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Tuesday, November 12, 2013

Señor del Día de Reposo

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

…el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo.  ~Mateo 12: 8
Desde el comienzo, cuando Dios creó los cielos y la tierra, Él mismo separó un espacio de tiempo para ‘reposar’ (Génesis 2:2–3); pero Dios no se cansa ni se fatiga (Isaías 40:28), lo cual es evidente que no fue para descansar físicamente. Dios no necesita descansar porque Él no se adormece ni se fatiga con el tiempo (Salmo 121:3–4). A diferencia de nosotros, Dios instituyó ese día de reposo por dos razones. La primera es para el descanso espiritual y la segunda es para el descanso físico. El día de reposo fue hecho por causa del hombre el cual necesita reposar de sus obras diarias y descansar espiritualmente en el Señor (Marcos 2:27–28).
Los judíos llegaron a venerar el sábado convirtiéndolo en un ritual, a tal grado que en ese día no se podía hacer obra alguna. Sin embargo, Jesús en este pasaje más que del día de reposo estaba hablando de misericordia. Los discípulos recogían espigas en día de reposo para saciar su hambre y Jesús se los permitió. Las necesidades urgentes deben ser atendidas aun en día de reposo. Los sacerdotes que trabajaban en el templo violaban el día de reposo, porque obraban (Mateo 12: 5), de manera que, el día de reposo no era exactamente para estar estáticos sin hacer nada, era para rendir culto a Dios y descansar nuestros cuerpos adoloridos y cansados por el trabajo de la semana.

El día de reposo le pertenece a Dios, y en este día Él obra misericordia. Al oír la exigencia de los fariseos (Mateo 12:2), Jesús les pidió que examinaran el espíritu de la ley: resaltar la misericordia (Mateo 12:7). Si todos los días de reposo estuviesen llenos de la misericordia de los creyentes ¡cuántas cosas cambiarían en este mundo! Lejos de ser un ritual frío y sin frutos, el día de reposo es el día de glorificar a Dios obrando en el Espíritu para sanar las almas y llenar los corazones vacíos. Jesús violó ritualmente el día de reposo judío porque Él es el Señor del día de reposo. De hecho, Jesús es el Señor de todo. Él es nuestro reposo y en El descansan nuestras almas fatigadas por el pecado. Habiendo conocido a Cristo hemos entrado al reposo de Dios y hemos hallado descanso para nuestras almas (Mateo 11:28–29).

Wednesday, May 8, 2013

Misericordia Más Que Sacrificio


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido allamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. ~Mateo 9:13

El sacrificio del Antiguo Testamento era un ritual que simbolizaba el sacrificio de Cristo en el Nuevo Testamento. Nuestra vida se pueden convertiren un ritual si no está cargada del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22, 23). Nuestro testimonio, el sacrificio vivo (Romanos 12:1), puede ser un ritual. Lo que los judíos hacían en el templo era un ritual porque carecía de misericordia. La misericordia es el resultado de una vida consagrada a Dios que sorprende al mundo con una respuesta diferente a la que ellos esperan. La iglesia de Jesucristo debe sorprender al mundo con misericordia.

El sacrificio sin misericordia es hipocresía, porque el sacrificio es elsímbolo de la misericordia. Testimonio sin misericordia es hipocresía, porqueel verdadero testimonio es el de la misericordia. Hemos recibido lamisericordia de Dios y Él desea que seamos misericordiosos (Mateo 5:7). El sacrificio tiene su lugar en la Biblia, pero el sacrificio es inútil si no hay amor para el prójimo. La falta de amor es evidencia de una falta de arrepentimiento. En ese caso el sacrificio es absurdo (Isaías 1:10–17; Miqueas 6:8).

El sacrificio es una foto cuyo marco lo limita a un símbolo. La acción está en la misericordia que comenzó en Dios y es traspasada a los hombres através de las virtudes cristianas. Es la herencia del amor de Dios en la tierray la puerta para que el hombre conozca de Cristo.

Nuestros pies deben de estar bien afirmados sobre la tierra, pero nuestro corazón debe estar en el cielo. Solo podremos tener una vida llena de misericordia cuando después de haber experimentado la misericordia de Dios tengamos la gracia de ser misericordiosos con otros. La misericordia está representada en el sacrificio, pero el sacrificio sin misericordia es algo vacío porque carece de valor.

Jesús llama a los pecadores de todo el mundo al arrepentimiento y para ello usa de su misericordia. Nuestros pecados nos han separado de Dios, pero en Cristo recibimos el perdón y somos librados de las consecuencias eternas. Dios vivió, en la persona de Jesucristo, entre los enfermos del alma y vino a sanarlos. Es necesario estar conscientes de nuestra enfermedad espiritual para que el médico nos sane, de lo contrario no acudiremos a Él (Mateo 9:12; 11:28). La respuesta a todos los males del alma está en Jesucristo, quien tomó para sí todos nuestros dolores y enfermedades, llevándolos sobre sí y clavándolos juntamente con El en la cruz (Isaías 53:4–5).

Tuesday, July 10, 2012

Una Justicia Mayor

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. ~Mateo 5:20

La justicia es el anhelo de los seres humanos. Pero en muchas ocasiones la justicia es para otros y no para mi mismo. La justicia a la que el Señor se refiere en este pasaje es a la justicia que parte de mi propia justicia, a la justicia que es satisfecha a través del cumplimiento de la justicia en nosotros mismos. Hemos popularizado entre la grey de Dios la palabra fariseo como algo malo aludiendo a la característica distintiva de casi todos ellos, que era la hipocresía. La hipocresía de los fariseos consistía en exigir el cumplimiento de las leyes espirituales y morales; en fabricar a través de la interpretación normas y valores que ellos cumplían rígidamente como un rito externo, pero no había una convicción interior en sus corazones.

Había corrupción en sus corazones, porque practicaban la ley de una forma ceremonial pero habían dejado a un lado la misericordia (Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. Mateo 9:13). A esa actitud sincera del corazón Jesús la llamó justicia mayor que la de los fariseos. Una justicia que obedece porque ama a Dios y no por un cumplimiento estricto que en la mayoría de los casos estaba cargado de crueldad. No decimos que la ley es mala en sí misma, pero a veces los métodos que usamos han echado fuera los valores y el espíritu de la ley que es enseñar, no castigar; aunque a veces lleva en sí misma castigo.

La filosofía moderna de la salud habla de evitar a toda costa el dolor y esto se ha propagado a todas las esferas de la vida del hombre moderno; pero hay cosas que deben dolernos para que haya cambios radicales en nosotros. Si no existiera la ley, no habría un espejo en el cual nos miráramos para saber cuán lejos estamos de la voluntad de Dios. La Palabra de Dios habla de la Ley como un “ayo” (Gálatas 3:24), el maestro que nos enseña rectitud, obediencia, y todas las virtudes cristianas. En los signs computarizados de las autopistas aparecen las palabras en inglés click it or ticket. Para los que no les gusta amarrarse con un cinturón de seguridad, esto es un fastidio, pero le ayuda a salvar sus vidas en caso de un accidente. La ley de Dios no salva la vida del hombre pero muestra el camino de la salvación.

Las iglesias han ido las responsables de ganar muchas almas para el Señor, pero también han sido las responsables por la pérdida de otras al aplicar leyes, criterios y tradiciones que no están en Las Escrituras y que la mayoría de los creyentes practica por verse comprometidos con una comunidad de fe llena de ritos creados humanamente. La justicia mayor es la justicia que parte de el amor y la misericordia. Una ley des-provista de estas virtudes es crueldad. El Señor Jesús hizo referencia a ello cuando le dijo a los fariseos: Ustedes imponen cargas que ni ustedes mismos pueden llevar (Lucas 11:46).

Quizás después de leer estas palabras alguien ose decir que la justicia que es por la ley no es importante, pero nosotros no somos cristianos del Nuevo Testamento solamente, somos cristianos de toda la Biblia, y cada palabra, ya sea que se encuentre en el Antiguo Testamento o Nuevo Testamento, es Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17). El problema no está en la Ley sino en quien la aplica. Para que nuestra justicia sea mayor que la de los fariseos, nuestra ley debe ser la ley del amor. Todo lo que Dios demanda de nosotros es bueno, porque es para nuestro bien, pero hagámoslo con la buena sazón de su misericordia.

Monday, April 23, 2012

Bienaventurados los Misericordiosos

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mateo 5:7).

¡Cuán preciosa es la misericordia! Es una virtud que viene de Dios. Cuando prende en el corazón de los mortales alivia al alma sufriente y da esperanza al que tiene necesidad. Así es la misericordia de Dios, tan grande que alcanza a todo aquel que le busca y libra a todo aquel que cree.

Es interesante saber que la palabra misericordia viene del hebreo hesed (חסד) que sugiere una relación íntima entre la misericordia y la justicia. Esto enseña que la misericordia no pasa por alto la justicia, pero el hombre se justifica en la misericordia de Dios. Si has recibido misericordia, es porque has cumplido tu parte del pacto que hiciste con Dios. La misericordia de Dios nos envuelve en su amor constante, pero demanda una actitud recíproca.

En el Nuevo Testamento la palabra usada es eleémon (elehmon del griego que se traduce en Mateo 5:7 como misericordia o compasión. La misericordia es uno de los atributos de Dios por el cual El expresa su bondad y amor para el que sufre. Es interesante que la palabra misericordia que usamos en nuestro idioma español venga del latín miser (miserable, desafortunado) y cordis (corazón). La misericordia puede ser fingida, pero la verdadera misericordia es una actitud interior que se deriva de una relación profunda con Dios que dura toda la vida. Tener misericordia es tener un momento de compasión por alguien que sufre o perdonar a alguien que nos ha hecho daño (Lucas 10:33). Pero ser misericordioso va más allá de un momento de piedad porque implica un deseo interior de servicio y tomar parte en la acción de ayudar a otros.

El Señor Jesucristo fue el gran ejemplo de la misericordia, nunca pecó, no hizo daño a nadie, siempre dijo la verdad, vino a salvar al hombre perdido y aun así lo vimos desde la cruz decir “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). También nosotros los que creemos en el Señor podemos ser ejemplo de misericordia para aquellos que nos desprecian, y nos difaman y en el momento que ellos quieran hacernos daño elevemos una oración a Dios para que se compadezca de ellos. Porque qué recompensa tenemos si devolvemos mal por mal u ofensa por ofensa (Proverbios 16:6; Mateo 6:14–15). Ser misericordioso es ser feliz (Proverbios 19:22a). Un ejemplo de la misericordia de un cristiano lo encontramos el la Palabra de Dios cuando un diácono de la iglesia de Jerusalén llamado Esteban pedía a Dios perdón para quienes lo apedreaban (Hechos 7:60).

El deseo de Dios es que los que han alcanzado la misericordia sean misericordiosos. La misericordia es un don de la gracia de Dios y es segura para el que la ejerce, porque Dios ha prometido que los misericordiosos alcanzarán misericordia (Mateo 5:7). Así que, debemos por las misericordias de Dios, presentar nuestros cuerpos en sacrifico vivo, santo y agradable a Dios (Romanos 12:1). Nosotros somos parte integral de la agencia terrenal de la misericordia de Dios que tiene su sede en el cielo, pero su oficina está aquí en la tierra y se llama la Iglesia de Jesucristo.

Monday, February 27, 2012

Una Persona Dichosa

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Mateo 5:1–12

En la vida de los que creen en el Señor deben existir las actitudes que describen las bienaventuranzas de Mateo 5 ya que estas son características de los hijos de Dios y han sido diseñadas para que seamos felices. La Palabra de Dios dice que hagamos tesoros en el cielo (Mateo 6:20) y esta es una buena manera de aumentar nuestras riquezas celestiales que comienzan a acumularse aquí en la tierra.

La Escritura dice que Jesús les enseñaba (Mateo 5:2) y comenzó con las bienaventuranzas. Se puede ser afortunado por anhelar y retener las actitudes cristianas que contienen estas bienaventuranzas ya que es Dios quien las demanda de nosotros. Jesús las enseñó para que todo creyente se apropiara de ellas a través de la fe. Las virtudes cristianas son reflejadas por cualidades que adquieren los creyentes y lo hacen feliz con lo que tienen de Dios en sus vidas. Todo comienza descendiendo hasta que no quede nada de mi “yo” y subiendo hasta haber alcanzado todo de Dios.

• Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (v.3).
El pobre de espíritu es el que reconoce su pequeñez delante de Dios y reconoce a Dios en su vida. El corazón que no tiene a Cristo está lleno de conflictos, odios, enemistades, orgullo y toda clase de pecados. Cuando dejamos que el Señor entre en nuestras vidas, Él va sacando de ella todas esas cosas que impiden una relación con El. Y ocurre que al darle lugar al Señor en nuestro corazón descubrimos que nacimos de nuevo (Juan 3:3).

• Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación (v.4).
Los que lloran son aquellos que sufren por causa de la culpa de sus pecados. Son los que imploran el perdón a Dios porque se han arrepentido de sus faltas. Dar un giro de ciento ochenta grados a tu vida, darle la espalda al pecado, es algo que Dios reconoce como una actitud de reconciliación con El. Una vez nacidos de nuevo, rechazamos el pecado y toda influencia de éste, pero en el proceso sufrimos. De hecho, la lucha contra el pecado y su culpa es de toda la vida, pero tenemos a Cristo que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Juan 10:10). Puede que sean muchos nuestros pecados o los pecados de otros por los que tengamos que llorar, pero de todos ellos nos librará el Señor (Isaías 1:18).

• Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad (v.5).
Si antes éramos hijos del trueno (Marcos 3:17), nos irritábamos con facilidad, no perdonábamos a los que nos hacían mal, no soportábamos las pruebas que venían a nosotros, sino que tratábamos de actuar por nuestras fuerzas; ahora eso cambió, porque le hemos dado el lugar a Dios para que intervenga. Las pruebas, aunque nos duelen, las provocaciones de los hijos de las tinieblas y los defectos de quienes nos rodean nos invitan a luchar, pero aprendimos a ser mansos, a soportar por amor y a curar las heridas de otros. Ya no nos domina el mundo, nos gobierna Dios; ahora somos las mansas ovejas de su prado (Salmo 100:3), ya no somos rebeldes, sino dóciles.

• Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados (v.6).
Debemos buscar la justicia de Dios y ser declarados justos para ayudar a otros en su justicia. Así como tenemos necesidad física de alimento y agua todos los días, la búsqueda de la verdad y la justicia deben ser nuestro pan diario. El estudio diario de las Escrituras nos enseñará lo que Dios quiere para nosotros. Solo puede ser saciado el hambre y la sed de justicia con la Palabra de Dios, porque allí está la verdadera justicia. ¡Convirtámonos en expertos exploradores de la verdad de Dios!

• Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (v.7).
El amor y la acción es la combinación que hace a los hijos de Dios mostrar la misericordia. Esto mueve a Dios a darnos de su misericordia cada mañana. Así como los rayos del sol alumbran la tierra, dice la Palabra de Dios que El renueva sus misericordias (Lamentaciones 3:22–23). Si no somos misericordiosos, no podemos aspirar a la misericordia de Dios. Cuando realmente perdonamos y tenemos misericordia es cuando tendremos misericordia (Marcos 12:30,31; Mateo 6:12).

• Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios (v.8).
La palabra corazón en la Biblia se refiere a los sentimientos y a la mente, así que es de suma importancia que nuestra mente esté pura, libre de la contaminación y de malos pensamientos, para que nuestros sentimientos sean sanos. Es necesario lavar en la sangre de Cristo toda nuestra vida. El esfuerzo que hacemos para estar limpios el Señor lo recompensa. No somos perfectos, pero vamos en camino, y esto indica que hay que trabajar para la perfección. Dios nos recibe como somos, pero aspira a que avancemos en la fe, que crezcamos en El, y para ello hay que limpiar el corazón.

• Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios (v.9).
A medida que hay pureza en el corazón comienza a aflorar la paz en nuestras vidas porque ya no estamos en guerra con Dios; ahora estamos obedeciendo y tratando de ser como Jesús. La paz es el resultado de una vida limpia y entregada a Dios, donde los pecados, las culpas y los temores han sido puestos en sus manos. Ahora que conocemos la verdadera paz, no la del mundo, sino la que Cristo da (Juan 14:27), entendemos lo que es tener paz y estamos calificados para ser pacificadores. Dios no desea tener enemistad con el hombre, de hecho quiere ser nuestro amigo (Romanos 5:1).

• Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros (vs.10-12).
Los cristianos son los que verdaderamente poseen la salvación y no pertenecen a este mundo. Fueron llamados aparte por causa del evangelio y es claro que el mundo odia a Dios, por eso somos perseguidos de una manera o de otra. Podemos conformarnos a este mundo y no seremos atribulados; pero el cristiano real sabe que tendrá que padecer por amor a Cristo. Este mundo está en tinieblas y desprecia la luz. Nosotros somos la luz del mundo y somos la oportunidad que el mundo tiene para salvación porque Dios nos ha dado la tarea de evangelizar. En este camino habrá persecuciones, pérdidas y tristezas, pero nuestro galardón es grande en los cielos (Mateo 5:12).