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Wednesday, May 8, 2013

Misericordia Más Que Sacrificio


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido allamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. ~Mateo 9:13

El sacrificio del Antiguo Testamento era un ritual que simbolizaba el sacrificio de Cristo en el Nuevo Testamento. Nuestra vida se pueden convertiren un ritual si no está cargada del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22, 23). Nuestro testimonio, el sacrificio vivo (Romanos 12:1), puede ser un ritual. Lo que los judíos hacían en el templo era un ritual porque carecía de misericordia. La misericordia es el resultado de una vida consagrada a Dios que sorprende al mundo con una respuesta diferente a la que ellos esperan. La iglesia de Jesucristo debe sorprender al mundo con misericordia.

El sacrificio sin misericordia es hipocresía, porque el sacrificio es elsímbolo de la misericordia. Testimonio sin misericordia es hipocresía, porqueel verdadero testimonio es el de la misericordia. Hemos recibido lamisericordia de Dios y Él desea que seamos misericordiosos (Mateo 5:7). El sacrificio tiene su lugar en la Biblia, pero el sacrificio es inútil si no hay amor para el prójimo. La falta de amor es evidencia de una falta de arrepentimiento. En ese caso el sacrificio es absurdo (Isaías 1:10–17; Miqueas 6:8).

El sacrificio es una foto cuyo marco lo limita a un símbolo. La acción está en la misericordia que comenzó en Dios y es traspasada a los hombres através de las virtudes cristianas. Es la herencia del amor de Dios en la tierray la puerta para que el hombre conozca de Cristo.

Nuestros pies deben de estar bien afirmados sobre la tierra, pero nuestro corazón debe estar en el cielo. Solo podremos tener una vida llena de misericordia cuando después de haber experimentado la misericordia de Dios tengamos la gracia de ser misericordiosos con otros. La misericordia está representada en el sacrificio, pero el sacrificio sin misericordia es algo vacío porque carece de valor.

Jesús llama a los pecadores de todo el mundo al arrepentimiento y para ello usa de su misericordia. Nuestros pecados nos han separado de Dios, pero en Cristo recibimos el perdón y somos librados de las consecuencias eternas. Dios vivió, en la persona de Jesucristo, entre los enfermos del alma y vino a sanarlos. Es necesario estar conscientes de nuestra enfermedad espiritual para que el médico nos sane, de lo contrario no acudiremos a Él (Mateo 9:12; 11:28). La respuesta a todos los males del alma está en Jesucristo, quien tomó para sí todos nuestros dolores y enfermedades, llevándolos sobre sí y clavándolos juntamente con El en la cruz (Isaías 53:4–5).

Monday, March 5, 2012

Bienaventurados los que Lloran

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. ~Mateo 5:4

En una sociedad moderna donde se evade el sacrificio y se honra la comodidad no hay espacio para llorar, aunque se llora. Sin embargo, la Palabra de Dios nos presenta otra aparente paradoja. ¿Será que acaso podemos llorar y ser bienaventurados a la vez? El Señor dijo que sí y aun más nos prometió que recibiríamos consolación. Pero, ¿por qué lloramos?

Los seres humanos tenemos muchas razones por las cuales llorar. Hay personas a las que un anuncio de televisión los hace llorar, una película, otros por enojo, por impotencia, por cólera o por dolor físico, otros por soledad, por incomprensión, otros por depresión o por dar a luz, otros por felicidad, otros por una pérdida, otros por separación, otros por prosperidad, hasta por cortar cebolla lloramos. Hay otros motivos también por los cuales la gente llora. El ladrón llora porque fue atrapado y tiene que ir a la cárcel; el borracho llora porque el alcohol le produjo cirrosis hepática; el promiscuo llora porque tiene SIDA, etc. (2 Corintios 7:10). Pero, ¿cuál es el verdadero motivo que nos llevaría a tener esta segunda bienaventuranza? Para los que creen en Jesús, llorar tiene que ver con algo diferente:

1. Llorar implica arrepentimiento por nuestros pecados (Isaías 55:7). Las lágrimas de arrepentimiento producen salvación para todo aquel que cree que Jesús vino a salvarlo y perdonar sus pecados (Juan 3:16). A medida que vamos conociendo más de Jesús, nos damos cuenta cuánto costó la cruz para Dios. Fue un alto precio que pagó el Señor y esto nos hace derramar lágrimas de arrepentimiento por nuestra maldad (Salmo 49:7–9; 1 Corintios 6:20; Romanos 6:23).

2. Llorar implica sacrificio. Todo lo que le hemos prometido a Dios demanda gran sacrificio y debemos cumplirlo (Jonás 2:9). Al entregarnos al Señor prometimos obedecer y seguirle. Estas dos cosas son muy difíciles de hacer en este mundo que está lejos de Dios, por eso demandan sacrificio.

3. Llorar implica servicio. Para servir a Dios tenemos que usar mucha de nuestras fuerzas, ya que la resistencia en contra de este servicio es muy grande. Satanás y todas sus fuerzas trabajan sin descanso para que la tarea de servir al Señor se haga difícil (Salmo 126:6).

4. Llorar implica sufrimiento. Sufrimos por los que se pierden y sufrimos por los que nos hacen mal por ser creyentes (Salmo 42:1–3; Mateo 23:37; Lucas 6:22). Hay una promesa de parte del Señor de que nuestras lágrimas serán secadas aquel día cuando estemos en su presencia. A los fieles Él les enjugará sus lágrimas y nunca más llorarán, porque todo el sufrimiento pasó para no volver jamás (Apocalipsis 21:4).

5. Llorar implica gozo. ¿Puede haber gozo en el sufrimiento? Claro que sí (Lucas 6:21b). Por el gozo de nuestra salvación el Señor fue a la cruz (Hebreos 12:2). Al conocer a Cristo, nuestro corazón se llena de gozo y aún en las circunstancias más difíciles, en los retos que tenemos por delante, el gozo nos acompaña como el adorno de la gracia de Dios en nosotros (Juan 16:20–22).