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Saturday, March 4, 2017

Ayes Sobre la Superficialidad

Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.
Mateo 23:13
El Señor pronunció—casi al final de su ministerio y en la última semana de su vida allí en Jerusalén—ocho ayes a los líderes religiosos judíos en un último esfuerzo por denunciar la hipocresía y la maldad de ellos. Estos ayes de advertencia y condenación no eran ajenos al pueblo de Israel ya que algunos profetas del Antiguo Testamento profirieron ayes también (Isaías 5:8-23; Habacuc 2:6-19).

1.      Ay de los que Cierran el Reino de los Cielos
Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando (Mateo23:13).
Para los líderes religiosos, eran más importantes las tradiciones humanas y sus reglas religiosas humanas que la Palabra de Dios. Sus enseñanzas opuestas a la voluntad de Dios demuestran que sus discípulos jamás encontrarían por ese camino la entrada al reino de los cielos. Sus razonamientos egoístas y su deseo de poder vetaban sobremanera las enseñanzas que Dios quería que su pueblo obtuviera. Por eso no recibieron al Mesías; no le podían reconocer como tal porque sus obras eran malas y no estaban dispuestos renunciar a ellas. Así cerraban el reino de los cielos a sus seguidores. Eran piedra de tropiezo para aquellos que con corazón sincero deseaban acercarse a Dios. Así hay muchos hoy que, envanecidos en sus pensamientos y falsas enseñanzas, amontonan con sus falacias a aquellos que con comezón de oír buscan una verdad de Dios porque tienen necesidad espiritual; pero quieren que el mensaje satisfaga sus deseos personales (2 Timoteo 4:3). Como mensajeros de Jehová de los ejércitos los labios de los sacerdotes debían guardar el conocimiento de Dios (Malaquías 2:7); pero ellos lo profanaron de manera que no entraban ellos ni dejaban entrar a otros.

2.      Ay de los que Usan lo Espiritual Para Despojar de lo Material
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación (Mateo 23:14).
Por la necesidad espiritual de las personas muchos líderes religiosos roban usando como pretexto su espiritualidad. Esto no es nada nuevo porque los escribas y fariseos saqueaban las casas de las personas más necesitadas de su tiempo, las viudas, que desamparadas buscaban alivio espiritual en ellos. De esta manera obtenían grandes donaciones que hundían a las personan aún más en su pobreza. Conocí a un creyente que fue con una necesidad espiritual a una de estas iglesias y lo convencieron para que donara su carro. Él me dijo: Pastor, entré allí con un problema y salí de allí con dos problemas. Es que no resolvió su necesidad espiritual y ahora tampoco tenía carro para ir a su trabajo. Hay personas que se dejan convencer por las oraciones largas y convincentes, cargadas de elocuencia y palabras dulces, llenas de lógica y bien formadas; pero Dios escucha la oración del corazón, aquella que levanta el alma y estremece las puertas de los cielos.

3.Ay de los que Tienen Celo de lo que Creen; pero están lejos de Dios
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros (Mateo 23:15).
Es común ver en nuestros días grupos religiosos que tienen un celo ardiente por ganar adeptos para la fe que ellos profesan; pero ¿probará esto que ellos están bien con Dios? Un engaño más de satanás es hacer ver que la religiosidad sin una sana doctrina es suficiente para alcanzar el cielo y esto es falso (1 Timoteo 1:16). ¿Todo el mundo es bueno y todos van al cielo? ¿Están descansando? Por supuesto que no; sin embargo, esa es la imagen que dan algunos ministros de aquellos que han partido, estos son los mensajes que escuchamos en las exequias. No descansan aquellos que no han creído y entregado sus vidas a Jesús. Estos prosélitos que los judíos conquistaban con gran esfuerzo no tenían un final duradero (eternidad con Dios) porque no los convertían a Dios, sino a tradiciones humanas.

4. Ay de los que Usan el Nombre de Dios en Vano
¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor. ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? (Mateo 23:16, 17).
No juraban por el nombre de Dios por obediencia (Éxodo 20:7); pero prepararon un sofisticado sistema de juramentos. Así que daban valor en sus juramentos al oro del tempo más que al templo en sí mismo. Sin embargo, el templo, que era la casa de Dios, era más importante que el oro. Daban valor a cosas que tenía poco valor y quitaban valor a cosas que tenían más valor. Para Dios la justicia, la misericordia y la fe son más importantes que todo lo que podamos dar o hacer para El (Miqueas 6:8).

5.      Cuidando las Cosas Menores y Descuidando lo más Importante
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. Mateo 23:23  
Los escribas y fariseos eran muy rigurosos en cuanto al cumplimiento de la ley en las cosas menores. Se jactaban de ser fieles seguidores de Las Escrituras y hacían de las cosas menores toda una doctrina sobre la cual giraba una fe que estaba cargada de tradiciones humanas; pero olvidaban lo primero y más importante de la ley: el amor (Deuteronomio 6:5). La ley no cambia al hombre, lo condena. Es la ley la que, como institutriz divina, nos muestra nuestros pecados y debilidades en contraste con el amor de Dios que cambia al corazón y vivifica nuestras almas cansadas de nuestros trabajos y cargas. Si los escribas y fariseos hubiesen notado el punto más importante de le ley, hubieran entonces llegado a los pies de Cristo. Pero estaban más interesados en mostrarse piadosos y reverentes en cumplir una parte de la ley y no toda ella. La parte más fácil, créalo o no, era ésta. Lo difícil es amar como Dios ama porque esto nos hace siervos y ser siervo no está en la mente del que cree ser más importante que los demás. Así que ellos se entretenían en mostrar cómo ellos diezmaban aun las cosas más pequeñas como el comino y el eneldo. Perdieron el camino porque vivían bajo la ley y no bajo el propósito con el cual Dios entregó la ley. Esto hizo que la justicia, la misericordia y la fe fueran puestas a un lado, degradadas a algo de menos importancia (Miqueas 6:8).
6. Limpios por fuera y sucios por dentro
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio (Mateo 23:25–26).
El énfasis de las cosas externas nos vuelve olvidadizos de las cosas internas, las del alma. Hay tanta gente que dice ser creyente tan interesada en limpiar lo de afuera sin ocuparse de su interior. Ropas lujosas, joyas preciosas y apariencia superior (algunos recurren a las cirugías plásticas para ello); pero su interior está viejo, podrido, desgastado, deprimido, sucio y vacío. Esta era la triste condición de Laodicea, una de las siete iglesias del Apocalipsis a la cual el Señor amonestó (Apocalipsis 3:17). Cumplir con ceremonias externas en la iglesia, tener la mejor tecnología, adoptar un lenguaje piadoso y no tratar el pecado que llevamos dentro es la condición de muchos creyentes en el día de hoy (2 Timoteo 3:1–5). A algunos ni siquiera les gusta que se hable de pecado; pero es la única manera de acercarlos a Dios (Romanos 10:14, 17). Solo Dios puede limpiar el corazón y hacer una nueva creación en nuestras vidas (Salmo 51:10; 2 Corintios 5:17). Hay que limpiar el vaso por dentro también si queremos que Dios se agrade de nosotros (Mateo 23:26; 2 Timoteo 2:21).
7. Relucientes por Fuera y Muertos por Dentro
Muchos creyentes de hoy son un mausoleo (una tumba de mármol) porque su exterior es bello y reluciente; pero su interior está muerto. Son como el valle de los huesos secos en Ezequiel al cual solo el Espíritu de Dios puede dar vida (Ezequiel 37:1–14, Efesios 2:1, 4, 5; Colosenses 2:13). Parecen tener piedad, pero con su vida niegan la eficacia de Dios. El Espíritu de Dios no puede obrar a través de “cristianos” muertos, sino de vivos porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos (Lucas 20:38). Si no acudimos a Cristo y pedimos perdón por nuestros pecados, nuestros pecados no serán perdonados. No importa si eres miembro de una iglesia, esto no tendrá valor alguno. Muchos dicen ser creyentes pero toman alcohol, asisten a fiestas mundanas, hablan indecencias y coquetean con el pecado. Hay muchos sepulcros blanqueados caminando entre nosotros hoy. El creyente primero está para agradar a su Dios obedeciéndole, y luego está para hacer la diferencia en el mundo de hoy.
8. Justificando Nuestro Pecado con el Pecado de Otro
Fueron ellos los que mataron a los profetas, no nosotros (Mateo 23:30). Así querían los escribas y fariseos culpar a sus antepasados de la muerte de los siervos de Dios. Edificaban preciosos sepulcros a los profetas y rendían honores con adornos a los grandes hombres de Dios del pasado. Ellos pensaron que su culpa era eximida al hacer estas obras muertas; pero ahora tenían delante de ellos al más grande de los justos y deseaban su muerte. De esta manera ellos eran tan culpables como el primero de los asesinos, Caín, que mató a su hermano y su sangre derramada reclama aun la mezquindad de aquellos que buscaban ocasión para asesinar a Jesucristo (Mateo 23:29–32). Aquella generación fue juzgada porque ninguna de estas muertes y la predicación de aquellos profetas los impresionó para cambiar sus vidas. También esta generación en su tiempo será juzgada si no se arrepiente de sus pecados. ¡Dios quiere que todos se salven! (2 Pedro 3:9).


Monday, February 10, 2014

El Tesoro Escondido

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.  (Mateo 13:44)

Un tesoro escondido es algo que intencionalmente fue puesto en un lugar con el fin de que solo el dueño lo halle. Jesús escondió el tesoro de Dios para que los coherederos de su gracia encuentren la riqueza liberadora del evangelio y sean recompensados al ser partícipes del reino de los cielos.

Esta parábola del tesoro escondido tiene tres aspectos interesantes:

1. Una persona que descubre un tesoro inmensamente valioso.
En tiempos de Jesús muchas personas escondían sus tesoros enterrándolos porque no había bancos como los de hoy. Solo el dueño del tesoro sabía dónde estaba, por eso al morir el dueño quedaba el tesoro en donde había sido puesto hasta que alguien lo encontrara. Jesús murió en la cruz dejando el tesoro del evangelio escondido para que el hombre que busque a Dios lo encuentre (Colosenses 2:2b, 3).

2. El gozo de haber encontrado tal tesoro
El tesoro de Dios, Jesucristo, es encontrado por los que se ocupan en hallar al Señor. Este tesoro no es para los que despreocupadamente viven una vida de ocio espiritual y no se inquietan por lo eterno. Sin embargo, aquellos que encuentran a Jesucristo se llenan de gozo y satisfacción al darse cuenta que su felicidad no depende de las cosas que esta vida ofrece (Lucas 12:15; Romanos 14:17). Realmente somos pobres delante de Dios. Lo que podamos poseer en esta vida es muy pequeño comparado con lo que Dios nos está ofreciendo en la vida venidera. Cuando la luz de Dios se filtra en nuestras vidas a través del evangelio de Jesucristo comenzamos a ver con claridad lo que antes estaba oculto. Entonces llevar la cruz se convierte en un yugo fácil y en una carga ligera; aunque para los demás la cruz sea demasiado grande para llevar.

3. Dar todo para conseguir ese tesoro
La fe puede aparecer como el tesoro que no estamos buscando; pero que encontramos en nuestra búsqueda de algo que llene nuestras almas (Hebreos 11:24–26). Ese tesoro no cuesta, es gratuito, y Dios lo escondió para que lo encontráramos. Una vez hallado este tesoro somos impelidos a darlo todo por él. Habiendo sido transformados por el Espíritu Santo podemos entender cuánto vale este tesoro. ¿Qué es lo más valioso para ti? Serías capaz de dejarlo todo por amor a Jesucristo. La respuesta no tienes que darla ahora sino cuando sea puesta a prueba tu fe. Entonces descubrirás si amas a Dios lo suficiente que nada te podrá separar del amor de Cristo.


Tuesday, February 4, 2014

Leudando Toda la Masa

Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Otra parábola les dijo: El reino de los cielos es semejante a la levadura que tomó una mujer, y escondió en tres medidas de harina, hasta que todo fue leudado.  ~Mateo 13:33 
Para describir la grandeza del reino de los cielos Jesús usó muchas parábolas que de alguna manera distinguían en gran medida diferentes aspectos del reino. La parábola de la levadura muestra el aspecto intrínseco del reino al destacar que el reino de los cielos crece desde adentro. Un reino que está operando dentro de otro reino (el reino de Dios dentro del reino del mal). Aun así, prevalece el reino de Dios y su justicia por encima de todo porque Él es el verdadero Rey.
Podemos desmenuzar esta parábola para dar una enseñanza. En ella se habla del reino de los cielos, de la levadura, de la mujer, tres medidas, de la harina, de leudar toda la masa. Cuando no había tiempo o cuando tenía un uso religioso específico, el pan se hacía sin levadura; pero para consumo regularmente se le ponía una pequeña cantidad de levadura que era suficiente para leudar (fermentar), con algún tiempo de espera, toda la masa.
La expresión ‘reino de los cielos’ representa a un Rey y a sus súbditos. Este reino es de Dios y lo integran todos aquellos que le aman y obedecen. La levadura representa el crecimiento de ese reino y está integrada por todo lo que es de Dios que influye en el crecimiento del reino tales como Dios mismo, el evangelio, los creyentes, la iglesia y todo el esfuerzo que se hace para que este reino crezca. La levadura representa todo lo que es Dios que poco a poco va ganando terreno espiritual. Cuando la levadura termina su proceso, la masa es metida en el fuego. Los creyentes amparados en el Señor están leudando la masa que algún día será probada con fuego.
También es mencionado en este versículo la mujer que representa la iglesia con su función salvadora de esconder la levadura del evangelio en la masa, o sea, en el mundo. Es la Iglesia la agencia de Dios en este mundo para alcanzar a los perdidos. A ella le toca la labor de poner la levadura a la masa. Es la iglesia la que tiene que ensanchar el sitio de su cabaña (Isaías 54:2), de extender el reino a través de la predicación del evangelio usando las estrategias necesarias para hacerlo. Las tres medidas representan a Dios, a la santidad de Dios — es el número que representa la Santa Trinidad (Isaías 6:3; Mateo 28:19). El evangelio ha de predicarse de una manera pura y la iglesia ha de permanecer sin mancha (Efesios 5:27). La harina de la parábola representa al mundo en el cual vivimos, a las personas entre las cuales nos movemos que no conocen a Dios; pero ellas poco a poco van a ser leudadas por la iglesia con la Palabra de Dios y el testimonio vivo del evangelio de Jesucristo, hasta que, como dijo el Señor “se leude toda la masa.” Todo el mundo tendrá algún día conocimiento de Dios; pero no todos creerán en El. Esto nos causa tristeza, pero el Señor nos envía a todas las naciones para predicar el evangelio de su Reino (Hechos 1:8; Mateo 28:18–20).


Tuesday, January 15, 2013

No Todo El Que Me Dice: ‘Señor’


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. ~Mateo 7:21

Quizás los seres humanos puedan engañarse unos a otros, pero no a Dios. Existen “creyentes” que muestran cosas que al parecer agradan a Dios, pero el Señor Jesús advierte: “No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.” La gran sorpresa se la llevarán aquellos que creen que sin obedecer al Señor podrán entrar en el reino de los cielos. Es cierto que las obras no salvan (Efesios 2:8–9); pero el que después de haber hecho una profesión de fe no obedece al Señor, es porque nunca le ha conocido. La obras que el Señor espera no son solo las obras que incluyen lo material, sino los frutos espirituales que muestran la obra del Espíritu Santo en sus vidas (Gálatas 5:22–25).
Muchos de los que enseñan, predican, dan de lo que poseen y profesan con sus labios al Señor en estos días viven muy lejos de la voluntad de Dios (Isaías 29:13). Ante la presencia de Dios serán descubiertos los falsos maestros y los falsos profetas, también serán revelados los falsos cristianos que abundan hoy en las iglesias. Muchos le dirán en aquel día al Señor: “Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?” Pero el Señor les dirá: “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7: 22–23).
Todo creyente en todo lugar debe de estudiar Las Escrituras para poder identificar, si fuere posible, a los falsos maestros y predicadores que pululan en estos tiempos. El mensaje a medias de muchos predicadores modernos y el énfasis en los sentimientos más que en las convicciones ha hecho de esta época uno de los tiempos de más hipocresía espiritual y falsedad en la vida cristiana. Es necesario estar atentos para hacer diferencia entre los buenos y los malos maestros. Debemos de tener cuidado de no ser engañados por los que hablan en nombre de Cristo y acomodan a su manera y su estatus de vida las verdaderas enseñanzas de la Biblia. Si confesamos nuestra fe, debemos vivir nuestra fe según la palabra de Jesucristo. El solo hecho de repetir el nombre de Dios, no es suficiente, hay que aceptar al Señor con todos los planes que Él tiene para nosotros, y en sus planes está nuestra entrega y obediencia.
El honor y los principios no son tan importantes en estos tiempos. Bajo una piel de misericordia muchos esconden un corazón de maldad y una vida licenciosa (Mateo 7:15, 2 Timoteo 3:2–5). La traición a Dios y a nuestros semejantes se hace de una manera solapada, porque su interés es su bienestar y dar una imagen de piedad (2 Timoteo 3:2–5). Está de moda en los creyentes lo políticamente correcto pero no lo bíblicamente correcto. Vivimos en un mundo narcisista y esto se ha infiltrado en los creyentes. La imagen es lo que vale: ¿cómo luzco ante los demás, quedar bien, no ofender a nadie, etc. Le hemos arrancado muchos pasajes a la Biblia para no vernos en la obligación de creerlos y practicarlos, y para no ofender a la gente. Es necesario usar la Palabra de Verdad (1 Timoteo 2:21). Tenemos que volver al mensaje de una Biblia completa, no al de una Biblia disminuida. La gente necesita oír Palabra de Dios, no palabra de hombres.
El mundo no puede saber de la salvación si no les hablamos del pecado (Romanos 10:14, 17). El Señor desconocerá a los que hablan en su nombre con palabras falsas, los que no tienen un corazón dispuesto, los que no tienen el fruto del Espíritu y los que no obedecen, porque “no escaparemos si descuidamos una salvación tan grande”(Hebreos 2:3).

Tuesday, July 10, 2012

Una Justicia Mayor

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos. ~Mateo 5:20

La justicia es el anhelo de los seres humanos. Pero en muchas ocasiones la justicia es para otros y no para mi mismo. La justicia a la que el Señor se refiere en este pasaje es a la justicia que parte de mi propia justicia, a la justicia que es satisfecha a través del cumplimiento de la justicia en nosotros mismos. Hemos popularizado entre la grey de Dios la palabra fariseo como algo malo aludiendo a la característica distintiva de casi todos ellos, que era la hipocresía. La hipocresía de los fariseos consistía en exigir el cumplimiento de las leyes espirituales y morales; en fabricar a través de la interpretación normas y valores que ellos cumplían rígidamente como un rito externo, pero no había una convicción interior en sus corazones.

Había corrupción en sus corazones, porque practicaban la ley de una forma ceremonial pero habían dejado a un lado la misericordia (Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. Mateo 9:13). A esa actitud sincera del corazón Jesús la llamó justicia mayor que la de los fariseos. Una justicia que obedece porque ama a Dios y no por un cumplimiento estricto que en la mayoría de los casos estaba cargado de crueldad. No decimos que la ley es mala en sí misma, pero a veces los métodos que usamos han echado fuera los valores y el espíritu de la ley que es enseñar, no castigar; aunque a veces lleva en sí misma castigo.

La filosofía moderna de la salud habla de evitar a toda costa el dolor y esto se ha propagado a todas las esferas de la vida del hombre moderno; pero hay cosas que deben dolernos para que haya cambios radicales en nosotros. Si no existiera la ley, no habría un espejo en el cual nos miráramos para saber cuán lejos estamos de la voluntad de Dios. La Palabra de Dios habla de la Ley como un “ayo” (Gálatas 3:24), el maestro que nos enseña rectitud, obediencia, y todas las virtudes cristianas. En los signs computarizados de las autopistas aparecen las palabras en inglés click it or ticket. Para los que no les gusta amarrarse con un cinturón de seguridad, esto es un fastidio, pero le ayuda a salvar sus vidas en caso de un accidente. La ley de Dios no salva la vida del hombre pero muestra el camino de la salvación.

Las iglesias han ido las responsables de ganar muchas almas para el Señor, pero también han sido las responsables por la pérdida de otras al aplicar leyes, criterios y tradiciones que no están en Las Escrituras y que la mayoría de los creyentes practica por verse comprometidos con una comunidad de fe llena de ritos creados humanamente. La justicia mayor es la justicia que parte de el amor y la misericordia. Una ley des-provista de estas virtudes es crueldad. El Señor Jesús hizo referencia a ello cuando le dijo a los fariseos: Ustedes imponen cargas que ni ustedes mismos pueden llevar (Lucas 11:46).

Quizás después de leer estas palabras alguien ose decir que la justicia que es por la ley no es importante, pero nosotros no somos cristianos del Nuevo Testamento solamente, somos cristianos de toda la Biblia, y cada palabra, ya sea que se encuentre en el Antiguo Testamento o Nuevo Testamento, es Palabra de Dios (2 Timoteo 3:16-17). El problema no está en la Ley sino en quien la aplica. Para que nuestra justicia sea mayor que la de los fariseos, nuestra ley debe ser la ley del amor. Todo lo que Dios demanda de nosotros es bueno, porque es para nuestro bien, pero hagámoslo con la buena sazón de su misericordia.