Hijo mío, fruto de mis
entrañas, respuesta de Dios a mis ruegos, ¿qué más te puedo decir?
~Proverbios 31:2
El libro de los
Proverbios comienza con los consejos de un padre y termina con los consejos de
una madre. Entre los más grandes consejos de la Palabra de Dios se encuentran
los consejos de una madre. Un rey inspiró su vida sobre ellos y los tomó para
sí como un tesoro de mucho valor—este fue el rey Lemuel. Su madre primero apeló
a su derecho maternal para darle estos consejos valiosos (Proverbios 31:1–2) y
luego le dio tres consejos que guiaron toda su vida. Este rey Lemuel, según se
menciona en el libro de los Proverbios, era de Masá, de los hijos de Ismael;
aunque la tradición judía lo reclama diciendo que este era un apodo del rey
Salomón. Si era de los hijos de Ismael, esto demuestra que algunos de los
descendientes de Abraham por la línea de Ismael observaron la fe bíblica.
No es casualidad
que estos tres consejos aparezcan en la Palabra de Dios, porque para Dios no
hay casualidades. Son tres consejos que aún se mantienen vigentes para nuestros
hijos y para nosotros hoy:
Primer Consejo: No Te Corrompas
Sexualmente (Proverbios 31:3)
La inmoralidad
sexual es el pan de cada día en el mundo y está alcanzando de una manera
sorprendente a la juventud de hoy a pasos agigantados. Es tan actual como en
los días del rey Lemuel. El pecado de la inmoralidad sexual ha derribado a
reyes de su trono, ha depuesto a presidentes y a corporaciones, ha separado
familias, destruido la vida de esposos, esposas y pastores. Este pecado ha
hecho caer a todo tipo de personas que se han envuelto en él. Toda la fuerza,
vigor y autoridad se pierden tras la inmoralidad que veta la razón con su
engaño solapado, pero de terribles consecuencias. Si este hombre era Salomón (según
la tradición judía), cabe notar que lo
que desvió su corazón no fueron sus riquezas, sino las mujeres. Olvidó los
consejos de su madre. Si esto le sucedió a poderosos y a reyes, puede sucederte
a ti.
Segundo Consejo: Cuídate de las
Bebidas Alcohólicas (Proverbios 31:4-7)
En la Biblia
aparece la historia de los dos hijos de Aarón que por ofrecer fuego extraño a
Dios fueron muertos (Levítico 10:1–2). Pero su descontrol estaba dado por el
licor ya que se dieron a la bebida alcohólica, de manera que su entendimiento
se corrompió y se anularon sus pensamientos e hicieron lo malo ante los ojos de
Dios. Siendo sacerdotes del pueblo de Israel entraron borrachos a ofrecer
incienso a Dios. Esto les costó la vida. Después de este incidente, Dios le
reclama a Moisés que todo el que entre en su santuario no puede beber licores
(Levíticos 10:8–10). Es triste ver cómo los hijos ignoran el consejo de sus
madres y se entregan a la vergüenza del alcoholismo que los desarma moral y
espiritualmente. Hay creyentes sumidos en el liberalismo del alcohol y las
mujeres; pero la Palabra de Dios, y a través del consejo de una madre, dice que
no es propio de reyes hacer esto. Somos los hijos del Rey y no debemos caer en
este mal testimonio.
Tercer Consejo: Se Justo
(Proverbios 31:8–9)
La justicia está
tan corrompida que ya no sabemos distinguir entre lo que es justo y lo que no
lo es. Es necesario que miremos al más grande Modelo de justicia y escuchemos
Sus palabras. Este modelo es Dios quien es el hacedor y creador de toda
justicia, no la humana, sino una que trasciende todo entendimiento para
rescatar lo bueno que queda en la humanidad, que de no ser por Dios, sería
totalmente destruida. Esta justicia que comienza en Dios debe ser impartida a
toda la familia, iglesia y nación. Leyendo el Oráculo Divino podemos comprender
que la justicia de Dios es para nuestro bien.
Agradecemos a la
madre de Lemuel por estos consejos que Dios inspiró en su corazón. ¡Qué hermoso
es saber que Dios no hace acepción de persona! Tanto hombres como mujeres son
usados de igual manera por Dios para dar un mensaje de moralidad y justicia a
un mundo que se pierde por no escuchar sus consejos. ¡Gracias
Dios por los consejos de nuestras madres cristianas!
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