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Friday, November 22, 2013

Una Generación Mala y Adúltera

Por: Pastor Carlos Goyanes

“Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.” 
~Mateo 12:38-39

Generalmente observamos que las personas incrédulas demandan señales, milagros y manifestaciones visibles de las maravillas de Dios; pero tristemente muchos habiéndolas visto se condenan aún más al despreciar la gracia y el amor de Dios. El Señor le dijo al apóstol Tomás: “Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron”  (Juan 20:29). En eso consiste la fe, de manera que, el que le demanda señal a Dios es porque carece de fe. Los que sin ver han creído reciben gran galardón de parte de Dios porque han alcanzado una fe poderosa. Nuestro Dios no está obligado a mostrarnos nada para que nosotros en nuestro orgullo decidamos si creemos en El o no; por el contrario, somos nosotros los que necesitamos de Él.

La Palabra de Dios dice en este pasaje que algunos de los escribas y fariseos le demandaron señal al Señor. Su objetivo era desacreditarlo y tener una ocasión para criticar y condenar a Jesús. Para ello usaron la adulación llamándole “Maestro”, cuando ellos realmente lo consideraban como algo despreciable y problemático. Así es la generación mala y adúltera, es una generación “religiosa” y sin fe, demandante de señales para apoyarse en ellas como trofeos de un Dios poderoso, pero sin convicciones; con una fe sin profundidad porque no han ahondado sus vidas en Dios. Esto ha resultado en la práctica de religión superficial y vacía que no alcanza a satisfacer las demandas espirituales de sus seguidores. Esta es la razón por la cual los seres humanos demandan señal de parte de Dios.

Dios no dará señal a los incrédulos, sino la señal de Jonás. Así como Jonás estuvo tres días en el vientre de aquel gran pez, como muerto y olvidado para después aparecer vivo en Nínive para predicar el mensaje de Dios, uno mayor que el profeta Jonás, Jesucristo, estaría muerto por tres días para después resucitar y aparecer a sus seguidores, dando el mensaje más poderoso jamás dicho con su propia muerte y resurrección para llevarnos a la vida eterna bajo su propia promesa (Juan 14:19c – “porque yo vivo, vosotros también viviréis”).

Los que exigen señales son los que viven en la dimensión de la carne y de las cosas exteriores. Dios busca en el interior, en el corazón del hombre, allí donde sólo El ve, puede entrar y hacer un cambio; pero tú tienes la llave y Él nunca ha forzado ninguna puerta. Dios nos ha dado señal. Los milagros, las visiones y todas las demás señales no aumentarán la fe porque la fe no depende de ellas, sino de un corazón que realmente ame a Dios. En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan” (Hebreos 11:6 BAD).

Monday, June 3, 2013

¿Ver Para Creer?

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Mientras salían ellos, he aquí, le trajeron un mudo, endemoniado. Y echado fuera el demonio, el mudo habló; y la gente se maravillaba, y decía: Nunca se ha visto cosa semejante en Israel. Pero los fariseos decían: Por el príncipe de los demonios echa fuera los demonios. ~Mateo 9:32–34

Muchos milagros hizo Jesús y los fariseos cerraron sus ojos para no ver. Así está el mundo de hoy. ¡Cuántas maravillas vemos a nuestro alrededor! Pero no son suficientes para que la gente crea en Jesucristo. Los fariseos creían en Dios, pero negaban a Jesucristo estando rodeados de milagros. Los milagros no tienen el poder de producir la fe. Muchos dicen que si pudieran ver un milagro creerían en Dios; pero eso es falso. Hemos visto a personas que han venido a nuestras iglesias y han sido curadas milagrosamente por la mano de Dios y después se han ido al mundo de nuevo.

Dios habló en el pasado a la humanidad de muchas maneras y aun lo hace (Hebreos 1:1–2). Sus métodos y formas han sido muy variados para tratar de llamar nuestra atención, pero muchos lo han ignorado.

Dios nos habla a través de la naturaleza (Salmo 19:1). La naturaleza es el cuadro que Dios colgó perpetuamente ante nuestros ojos para que cada día veamos su grandeza. No hay excusa para no creer en Dios al enfrentarnos a la inmensidad de la creación (Romanos 1:20). Dios se muestra de lo invisible a lo visible para darnos una muestra de su eterno poder y deidad.

Dios nos habla a través de nuestra conciencia. La conciencia, la voz de Dios a la mente humana, nos insta a discernir entre lo bueno y lo malo, y a evaluar nuestras acciones. Dios puso un código de conducta en el hombre mucho antes de entregarle la ley. El hombre siempre supo que era un pecador, pero lo negó y su conciencia lo ha inquietado desde entonces (Salmo 16:7).

Dios nos habla a través de su Palabra. La Biblia es el libro de Dios. En ella están escritas todas las cosas necesarias para nuestra salvación y para que vivamos una vida santa delante del Señor. En medio de la obscuridad de nuestros pasos ella ilumina nuestro camino (Salmo 119:105). Nos habla del pecado, de la redención de Dios y del plan que Dios tiene para ti. ¡A cuántos profetas a lo largo de los siglos Dios envió para predicar su Palabra! Lo que hoy como creyentes vivimos en el Señor es el resultado de esos hombres y mujeres valientes que aun ante la muerte no claudicaron y sin cejar enseñaron Su Palabra.

Dios nos habla a través de su Hijo. Su más grande y gloriosa manifestación la hizo a través de su Hijo Jesucristo (Hebreos 1:2,3), el cual tomó forma humana siendo igual a Dios para venir a nosotros (Filipenses 2:5–8), hombres pecadores, y dar su vida por nuestro rescate. Dios decidió comunicarse con el hombre, ya no por medio de los profetas, sino a través de su Hijo. Esta gran noticia de salvación tiene que ser anunciada en todo el mundo y se le ha dado este privilegio a la iglesia como el más riguroso mandato (Mateo 28:18–20).

No nos asombremos si ocurren los milagros y la gente no cree, porque de los que dicen como Tomás que tienen que ver para creer hay muchos. Enseñemos al mundo lo que significa el sacrificio de Cristo y oremos para que haya más fe aun cuando no haya milagros. No olvidemos que el mayor milagro está en una vida cambiada por la fe de Jesucristo. Los otros milagro son temporales; pero éste es eterno (1 Juan 15:11–13).