Monday, April 23, 2012

Bienaventurados los Misericordiosos

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (Mateo 5:7).

¡Cuán preciosa es la misericordia! Es una virtud que viene de Dios. Cuando prende en el corazón de los mortales alivia al alma sufriente y da esperanza al que tiene necesidad. Así es la misericordia de Dios, tan grande que alcanza a todo aquel que le busca y libra a todo aquel que cree.

Es interesante saber que la palabra misericordia viene del hebreo hesed (חסד) que sugiere una relación íntima entre la misericordia y la justicia. Esto enseña que la misericordia no pasa por alto la justicia, pero el hombre se justifica en la misericordia de Dios. Si has recibido misericordia, es porque has cumplido tu parte del pacto que hiciste con Dios. La misericordia de Dios nos envuelve en su amor constante, pero demanda una actitud recíproca.

En el Nuevo Testamento la palabra usada es eleémon (elehmon del griego que se traduce en Mateo 5:7 como misericordia o compasión. La misericordia es uno de los atributos de Dios por el cual El expresa su bondad y amor para el que sufre. Es interesante que la palabra misericordia que usamos en nuestro idioma español venga del latín miser (miserable, desafortunado) y cordis (corazón). La misericordia puede ser fingida, pero la verdadera misericordia es una actitud interior que se deriva de una relación profunda con Dios que dura toda la vida. Tener misericordia es tener un momento de compasión por alguien que sufre o perdonar a alguien que nos ha hecho daño (Lucas 10:33). Pero ser misericordioso va más allá de un momento de piedad porque implica un deseo interior de servicio y tomar parte en la acción de ayudar a otros.

El Señor Jesucristo fue el gran ejemplo de la misericordia, nunca pecó, no hizo daño a nadie, siempre dijo la verdad, vino a salvar al hombre perdido y aun así lo vimos desde la cruz decir “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). También nosotros los que creemos en el Señor podemos ser ejemplo de misericordia para aquellos que nos desprecian, y nos difaman y en el momento que ellos quieran hacernos daño elevemos una oración a Dios para que se compadezca de ellos. Porque qué recompensa tenemos si devolvemos mal por mal u ofensa por ofensa (Proverbios 16:6; Mateo 6:14–15). Ser misericordioso es ser feliz (Proverbios 19:22a). Un ejemplo de la misericordia de un cristiano lo encontramos el la Palabra de Dios cuando un diácono de la iglesia de Jerusalén llamado Esteban pedía a Dios perdón para quienes lo apedreaban (Hechos 7:60).

El deseo de Dios es que los que han alcanzado la misericordia sean misericordiosos. La misericordia es un don de la gracia de Dios y es segura para el que la ejerce, porque Dios ha prometido que los misericordiosos alcanzarán misericordia (Mateo 5:7). Así que, debemos por las misericordias de Dios, presentar nuestros cuerpos en sacrifico vivo, santo y agradable a Dios (Romanos 12:1). Nosotros somos parte integral de la agencia terrenal de la misericordia de Dios que tiene su sede en el cielo, pero su oficina está aquí en la tierra y se llama la Iglesia de Jesucristo.

Monday, April 16, 2012

Bienaventurados los que Tienen Hambre y Sed de Justicia

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. ~Mateo 5:6

La justicia es uno de los aspectos de la vida que el hombre por su naturaleza caída descuida. En consecuencia se derivan muchos males a nivel social, personal y espiritual. La justicia abarca todos los aspectos de la vida y sino hay justicia, se carece de base moral para la vida.

Pero, ¿qué es la justicia? Según el diccionario, es "el conjunto de reglas y normas que establecen un marco adecuado para las relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas en la interacción de individuos e instituciones". La justicia de los hombres obtiene su modelo en la cultura, en la formalidad y en el pecado. Pero muchas veces lo que es justo para los hombres es injusto para Dios. De manera que, de la justicia a la que nos referimos aquí es a la justicia de Dios (Salmo 11:7).

Por muchos años la iglesia ha callado y no ha hablado de la justicia de Dios. No hemos hablado de la pesa falsa, el falso testimonio y la opresión. Es cierto que nuestra labor como creyentes es predicar el evangelio, pero es también denunciar la injusticia. Los profetas que fueron antes de nosotros denunciaron la injusticia y hablaron de la esperanza que viene de parte de Dios.

Jesús ilustró el deseo de justicia con dos necesidades humanas básicas: el hambre y la sed. Estas pueden ser saciadas pero se vuelve a tener hambre sed. Comparar el hambre y la sed con la necesidad de justicia significa que la lucha contra la injusticia no debe dejarnos satisfechos. Si hemos denunciado la maldad, debemos hacerlo de nuevo. Es como las iglesias que han crecido lo suficiente y se sienten cómodas, ya no tienen la necesidad de seguir evangelizando. No podemos acomodarnos a la injusticia. La lucha no debe detenerse, al menos no aquí en la tierra.

El propósito fundamental de la iglesia es evangelizar al mundo, pero también tiene que denunciar la injusticia. Los seres humanos han establecido su propia justicia que en muchas ocasiones es diametralmente opuesta a la justicia de Dios (Proverbios 11:18). La justicia del mundo es una conformidad con las reglas externas, la del creyente es una justicia interior, del corazón, de la voluntad y de la intensión. Esta es la clase de justicia por la cual deberíamos tener hambre y sed. La justicia bíblica es más que un asunto privado y personal, ella también incluye la justicia social que libera a los seres humanos de la opresión (Proverbios 14:34), promueve los derechos civiles (Salmo 82:3), lucha porque los veredictos en las cortes legales sean justos (Proverbios 12:17; 16:8), que haya dignidad en los negocios, y para que sea honorable el hogar y los asuntos familiares (Eclesiastés 5:8; 33:15-17).

Los cristianos estamos comprometidos a tener hambre y sed de justicia, no solo en nuestro entorno, sino con toda la humanidad (Isaías 32:17). En esta vida nuestra hambre nunca será completamente satisfecha, ni nuestra sed totalmente saciada; de igual manera debe ser nuestra justicia. De lo que sí estamos seguros es que llegará el día en que seremos saciados por la eternidad (2 Timoteo 4:8).

Monday, April 9, 2012

Un Mensaje de Esperanza

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Nuestro Señor Jesucristo vive y reina para siempre. El murió en la cruz y fue puesto en una tumba; pero al tercer día resucitó de entre los muertos. Su resurrección le dio significado a nuestra fe porque si Él vive, nosotros también viviremos (Juan 14:19).

1. La resurrección de Cristo es la base de nuestra fe.
Dios mostró su poder cuando creó los cielos y la tierra y todo lo que hay en ellos. Pero cuando se humanó, mostró su verdadera grandeza. Dios no tiene limitaciones. Hizo cosas tan grandes como el universo y cosas tan pequeñas como una hormiga. Aun sí todas ellas hablan del amor de Dios. Lo magnífico de Dios se mostró en el acto de haberse hecho tan pequeño como un hombre al tomar forma humana (Filipenses 2:5–8) y tan grande al haber vencido la muerte el día de su resurrección (Efesios 1:17–20). El poder del Señor es tal que la muerte no podía retenerlo (Hechos 2:24). Nuestra fe se hace fuerte en la resurrección del Señor porque Él vive. Job lo creyó antes de verlo y lo manifestó por la fe (Job 19:25). Nosotros hoy nos aferramos a esa esperanza de vida que solo Dios ofrece a través del sacrificio y la resurrección de Cristo.

2. Ya hemos vencido.
La resurrección de Cristo es nuestras gloria y nuestra victoria. Nuestro Rey triunfante se levantó y nosotros contemplamos su gloria (Juan 1:14), meditamos en su poder y confiamos en sus promesas. Podemos decir que somos más que vencedores por medio de El (Romanos 8:37). Mientras el apóstol Juan estaba preso en la isla de Patmos el Señor le dio esperanza cuando le dijo: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén.... (Apocalipsis 1:17–18). Hay aflicción y dolor en este mundo, hay rechazo y oposición a los cristianos, pero debemos confiar, porque Cristo ha vencido (Juan 16:33).

3. Por su resurrección ahora somos sus testigos (1 Corintios 1:4, 6).
Su gran comisión nos dejó la tarea de ir por todo el mundo y predicar en todas las naciones para hacer discípulos de todas ellas (Mateo 28:18–20). Nosotros somos testigos porque el Espíritu Santo que vive en nosotros nos da testimonio de que Cristo vive (Hechos 1:8). La fe que hay en nuestros corazones se acrecienta en el poder del Espíritu. No debemos avergonzarnos del Señor delante de los que ponen a prueba nuestra fe, porque nuestro Señor es más poderoso que todo lo creado (Romanos 1:16, 17). Él vive y reina para siempre. Las tumbas de los grandes líderes religiosos de la historia contienen sus cuerpos, ninguno de ellos fue capaz de vencer; pero la de Cristo está vacía. Nadie se ha levantado de entre los muertos jamás, excepto Jesucristo.

Nosotros vivimos bajo la esperanza de la resurrección porque Él resucitó. Una promesa de vida que dio a los que creyeron en Él (Tito 2:13).

Monday, April 2, 2012

Lo Que El Mundo No Reconoció

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

¡Bendito el rey que viene en el nombre del Señor; paz en el cielo, y gloria en las alturas! ~Lucas 19:38

Cuando Jesús nació nadie lo esperaba. Tenían las profecías del tiempo en que el Mesías habría de nacer, pero ni aún los eruditos de Las Escrituras lo estaban esperando (Daniel 9:24–27; Mateo 2:1–6). Llegó el Rey a este mundo sin una corte que lo recibiera ni una alfombra en la cual suavemente descansaran sus pies, sin una cuna que lo acogiera, sin lujos ni vanidad. Si lo hubieran estado esperando, el recibimiento hubiese sido como el día en que entró en Jerusalén.

Varios cientos de años antes de que naciera Cristo, los líderes judíos comenzaron a creer y propagar dos enseñanzas erróneas. Ellos enseñaron que las Sagradas Escrituras no podían ser tomadas literalmente porque no estaban literalmente inspiradas por Dios, y por lo tanto contenían errores y también enseñaron que las profecías no podían ser tomadas literalmente, sino espiritualmente. Libros proféticos tales como Daniel ni siquiera se continuaban enseñando porque contenían demasiada profecía. Después de que pasaron varias generaciones, los líderes espirituales judíos de los tiempos de Jesús estaban completamente desapercibidos de esta profecía. Por lo tanto, ellos estaban inadvertidos del tiempo de su visitación (Lucas 19:41–44).

Pero las profecías se cumplieron y Jesús entró a Jerusalén sobre un asno joven el cual nadie había antes montado (Zacarías 9:9; Lucas 19:30–35). A su llagada la gente tapizaba el piso con sus mantos y ramas de los árboles. La algarabía era tan fuerte que ensordeció los oídos celosos de los líderes religiosos judíos, a tal punto que le pidieron al Señor que mandara a callar a la gente; pero Él les respondió que si ellos callaban las piedras de las calles clamarían (Lucas 19:39–40). Pocos días después la multitud gritaba ¡crucifícale! No entendían a qué había venido Jesús. Esperaban un líder político, un estratega militar descendiente de David que los librara del yugo romano, por eso gritaban hosanna que significa sálvanos ahora. No creyeron que Jesús venía a librarlos de la verdadera esclavitud: el pecado. La esperanza de los judíos estaba puesta sobre su liberación terrenal y no avistaban lo que era su paz porque sus ojos estaban cubiertos (Lucas 19:42). A veces nos alejamos tanto de casa que no sabemos como regresar. Creían en Dios, pero se habían alejado tanto de El que no sabían que Aquel Varón de Dios que montaba sobre ese pollino de asno era su Rey.

La Palabra de Dios dice enfáticamente que Jesucristo vino con un solo propósito a lo suyo vino y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios (Juan 1:11–12). No le recibieron como lo que era realmente, el Salvador y redentor de la humanidad, la paz, el amor, la bondad, el poder y la misericordia. JESÚS es su nombre, que es sobre todo nombre, y en su nombre se doblará toda rodilla (Filipenses 2:9–11).

Monday, March 26, 2012

Bienaventurados los Mansos

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. ~Mateo 5:5

La palabra mansedumbre viene del adjetivo griego praus. En español hay que describir la mansedumbre con varias palabras y significa humilde, manso, dócil, suave, alguien con un carácter sosegado, tranquilo. Cuando Jesús fue bautizado la Palabra de Dios dice que descendió el Espíritu Santo en forma de paloma (Juan 1:32). Juan no presentó a Jesús como el Rey que vendría a vencer, sino que dijo: He aquí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1:29). Estos dos animales representan la mansedumbre, ya que poseen esta cualidad. En Juan 10 Jesús nos dice que El da su vida por las ovejas. En estos pasajes que hemos citado hay tres animales que se destacan por su mansedumbre, el cordero, la paloma, y la oveja. Los dos primeros fueron zoomorfismos del Señor y el tercero representante de los creyentes. La mansedumbre es una cualidad que debe destacarse en los hijos de Dios como uno de los frutos del Espíritu Santo que nos ha sido dado (Gálatas 5:22–23).

La mansedumbre no es algo meramente exterior, es algo interior. Es algo que tiene que ver con la obra del Espíritu Santo en nosotros y que nos capacita para aceptar la obra de Dios sin protestar y sin rebelarnos. El Espíritu Santo lo hace para que nos dobleguemos a la voluntad del Señor en lo que parece bueno y en lo que parece malo para que no nos rebelemos a la voluntad de Dios, entendiendo que Él está trabajando en nuestras vidas.

Jesús se identificó como manso y humilde (Mateo 11:29). Es de pretenderse que quien dijo estas palabras sea objeto de escrutinio. Pero El como el caballero de Dios no solo fue el que promulgó estas palabras, sino que abundantemente cumplió con todas las expectativas de Dios en su propia vida terrenal dándonos un ejemplo a seguir al ponerse por completo bajo la voluntad del Padre (Isaías 53:7). El no protestó, no se rebeló, el dejó que el Padre hiciera lo que había establecido. Una de las características del manso es que es sumiso y Jesús se puso bajo la autoridad de Dios (1 Pedro 2:21-24) en todo su ministerio terrenal. Aun en los momentos más duros, desde el Getsemaní hasta la cruz, dejó que se hiciera la voluntad del Padre (Lucas 22:42).

Este fruto del Espíritu Santo es desarrollado en nosotros cuando estamos bajo la autoridad de Dios, cuando no argumentamos con los porqués, sino que aceptamos Su voluntad en nuestras vidas sin importar lo que sea, sabiendo que Dios quiere lo mejor para nosotros. Dios quiere tratar con nuestro carácter, pero por causa del pecado y la rebelión que hay en nuestras vidas nos resulta difícil cuando alguien quiere imponernos algo. Dios trata de persuadirnos con amor y pacientemente educa nuestras almas a través de su Palabra para que podamos entender nuestra naturaleza caída y ser mansos, capaces de soportar el dolor, de no amotinarnos contra Dios y sufrir penalidades como buenos soldados de Jesucristo (2 Timoteo 2:3).

Es feliz el manso, ya que está a la mano de su Señor, el cual le dice que herede la tierra con su mansedumbre y no con conflictos, guerras y disensiones a las cuales los seres humanos estamos acostumbrados. Ser manso no es ser falto de autoridad, sino que es tener control sobre las circunstancias que nos rodean y aceptar quién está por encima de nosotros. Dios está por encima de nosotros, pero también hay personas que están por encima de nosotros, y a veces creemos que no vienen de Dios, al menos eso nosotros creemos, pero esas personas que a veces no nos agradan, han sido puestas por Dios para pulirnos y aprender mansedumbre.

Cuando tratamos con lo difícil nos damos cuenta de nuestro límite y tenemos que pedir la ayuda del Espíritu Santo para mantener intacto nuestro testimonio. Si no aprendemos a sujetarnos a las personas que están sobre nosotros, más difícil será someternos a Dios que no hemos visto. No es por fuerza, sino con el Espíritu de Dios (Zacarías 4:6). Ser manso no tiene que ver con tu capacidad, sino con la voluntad de Dios. No se trata de lo que tú piensas, sino de lo que Dios quiere para ti.

Monday, March 19, 2012

Siervas del Señor

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. (Gálatas 3:28).

Jesús vino a restablecer el lugar de la mujer dentro del ministerio cristiano. Nunca fue el propósito de Dios rebajar y destituir a la mujer del lugar que Él le dio desde el día que la creó. Esto lo hizo el pecado que desbalanceó en la mente de los seres humanos el verdadero propósito de Dios para nosotros. Dios realzó a la mujer dándole grandes privilegios: Fue una mujer el medio por el cual Jesús vino al mundo, fueron las mujeres las primeras en saber que Jesús era el Mesías, y fueron las primeras en conocer acerca de la resurrección del Señor. Es interesante que esto haya ocurrido así en medio de una sociedad en la cual la mujer no era considerada como importante.

Cuando Dios creó al hombre y a la mujer, le asignó a ambos la tarea de señorear la tierra (Génesis 1:27–28). No es el propósito de Dios que el hombre se enseñoree de la mujer; ambos fueron autorizados por Dios para asumir la tarea de sojuzgar la Tierra.

En Las Escrituras encontramos muchas mujeres que ocuparon posiciones de liderazgo en la vida religiosa, en la civil, y en la familiar. Es interesante conocer esto ya que muchos creyentes creen que hay ciertas tareas que están reservadas solo para los hombres.

En el Antiguo Testamento, ser profeta era la más alta función religiosa. El pueblo tenía que venir al sacerdote para que este fuera el intermediario con Dios, pero Dios le hablaba al sacerdote a través del profeta. Entre estos profetas se cita a María, que había sido nombrada por Dios como líder sobre Israel, junto con Moisés y Aarón, según leemos en Miqueas 6:4.

Débora — En el libro de los Jueces se menciona a la profetisa Débora que gobernaba en Israel. Ella dio información procedente de Jehová a Barac (Jueces 4:4–7, 14–16). Ella fue la que dio palabra de Dios a un varón.

Hulda — Profetisa que ejerció su ministerio durante el reinado de Josías (2 Crónicas 34). Esta mujer fue usada por Dios para enseñar su voluntad a un rey, a un Sumo Sacerdote, y a todo un pueblo, promoviendo una reforma religiosa de gran alcance (2 Crónicas 34:22–28).

La esposa de Isaías — Isaías llamó a su esposa “la profetisa” (Isaías 8:3).

En el Nuevo Testamento también tenemos ejemplos de mujeres que ocuparon un papel preponderante en el ministerio del Señor. Ellas sirvieron como colaboradoras, como líderes, como profetas, como evangelistas, y en toda clase de ministerios.

Ana — Una anciana que era profetisa. Ella “nunca faltaba del templo, rindiendo servicio sagrado noche y día con ayunos y ruegos,” “daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.” (Lucas 2:36–38).

Febe — Diaconisa de la iglesia de Cencrea (Romanos 16:1–2). La palabra griega que usa Pablo para referirse a Febe es “prostátis” que denota a alguien que está al frente, alguien que preside.

Priscila — Colaboradora de la obra del Señor (Romanos 16:3) que arriesgó su vida junto a su esposo por ayudar a Pablo.

Podemos citar muchos nombres de mujeres que están en la Palabra de Dios, en la historia de la iglesia, y en nuestra iglesia local como ejemplo digno de servicio, liderazgo y colaboración en la obra, para que estos ejemplos no dejen lugar a dudas del papel que ha asumido y asume la mujer en el ministerio de la obra del Señor. Desde el comienzo ellas han sido fieles colaboradoras y siervas en el servicio del Señor en la iglesia de Jesucristo. El impedimento para que ellas se desarrollen en la obra ha sido el pecado, el machismo, la ignorancia que tienen algunos de Las Escrituras, el celo y el deseo de los que quieren establecer el ministerio del Señor como algo exclusivo a los hombres.

Tuesday, March 13, 2012

Yo Soy la Luz del Mundo

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. ~Juan 8:12

Hay una interrogante que han tenido los seres humanos a través de los siglos y es el descubrir ¿qué es la luz? Diferentes teorías se han ido desarrollando para interpretar la naturaleza de la luz hasta llegar al conocimiento actual. Las primeras aportaciones conocidas son las de Lepucio (450 a.C.) perteneciente a la escuela atomista, que consideraban que los cuerpos eran focos que desprendían imágenes, algo así como halos oscuros, que eran captados por los ojos y de éstos pasaban al alma, que los interpretaba.

Los partidarios de la escuela pitagórica afirmaban justamente lo contrario: no eran los objetos los focos emisores, sino los ojos. Su máximo representante fue Apuleyo (400 a.C.); haciendo un símil con el sentido del tacto, suponían que el ojo palpaba los objetos mediante una fuerza invisible a modo de tentáculo, y al explorar los objetos determinaba sus dimensiones y color.

Dentro de la misma escuela, Euclides (300 a.C.) introdujo el concepto de rayo de luz emitido por el ojo, que se propagaba en línea recta hasta alcanzar el objeto. Pasarían trece siglos antes de que el árabe Ajasen Basora (965-1039) opinara que la luz era un proyectil que provenía del Sol, rebotaba en los objetos y de éstos al ojo.

¿Qué es la luz? Los sabios de todas las épocas han tratado de responder a esta pregunta. Los griegos suponían que la luz emanaba de los objetos, y era algo así como un ‘espectro’ de los mismos, extraordinariamente sutil, que al llegar al ojo del observador le permitía verlo.

De esta manera los griegos y los egipcios se abocaron a la solución de estos problemas sin encontrar respuestas adecuadas. Todavía no sabemos exactamente qué es la luz. Entre las teorías contemporáneas, algunos dicen que es una onda electromagnética, otros que es energía, y otros que es materia. Lo que sí sabemos es lo que hace la luz.

1. La luz revela
No hay nada más preciado por el hombre que poder ver. La óptica es la parte de la física que estudia la luz y los fenómenos relacionados con ella, y su estudio comienza cuando el hombre intenta explicarse el fenómeno de la visión. La Biblia habla de varios casos de ceguera. Los ciegos son personas que tienen muchas limitaciones. El no poder ver trae como consecuencia el no poder caminar con libertad, el no tener acceso a los colores y las imágenes, etc. La luz revela todas las cosas. Jesús vino a un mundo de ciegos a revelar el plan de Dios y a mostrarnos que Él era esa luz de la cual nos escondimos por mucho tiempo para que nuestras maldades no fueran reveladas (Jeremías 33:6; Lucas 2:25–32; Juan 3:19–21).

2. La luz alimenta
Las plantas necesitan de la luz para producir los alimentos que comen los animales. A la vez los seres humanos se alimentan de plantas y animales. Es toda una cadena alimenticia que comienza con la luz. El hambre es una de las principales causas del sufrimiento de la humanidad. Se sufre por hambre física y se sufre por hambre espiritual. La luz del mundo que trajo el Pan de Vida alimenta a un hombre desnutrido espiritualmente que enflaquece por inanición espiritual. Si el cuerpo necesita de alimento, el alma también (Juan 6:35, 48, 51).

3. La luz calienta
Los animales de sangre fría obtienen su energía para comenzar el día cuando los primeros rayos del sol salen en la mañana y son calentados sus cuerpos por ellos. ¿Qué sería de este mundo si no hubiera Luz? No existirían las plantas ni lo animales. Con la luz vino la esperanza de la vida terrenal. ¿Qué sería de los seres humanos si la Luz del mundo, Jesucristo, no nos hubiese iluminado? Con la luz de Dios vino la esperanza de la vida eterna (Isaías 60:1). En este siglo de luces hay una gran obscuridad en las almas de los hombres. Nuestra súplica va dirigida a todo hombre en todo lugar para que abran su corazón a Cristo, se arrepientan y lo dejen entrar para que sus almas sean iluminadas (Hechos 17:30).