experiencia de todos los que reciben a Cristo (Juan 1:12).

Monday, July 8, 2013

La Fe Que Salva

Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. ~Juan 3:16
La eternidad ha sido y es la preocupación de la raza humana. El ser humano trata de encontrar la manera de durar cada vez más. Los científicos se preocupan por buscar algún elixir que los haga durar eternamente. De hecho, ciertas personas han hecho congelar sus cuerpos porque han creído que en el futuro los adelantos científicos podrán devolverles la vida. Sabemos que la eternidad es de Dios y le pertenece a Dios porque Él es eterno. Y Él ha puesto eternidad en nuestros corazones. Esta es la razón por la que el hombre quiere ser eterno, solo que el remedio para lograrlo está equivocado. Nadie nos puede ofrecer o lograr la eternidad sin Dios y solo a través de la persona de su Hijo Jesucristo (Juan 3:16). Hay que tener fe en el Señor. Pero la verdadera fe tiene tres cosas que debiéramos observar.
I. La primera es la razón.
Tenemos que saber de Dios, tener conocimiento de El para poder creer. La fe no es ciega porque contiene la razón (Romanos 12:1). Después de razonar lo que Dios ofrece, nos damos cuenta de que es mejor aceptar a Cristo. Nadie ha ofrecido, ni puede ofrecer lo que ofrece Dios ¡Vida eterna! ¡Wow! Entonces podré ofrecerme en sacrificio vivo. Este sacrificio incluye renunciar a lo que yo amo, pero que no agrada a Dios. Ese es el verdadero sacrificio vivo. Ese es el culto racional.
II. La segunda es la parte emocional.
Después de haber conocido mentalmente a Dios, entonces puedo amarle. Amar a Dios y a lo que El ama. ¿Y qué es lo que más ama Dios? A la humanidad. ¿Cómo puedo amar a Dios a quien no he visto, si no amo a mi hermano que estoy viendo todos los días? (1 Juan 4:20). El amor no se acaba, porque el amor es una elección personal. Yo elijo amar u odiar. La Biblia dice que tenemos que amar, lo cual lo convierte en una elección. Está dentro de nuestro libre albedrío hacerlo, pero Dios te recomienda como algo fundamental y básico que ames. El amor es el sentimiento más grandioso que ser humano haya tenido, porque viene de Dios que es amor. Las cuerdas del amor mueven al corazón a la misericordia y realzan al hombre, porque el amor hace que el hombre se parezca más a Dios. Es necesario entender lo que Dios tiene para mí, por eso se predica el evangelio; pero ese conocimiento de Dios tiene que hacer una escala en el corazón. Es necesario que amemos a Dios sobre todas las cosas.
III. La tercera es la voluntad.

Las obras son resultado de haber conocido a Dios y haberle amado. La fe no se antepone a las obras, porque las obras son el resultado de la fe (Santiago 2:17). No nos podemos salvar por las obras; pero sí podemos mostrar hasta dónde llega nuestra fe a través de ellas (Santiago 2:18). Después de haber conocido a Dios y saber que Él quiere lo mejor para mí, entonces comienzo a amarlo ¿Por qué no amar a alguien que me ama tanto? Ese amor me mueve a servir, a obedecer y a enseñar a otros. Puede ser tan simple como contar lo que Dios ha hecho contigo. Algunos creen que por ser buenos es que van a la eternidad y no es así. Todo lo que somos debe ser el resultado de que conocimos a Dios primero, le amamos y ahora somos movidos a obedecer voluntariamente a su Palabra. Los que se niegan a obedecer y a vivir una vida de testimonio delante de Dios y de los hombres es porque no han nacido para Dios. ¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido (Isaías 8:20).