Saturday, March 9, 2013

Llevó Nuestras Enfermedades


Por: Pastor Carlos A. Goyanes
“…para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.” ~Mateo 8:17
El Señor Jesús tomaba de su tiempo para atender a la gente. Vino a casa de Pedro y vio que la suegra de éste estaba enferma, en cama. La palabra de Dios dice que la tocó en la mano y se sanó de la fiebre que tenía. Según el Evangelio de Lucas era una gran fiebre (Lucas 4:38). Ella al verse sanada se levantó y les servía. Lo que el Señor hace en nuestras vidas es perfecto. La sanidad de la suegra de Pedro fue otro de los milagros de sanidad del Señor. Fue un milagro instantáneo que el Señor obró en favor de una mujer enferma. Es penoso ver cómo la gente que recibe tanto de Dios no le da gracias y no le sirve.
La palabra de Dios dice que entró en la casa de Pedro, y allí se encontró a la suegra de éste. Lo primero que podemos aprender de este pasaje es que Pedro era casado. El clero católico romano requiere que los sacerdotes no se casen, pero Pedro, que según ellos enseñan que fue el primer papa, era casado. Cefas era otro de los nombres de Pedro (1 Corintios 9:5). La palabra de Dios dice que prohibir el matrimonio es parte de la apostasía que vendría sobre la iglesia (1 Timoteo 4:1–3). El celibato sacerdotal no es obligatorio, y al hacerlo una doctrina fundamental de la iglesia los católicos están heretizando la fe, haciendo mandamiento de hombres.
Volviendo a nuestro tema, el Señor levantó a la suegra de Pedro, tocó su mano (Mateo 8:15), la tomó de la mano y la levantó (Marcos 1:31), inclinándose hacia ella, reprendió a la fiebre; y la fiebre la dejó (Lucas 4:39). De la misma manera reprendió los vientos y al mar, porque Él es el Todopoderoso Dios encarnado (Mateo 8:26). Con su sola presencia hay cambios en nuestras vidas. Él trae sanidad, paz, esperanza, seguridad y bonanza. La suegra de Pedro gozaba de sanidad completa porque la Palabra de Dios dice que ella se levantó y les servía (Mateo 8:15). Generalmente después de una fiebre la persona queda débil, pero ella les servía. Nuevas fuerzas reciben los que esperan en el Señor (Isaías 40:29–31; Salmo 92:10) y dedicar nuestras fuerzas para servirle es un privilegio que no podemos pasar por alto.
Él toma nuestras enfermedades y lleva nuestros dolores. Él nos sana de nuestras enfermedades presentes según su voluntad y nos da salud eterna. Cuando nuestros cuerpos cansados por el pecado fenezcan, resurgiremos a una nueva vida en Cristo Jesús. No estaremos enfermos para siempre del pecado porque Él los tomó todos en la cruz y venció la muerte para que nosotros vivamos (Juan 14:19). Él logró en la cruz nuestra excelsa salud de una manera eminente en su perfecta gracia, porque estando muertos en el pecado, resucitó para que viviendo Él, nosotros también vivamos (Juan 11:25).
El mundo agoniza en su febril estado, sus fuerzas se agotan y su fracaso es inminente, pero todavía hay esperanza en Jesucristo. Dios entregó a su Hijo en un esfuerzo mayor por alcanzar al hombre pecador. Él tomó nuestras enfermedades y no enfermó; tomó nuestros pecados, pero no pecó. Dios le hizo padecer como pecador para que nuestros pecados fueran perdonados. Jesús tomó nuestro lugar. Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él (2 Corintios 5:21). Dios quiso quebrantarlo sujetándolo a padecimiento por nosotros (Isaías 53:10). Hemos recibido aquí en la tierra al Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29).

El Verdadero Amor


Pastor Carlos A. Goyanes

1 Juan 4:7–13
La ciencia le ha dado al amor un carácter científico ya que según ellos las emociones están supeditadas a una serie de hormonas que actúan para que los sentimientos se produzcan. Quizás hay factores que influyen en que amemos a alguien, pero lo cierto es que fuera de todo alcance científico está el Creador de la ciencia que es Dios. Él ha puesto en nosotros un alma que excede todo conocimiento médico y toda teoría científica. Es lo espiritual y no lo material lo que ha traído al ser humano el amor. Por la declaración bíblica de que Dios es amor (1 Juan 4:8) entendemos que todo lo que concierne al amor humano proviene de Dios. Todo don perfecto desciende de Dios (Santiago 1:17). Si el amor ha de tratarse en términos científicos lo primero que debería estudiarse para entenderlo es a Dios que es la fuente del amor.
I. El verdadero amor es un sentimiento noble.
Lo que pasa en el corazón es muy importante para Dios. Sentir es importante porque nos mueve a misericordia, nos impulsa a la obediencia y nos fuerza a ser fieles. De todos los atributos de Dios, el amor es el que lo ha movido a misericordia. El amor es inentendible a la razón humana porque no depende de la lógica, ni lo sosiega el pecado. Dios ama al hombre a pesar de su pecado (Juan 3:16; Romanos 5:8); pero el que ama a Dios debe renunciar al pecado (Juan 14:15).
II. El verdadero amor es un compromiso.
El amor es un don de Dios que incluye un pacto. Tras este pacto hay un profundo compromiso que es irrevocable (Romanos 11:29). El amor no solo nos mueve a misericordia, sino que también nos mueve a obediencia. Por amor Dios hizo un compromiso de salvación. En algún lugar, en algún momento de la eternidad, antesde la fundación del mundo, el Dios Trino, por amor, hizo un pacto para salvar al hombre. Este pacto de amor fue cumplido por cada una de las partes y Jesús, el Hijo de Dios cumplió su parte al venir a morir por nosotros. Su compromiso fue realizado a cabalidad.
Amar no es tan simple. El sentimiento nos mueve a comprometer-nos, pero todo no se puede quedar en un mero sentimiento. El amor debe impulsarnos al pragmatismo. El romance evangélico trae consigo el éxtasis del amor, pero incluye el sacrificio y el sufrimiento por causa de los seres que amamos.
El amor no es enfermizo. Hay personas que tienen un amor enfermizo. Hay creyentes que piensan que si Dios es amor tiene que darles todo y eso no es correcto. El amor de Dios tiene dos direcciones si queremos una relación con El: el amor de Dios hacia el hombre y el amor del hombre hacia Dios. El amor incluye disciplina, el amor no permite lo malo. Dios no aceptará en el cielo, por mucho que ame al hombre, a una persona maligna y que no se haya arrepentido de sus pecados, ni a nadie que no haya hecho un compromiso con El. Es cierto que el amor todo lo sufre, todo lo espera, todo lo soporta (1 Corintios 13:7), pero demanda una respuesta recíproca. Dios ha esperado mucho tiempo por nosotros porque El todavía confía en nosotros. A pesar de nuestros pecados, Dios nos está dando oportunidad para nuestra salvación.
Alianzas rotas, pactos deshechos y compromisos olvidados han llenado la historia humana, pero el amor de Dios es fiel. El amor es un fruto del Espíritu (Gálatas 5:22) y la mayor de las virtudes (1 Corintios 13:13). Es un sentimiento profundo e inexplicable y es un compromiso divino porque viene de Dios. El verdadero amor se expresa en la obediencia y en amar lo que Dios más ama, que son los seres humanos.


Thursday, February 14, 2013

Los Dos Cimientos


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. ~Mateo 7:24
Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena… ~Mateo 7:26

Edificar puede que nos lleve mucho tiempo, sobre todo si ponemos nuestro empeño para hacerlo bien. Una casa no se construye de un día para otro. Al menos, en aquellos tiempos era necesario un fundamento firme y un lugar apropiado. Eso no ha cambiado. Los constructores de aquella época buscaban las piedras desnudas y resistentes para construir. Si era necesario, cavaban como mucho esfuerzo para llegar a la roca que afirmaría sus casas.
La casa que estamos construyendo representa nuestras vidas. Todos tenemos que construir, pero tengamos cuidado, no sea que estemos edificando sobre el terreno equivocado. Jesús enseñó que hay dos clases de constructores: los que oyen La Palabra, los que edifican sobre un terreno firme, la roca; y los que no oyen La Palabra y edifican sobre un terreno blando, o sea, la arena. Por supuesto, el Señor se estaba refiriendo con algo cotidiano a lo espiritual.
Los que edifican sobre la Roca han garantizado que sus moradas resistan los embates del tiempo (Mateo 7:24). La Roca representa a Cristo, en el cual debe estar puesta toda nuestra esperanza de salvación (Hechos 4:11–12). No estaremos exentos de las pruebas aun si nuestra casa espiritual ha sido fundada sobre la fe en Jesucristo, pero estaremos seguros de que los vientos doctrinales y los ríos de filosofías, por muy impetuosos que sean, no podrán contra ella. Lluvia, inundaciones y vientos fuertes representan las pruebas que nos sobrevendrán (Mateo 7:25). No podemos escoger las pruebas que tendremos que pasar en esta vida, solo vendrán. Las tentaciones, las persecuciones, necesidades, enfermedades, muerte, abandono, etc., son algunas de las cosas que sufriremos, pero si estamos sobre la Roca, resistiremos aunque nuestra casa se menee por la fuerza de ellas. En un mundo turbulento y tambaleante, donde el pecado y la maldad amenazan la vida de todo hombre en todo lugar, tenemos que asegurar que nuestra casa esté siendo edificada sobre la Roca.
Los que edifican sobre la arena edifican en la desesperanza de una vida corta y sin resultados a largo plazo (Mateo 7:26). Sus casas elegantes y su apariencia hermosa dan a entender que están seguros, pero cuando vienen los ríos de pruebas y los vientos de desesperanza, cae todo el edificio que construyeron y se quedan sin nada. El que construyó sobre la arena edificó con poco esfuerzo — era lo más fácil, era lo que no costaba trabajo. Fue holgazán para cavar en la roca. Le gustaba más lo superficial. Son muchos los cristianos que no están construyendo sus vidas sobre Jesús, sino sobre sus propias opiniones, intereses y deseos como lo hacían los escribas y fariseos (Mateo. 7:28–29).
Siempre van a haber tormentas en esta vida, pero resistirlas depende sobre qué fundamento está puesta nuestra casa espiritual: sobre la Roca, Cristo; o sobre la arena, lo que ofrece este mundo.

¿Dónde Está Tu Fe?


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.  ~Mateo 8:10
La fe es algo natural que deben tener los hijos de Dios, o al menos eso es lo que Dios desea. El espera que cada creyente tenga la certeza de que Él es y no hay otro como El. Jesús se maravilló de la fe del centurión romano, pero su maravilla mayor era que su fe sobrepasaba a la fe de los de su pueblo. Es algo controversial ver como alguien que creemos que no es hijo de Dios tenga más fe que nosotros los miembros de su iglesia. El mundo ya ha sido vencido por el Señor (Juan 16:33); pero a veces, parece que el mundo nos ha vencido a nosotros. Solo una persona que ha nacido en Cristo y tiene fe puede vencer al mundo (1 Juan 5:4).
Los cristianos hemos sido llamados a vivir por fe si queremos agradar a Dios (Hebreos 11:6). La gran diferencia entre los hijos de Dios y el mundo es la fe. Hacer la diferencia en estos tiempos modernos es difícil porque con frecuencia nuestra fe flaquea, pero si hay fe en el Señor, nos mantendremos al margen del mundo y daremos testimonio de lo que creemos. La vida diaria con sus retos amenaza nuestra fe y pone a prueba nuestros principios cristianos, pero nuestra fe debe ser algo genuino y no algo influenciado por lo que nos rodea.
El centurión romano tenía a cargo cien hombres, era una persona influyente y con poder; sin embargo, en un acto de fe nos dio varias enseñanzas:
1.     Dio el primer paso de fe: reconoció a Jesús como Señor (Mateo 8:2). Este es el primer y más grande paso para una relación de fe con el Señor. Al depositar su fe en el Señor, estaba reconociendo su señorío y grandeza.
2.  Se humilló al reconocer su indignidad y al decir que él estaba bajo autoridad (Mateo 8:8–9). Al advertir nuestra pequeñez delante de Dios damos lugar a la manifestación de su poder a través de nosotros al dejar que él tome el control de nuestras vidas. Estamos bajo autoridad, bajo el señorío de Cristo. No somos su centurión, sino sus soldados. Someterse es el problema del hombre rebelde que reclama su protagonismo en este tiempo presente. La Escritura nos dice que tenemos que someternos a Dios (Santiago 4:7).
3.  Creyó en el poder del Señor (…solamente di la palabra, y mi criado sanará…Mateo 8:8). También Jesús reconoció la fe de él (Mateo 8:10). La fe que se menciona en el pasaje no es el conjunto de principios bíblicos en los cuales descansa nuestra creencia, sino en la profunda convicción interior de que Dios puede obrar a pesar de lo difícil que parezca la solución del asunto que está delante de nosotros. Ese tipo de fe maravilla a Dios (Mateo 8:10).

Quiero, Sé Limpio


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. ~Mateo 8:2–3
Jesús había terminado de predicar su gran Sermón del Monte (Mateo 5–7) y ahora estaba rodeado de una gran multitud. La gente lo seguía porque sus enseñanzas eran diferentes a las enseñanzas hipócritas de los líderes religiosos de su época (Mateo 7:28–29). Sus enseñanzas eran superiores a las de los escribas y los fariseos. Un nuevo movimiento religioso se estaba formando basado en las enseñanzas de un verdadero profeta que también era el Hijo de Dios.
Mientras la gente competía por estar cerca de Jesús, algo los separó abruptamente. Era la llegada de un leproso que se acercaba al Señor (Mateo 8:2). Todos huían de la presencia de los leprosos porque estaban contagiados con una enfermedad que podría ser infecciosa. Aunque en nuestros días es raro ver un leproso por-que la lepra casi ha sido erradicada, en aquellos tiempos no existía el amparo de los medicamentos modernos y era necesario que los leprosos estuvieran lejos de la gente que estaba sana. Por eso se habían dictado leyes para ello (Números 5:1–4).
El legalismo judío extremaba las leyes de Dios haciéndolas insoportables al pueblo. De manera que, los leprosos se convertían en víctimas de la crueldad y el desapego de los hermanos de su nación. Todos huyeron, pero Jesús lo esperó. El leproso se postró delante del Señor y le dijo: “Si quieres puedes limpiarme.” Y el Señor les respondió: “Quiero, sé limpio.” La lepra lo dejó al instante (Mateo 8:2–3).
Hay tres enseñanzas que podemos sacar de las palabras de este leproso:
a. Reconoció a su Señor. El hecho de que desafiara toda aquella multitud que lo despreciaba, de que se postrara y dijera: “Señor, puedes limpiarme,” fue suficiente. Demostraba que creía en El.
b. Demostró que estaba bajo su voluntad cuando apeló a ella. Dijo: “Si quieres, puedes limpiarme.” Expresó con sus labios la posibilidad de que si el Señor no quería, no lo limpiaría. Los movimientos modernos evangélicos exigen a Dios una respuesta cuando la realidad es que Dios es soberano y El responderá como Él quiera. Jesús fue ejemplo de esto cuando en Getsemaní dijo al Señor: “…no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
c. Mostró con fe que Dios puede. En sus palabras, “si quieres, puedes limpiarme,” el leproso expuso su fe en el poder de Dios. Los fracasos de la vida cristiana están relacionados con la falta de fe. La fe produce obediencia a la Palabra de Dios. La Biblia dice: “es la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1).
La lepra tiene también un sentido simbólico en la Biblia. Representa la inmundicia del hombre, que es el pecado. No podemos pasar por alto nuestros pecados, porque el no obedecer a Dios enferma el alma y trae consecuencias desastrosas para la vida del hombre. Y la mayor de ellas es la muerte eterna, puesto que las consecuencias del pecado ya garantizaron la muerte física.
Todos los seres humanos estamos en el corazón de Dios, pero no siempre somos conforme a su corazón. Jesús tiene un gran interés en los que sufren, los que viven en la miseria, los que están sin esperanza. Él quiere salvarnos y dio su vida para eso. Sus palabras: “Quiero, sé limpio,” son también para nosotros. Como el tocó al leproso, quiere tocarte a ti con su divina misericordia para sanar tu alma (1 Juan 1:7).

Tuesday, January 15, 2013

No Todo El Que Me Dice: ‘Señor’


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. ~Mateo 7:21

Quizás los seres humanos puedan engañarse unos a otros, pero no a Dios. Existen “creyentes” que muestran cosas que al parecer agradan a Dios, pero el Señor Jesús advierte: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” La gran sorpresa se la llevarán aquellos que creen que sin obedecer al Señor podrán entrar en el reino de los cielos. Es cierto que las obras no salvan (Efesios 2:8–9); pero el que después de haber hecho una profesión de fe no obedece al Señor, es porque nunca le ha conocido. La obras que el Señor espera no son solo las obras que incluyen lo material, sino los frutos espirituales que muestran la obra del Espíritu Santo en sus vidas (Gálatas 5:22–25).
Muchos de los que enseñan, predican, dan de lo que poseen y profesan con sus labios al Señor en estos días viven muy lejos de la voluntad de Dios (Isaías 29:13). Ante la presencia de Dios serán descubiertos los falsos maestros y los falsos profetas, también serán revelados los falsos cristianos que abundan hoy en las iglesias. Muchos le dirán en aquel día al Señor: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Pero el Señor les dirá: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7: 22–23).
Todo creyente en todo lugar debe de estudiar Las Escrituras para poder identificar, si fuere posible, a los falsos maestros y predicadores que pululan en estos tiempos. El mensaje a medias de muchos predicadores modernos y el énfasis en los sentimientos más que en las convicciones ha hecho de esta época uno de los tiempos de más hipocresía espiritual y falsedad en la vida cristiana. Es necesario estar atentos para hacer diferencia entre los buenos y los malos maestros. Debemos de tener cuidado de no ser engañados por los que hablan en nombre de Cristo y acomodan a su manera y su estatus de vida las verdaderas enseñanzas de la Biblia. Si confesamos nuestra fe, debemos vivir nuestra fe según la palabra de Jesucristo. El solo hecho de repetir el nombre de Dios, no es suficiente, hay que aceptar al Señor con todos los planes que Él tiene para nosotros, y en sus planes está nuestra entrega y obediencia.
El honor y los principios no son tan importantes en estos tiempos. Bajo una piel de misericordia muchos esconden un corazón de maldad y una vida licenciosa (Mateo 7:15, 2 Timoteo 3:2–5). La traición a Dios y a nuestros semejantes se hace de una manera solapada, porque su interés es su bienestar y dar una imagen de piedad (2 Timoteo 3:2–5). Está de moda en los creyentes lo políticamente correcto pero no lo bíblicamente correcto. Vivimos en un mundo narcisista y esto se ha infiltrado en los creyentes. La imagen es lo que vale: ¿cómo luzco ante los demás, quedar bien, no ofender a nadie, etc. Le hemos arrancado muchos pasajes a la Biblia para no vernos en la obligación de creerlos y practicarlos, y para no ofender a la gente. Es necesario usar la Palabra de Verdad (1 Timoteo 2:21). Tenemos que volver al mensaje de una Biblia completa, no al de una Biblia disminuida. La gente necesita oír Palabra de Dios, no palabra de hombres.
El mundo no puede saber de la salvación si no les hablamos del pecado (Romanos 10:14, 17). El Señor desconocerá a los que hablan en su nombre con palabras falsas, los que no tienen un corazón dispuesto, los que no tienen el fruto del Espíritu y los que no obedecen, porque “no escaparemos si descuidamos una salvación tan grande”(Hebreos 2:3).

Saturday, January 5, 2013

Luz Para Toda la Humanidad


Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel. ~Lucas 2:32 
La luz no solo alumbra para unos pocos, alumbra para todos. Una luz que se pone en alto alumbra a todos los que están en casa (Lucas 8:16). La luz que vino de lo alto no solo alumbraba a Israel, también alumbraría a los gentiles con su cualidad reveladora (Juan 1:9). Físicamente estamos dotados de dos ojos que usan la luz para captar las imágenes; pero aun así podríamos andar en tinieblas a no ser que la luz de Dios alumbre nuestras vidas. La luz siempre ha sido para todos, pero algunos han pretendido apropiarse de ella. Los hebreos creían que la salvación era para ellos solos por ser los escogidos de Dios, pero Dios no solo escogió a los judíos, sino a toda la humanidad.
Desde tiempos antiguos Dios llamó de en medio de una generación perdida a un hombre. Este hombre fue Abraham. A él se le dijo que en él serían benditas todas las familias de la tierra (Génesis 12:1–3). Esto representaba a hebreos y gentiles. Tenían un mensaje que dar, pero creyeron que era para ellos solos, ignorando la promesa hecha a Abraham en el pasado. Como Simeón, hemos visto la Luz (Lucas 2:25-32). No una luz cualquiera, sino la Luz que alumbra a todo hombre que quiera ser alumbrado.
El mundo vive en tinieblas no porque no haya luz, sino porque cerraron las puertas y las ventanas de su corazón, y no han deja-do entrar la luz de Dios a sus vidas (Juan 1:4). Las tinieblas se han esforzado por cubrir a la humanidad que se ahoga en la obscuridad y la desesperanza; pero por muy profundas que parezcan las tinieblas, la Luz brilla (Juan 1:5). El nacimiento de Jesús fue un acto de Dios para manifestar su luz (Isaías 9:2).
Asociamos la luz con la revelación porque nos deja ver; asociamos la luz con la sanidad porque es esencial para nuestra vida diaria y nuestra salud; asociamos la luz con la dirección que hemos de tomar, como guía, porque es muy difícil orientarse sin luz. Esa luz que revela, que hace ver, esa luz que guía y sana es Jesucristo (Isaías 60:1–3).