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Saturday, March 4, 2017

Ayes Sobre la Superficialidad

Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.
Mateo 23:13
El Señor pronunció—casi al final de su ministerio y en la última semana de su vida allí en Jerusalén—ocho ayes a los líderes religiosos judíos en un último esfuerzo por denunciar la hipocresía y la maldad de ellos. Estos ayes de advertencia y condenación no eran ajenos al pueblo de Israel ya que algunos profetas del Antiguo Testamento profirieron ayes también (Isaías 5:8-23; Habacuc 2:6-19).

1.      Ay de los que Cierran el Reino de los Cielos
Mas ¡ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando (Mateo23:13).
Para los líderes religiosos, eran más importantes las tradiciones humanas y sus reglas religiosas humanas que la Palabra de Dios. Sus enseñanzas opuestas a la voluntad de Dios demuestran que sus discípulos jamás encontrarían por ese camino la entrada al reino de los cielos. Sus razonamientos egoístas y su deseo de poder vetaban sobremanera las enseñanzas que Dios quería que su pueblo obtuviera. Por eso no recibieron al Mesías; no le podían reconocer como tal porque sus obras eran malas y no estaban dispuestos renunciar a ellas. Así cerraban el reino de los cielos a sus seguidores. Eran piedra de tropiezo para aquellos que con corazón sincero deseaban acercarse a Dios. Así hay muchos hoy que, envanecidos en sus pensamientos y falsas enseñanzas, amontonan con sus falacias a aquellos que con comezón de oír buscan una verdad de Dios porque tienen necesidad espiritual; pero quieren que el mensaje satisfaga sus deseos personales (2 Timoteo 4:3). Como mensajeros de Jehová de los ejércitos los labios de los sacerdotes debían guardar el conocimiento de Dios (Malaquías 2:7); pero ellos lo profanaron de manera que no entraban ellos ni dejaban entrar a otros.

2.      Ay de los que Usan lo Espiritual Para Despojar de lo Material
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas, y como pretexto hacéis largas oraciones; por esto recibiréis mayor condenación (Mateo 23:14).
Por la necesidad espiritual de las personas muchos líderes religiosos roban usando como pretexto su espiritualidad. Esto no es nada nuevo porque los escribas y fariseos saqueaban las casas de las personas más necesitadas de su tiempo, las viudas, que desamparadas buscaban alivio espiritual en ellos. De esta manera obtenían grandes donaciones que hundían a las personan aún más en su pobreza. Conocí a un creyente que fue con una necesidad espiritual a una de estas iglesias y lo convencieron para que donara su carro. Él me dijo: Pastor, entré allí con un problema y salí de allí con dos problemas. Es que no resolvió su necesidad espiritual y ahora tampoco tenía carro para ir a su trabajo. Hay personas que se dejan convencer por las oraciones largas y convincentes, cargadas de elocuencia y palabras dulces, llenas de lógica y bien formadas; pero Dios escucha la oración del corazón, aquella que levanta el alma y estremece las puertas de los cielos.

3.Ay de los que Tienen Celo de lo que Creen; pero están lejos de Dios
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque recorréis mar y tierra para hacer un prosélito, y una vez hecho, le hacéis dos veces más hijo del infierno que vosotros (Mateo 23:15).
Es común ver en nuestros días grupos religiosos que tienen un celo ardiente por ganar adeptos para la fe que ellos profesan; pero ¿probará esto que ellos están bien con Dios? Un engaño más de satanás es hacer ver que la religiosidad sin una sana doctrina es suficiente para alcanzar el cielo y esto es falso (1 Timoteo 1:16). ¿Todo el mundo es bueno y todos van al cielo? ¿Están descansando? Por supuesto que no; sin embargo, esa es la imagen que dan algunos ministros de aquellos que han partido, estos son los mensajes que escuchamos en las exequias. No descansan aquellos que no han creído y entregado sus vidas a Jesús. Estos prosélitos que los judíos conquistaban con gran esfuerzo no tenían un final duradero (eternidad con Dios) porque no los convertían a Dios, sino a tradiciones humanas.

4. Ay de los que Usan el Nombre de Dios en Vano
¡Ay de vosotros, guías ciegos! que decís: Si alguno jura por el templo, no es nada; pero si alguno jura por el oro del templo, es deudor. ¡Insensatos y ciegos! porque ¿cuál es mayor, el oro, o el templo que santifica al oro? (Mateo 23:16, 17).
No juraban por el nombre de Dios por obediencia (Éxodo 20:7); pero prepararon un sofisticado sistema de juramentos. Así que daban valor en sus juramentos al oro del tempo más que al templo en sí mismo. Sin embargo, el templo, que era la casa de Dios, era más importante que el oro. Daban valor a cosas que tenía poco valor y quitaban valor a cosas que tenían más valor. Para Dios la justicia, la misericordia y la fe son más importantes que todo lo que podamos dar o hacer para El (Miqueas 6:8).

5.      Cuidando las Cosas Menores y Descuidando lo más Importante
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. Mateo 23:23  
Los escribas y fariseos eran muy rigurosos en cuanto al cumplimiento de la ley en las cosas menores. Se jactaban de ser fieles seguidores de Las Escrituras y hacían de las cosas menores toda una doctrina sobre la cual giraba una fe que estaba cargada de tradiciones humanas; pero olvidaban lo primero y más importante de la ley: el amor (Deuteronomio 6:5). La ley no cambia al hombre, lo condena. Es la ley la que, como institutriz divina, nos muestra nuestros pecados y debilidades en contraste con el amor de Dios que cambia al corazón y vivifica nuestras almas cansadas de nuestros trabajos y cargas. Si los escribas y fariseos hubiesen notado el punto más importante de le ley, hubieran entonces llegado a los pies de Cristo. Pero estaban más interesados en mostrarse piadosos y reverentes en cumplir una parte de la ley y no toda ella. La parte más fácil, créalo o no, era ésta. Lo difícil es amar como Dios ama porque esto nos hace siervos y ser siervo no está en la mente del que cree ser más importante que los demás. Así que ellos se entretenían en mostrar cómo ellos diezmaban aun las cosas más pequeñas como el comino y el eneldo. Perdieron el camino porque vivían bajo la ley y no bajo el propósito con el cual Dios entregó la ley. Esto hizo que la justicia, la misericordia y la fe fueran puestas a un lado, degradadas a algo de menos importancia (Miqueas 6:8).
6. Limpios por fuera y sucios por dentro
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque limpiáis lo de fuera del vaso y del plato, pero por dentro estáis llenos de robo y de injusticia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio (Mateo 23:25–26).
El énfasis de las cosas externas nos vuelve olvidadizos de las cosas internas, las del alma. Hay tanta gente que dice ser creyente tan interesada en limpiar lo de afuera sin ocuparse de su interior. Ropas lujosas, joyas preciosas y apariencia superior (algunos recurren a las cirugías plásticas para ello); pero su interior está viejo, podrido, desgastado, deprimido, sucio y vacío. Esta era la triste condición de Laodicea, una de las siete iglesias del Apocalipsis a la cual el Señor amonestó (Apocalipsis 3:17). Cumplir con ceremonias externas en la iglesia, tener la mejor tecnología, adoptar un lenguaje piadoso y no tratar el pecado que llevamos dentro es la condición de muchos creyentes en el día de hoy (2 Timoteo 3:1–5). A algunos ni siquiera les gusta que se hable de pecado; pero es la única manera de acercarlos a Dios (Romanos 10:14, 17). Solo Dios puede limpiar el corazón y hacer una nueva creación en nuestras vidas (Salmo 51:10; 2 Corintios 5:17). Hay que limpiar el vaso por dentro también si queremos que Dios se agrade de nosotros (Mateo 23:26; 2 Timoteo 2:21).
7. Relucientes por Fuera y Muertos por Dentro
Muchos creyentes de hoy son un mausoleo (una tumba de mármol) porque su exterior es bello y reluciente; pero su interior está muerto. Son como el valle de los huesos secos en Ezequiel al cual solo el Espíritu de Dios puede dar vida (Ezequiel 37:1–14, Efesios 2:1, 4, 5; Colosenses 2:13). Parecen tener piedad, pero con su vida niegan la eficacia de Dios. El Espíritu de Dios no puede obrar a través de “cristianos” muertos, sino de vivos porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos (Lucas 20:38). Si no acudimos a Cristo y pedimos perdón por nuestros pecados, nuestros pecados no serán perdonados. No importa si eres miembro de una iglesia, esto no tendrá valor alguno. Muchos dicen ser creyentes pero toman alcohol, asisten a fiestas mundanas, hablan indecencias y coquetean con el pecado. Hay muchos sepulcros blanqueados caminando entre nosotros hoy. El creyente primero está para agradar a su Dios obedeciéndole, y luego está para hacer la diferencia en el mundo de hoy.
8. Justificando Nuestro Pecado con el Pecado de Otro
Fueron ellos los que mataron a los profetas, no nosotros (Mateo 23:30). Así querían los escribas y fariseos culpar a sus antepasados de la muerte de los siervos de Dios. Edificaban preciosos sepulcros a los profetas y rendían honores con adornos a los grandes hombres de Dios del pasado. Ellos pensaron que su culpa era eximida al hacer estas obras muertas; pero ahora tenían delante de ellos al más grande de los justos y deseaban su muerte. De esta manera ellos eran tan culpables como el primero de los asesinos, Caín, que mató a su hermano y su sangre derramada reclama aun la mezquindad de aquellos que buscaban ocasión para asesinar a Jesucristo (Mateo 23:29–32). Aquella generación fue juzgada porque ninguna de estas muertes y la predicación de aquellos profetas los impresionó para cambiar sus vidas. También esta generación en su tiempo será juzgada si no se arrepiente de sus pecados. ¡Dios quiere que todos se salven! (2 Pedro 3:9).


Monday, January 23, 2017

Debajo De Las Alas

¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! He aquí vuestra casa os es dejada desierta. Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Mateo 23:37–39

En un triste lamento el Señor llora sobre Jerusalén aquella ciudad cuyos habitantes le rechazaron (Lucas 19:41). Fue conmovido a lágrimas, no por lo que sabía que iba a padecer, sino por la condenación que recibirían los habitantes de Jerusalén—porque habían rechazado al Rey triunfante. Dios los había visitado, pero ellos cerraron sus puertas para no recibirlo. Pueblo testarudo que usó de la libertad que el Señor da a todo hombre para rechazar al Mesías y resistirse a Su gracia y voluntad. Lo que esperaban por siglos ahora estaba ante ellos y no lo recibieron. Preferían seguir en sus vidas rutinarias de leyes vacías para sacar provecho material de ellas. ¡Cuántas cosas habían hecho para vivir sus propias vidas lejos de Dios! Mataron a los profetas y apedrearon a los que les fueron enviados; ahora rechazaban al Mesías.

Jerusalén era la capital del pueblo de Dios. Allí estaba el templo que era el lugar oficial de adoración y allí también estaban los lideres religiosos que eran los fariseos, los saduceos, los escribas y los sacerdotes. Jerusalén era el corazón religioso de la nación de Israel, y en aquel lugar, el lugar donde todos se disponían a ir a adorar, estaban rechazando oficialmente al Mesías. El Señor amaba a su pueblo doblemente porque era el pueblo que Dios había escogido para llevar el plan de salvación y porque Él mismo había nacido de esta nación. Su misericordia y amor se ven reflejadas en sus palabras: “¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste! “(Mateo 23:37). Quiso juntarlos bajo sus alas de amor y misericordia; pero ellos prefirieron estar fuera de ellas. El Salmo 91:4 ilustra a las aves que, tratando de dar calor a sus polluelos, los junta bajo sus alas. Y no solo esto, esa es una manera de que los otros animales no les hagan daño. El Señor usó esta ilustración para lamentarse del hecho de que ellos no querían la protección de Dios, sino sus viejas vidas gastadas por la maldad y derruidas por el pecado.

Así como un padre se lamenta de ver a su hijo perderse por no obedecer; Jesús, el Autor de la vida, veía la perdición de aquellos que negaban su protección y cuidado. Jesús no lloraba por cualquier cosa, de hecho, según la Palabra de Dios, lloró muy pocas veces; aunque sí se entristeció muchas. Dios siempre ha tratado de razonar con nosotros porque no quiere que nadie se pierda y como padre amoroso, le resulta muy doloroso usar el juicio y el castigo (Ezequiel 33:11). Dios no se goza en la venganza, en cambio, se goza en la salvación. No hay un mejor lugar para estar protegido que no sea debajo de las alas del Señor. Allí habrá sombra en el fatigante desierto de la vida, calor en la noche fría de la desesperación, refugio en la tempestad que pretende arrasar con lo que nos queda en esta vida y alimento abundante porque estamos al abrigo del Salvador.


Los que le rechazaron un día lo verán entrar triunfante y nadie podrá oponerse a su venida. Ahora viene no como un cordero para el matadero (Isaías 53:7), sino como el León de la tribu de Judá que ha vencido (Apocalipsis 5:5). 

Thursday, January 19, 2017

El Poder de la Resurrección de Cristo

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección… Filipenses 3:8–10a
Hay algo que me gustaría hacer notar entre nosotros, y es esto: La Señal más grande que tenemos los cristianos es la Resurrección de Cristo. Jesús dijo refiriéndose a su vida: “Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre” (Juan 10:18). Pablo argumentó: “Porque si no hay resurrección de muertos, tampoco Cristo resucitó. Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe. Y somos hallados falsos testigos de Dios; porque hemos testificado de Dios que él resucitó a Cristo, al cual no resucitó, si en verdad los muertos no resucitan. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana; aún estáis en vuestros pecados. Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron. Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres” (1 Corintios 15:13–19).
La realidad y la historicidad de la resurrección es el pilar más importante de la fe cristiana. Al levantarse Jesús de los muertos comprobó ser el poderoso Hijo de Dios, con el mismo Espíritu de santidad de Dios (Romanos 1:4). Jesús profetizó su resurrección y resaltó que cuando se levantara de los muertos, daría con esto una señal auténtica a su afirmación de que Él era el Mesías. Su resurrección fue el sello de su mesiazgo.
I. La Resurrección de Cristo Tiene el Poder de Justificar al que Cree (Romanos 4:25). Estaríamos en nuestros pecados sin salvación (1 Corintios 15:17). Todas las exigencias de Dios para la salvación del hombre fueron completamente satisfechas con el sacrificio de Cristo en la cruz, así que la resurrección de Cristo nos asegura la salvación a todos los que creemos en El (Romanos 10:9).
II. La Resurrección de Cristo Tiene Poder Porque Nos Garantiza la Victoria. Los cristianos no podríamos vivir en victoria a no ser por la resurrección de Cristo. Esta es la razón por la que los apóstoles podían soportar el sufrimiento y el dolor. Su victoria estaba consumada en la resurrección.

III. La Resurrección de Cristo Tiene Poder Porque Garantiza Nuestra Resurrección. La resurrección de Cristo es la primicia de los frutos de la resurrección, y la prueba y garantía de la resurrección de todo creyente (1 Corintios 15:20; 1 Tesalonicenses 4:13, 14, 17). Le veremos como Él es porque seremos glorificados. Veremos a Dios porque serán quitados nuestros pecados y seremos puros, de otra manera, nuestros ojos no podrían conocerlo. La expresión de 1 Corintios 13:12 — …entonces conoceré como fui conocido — no se hará realidad hasta nuestra glorificación, porque entonces sabremos cuanto pecado y vergüenza llevábamos sobre nosotros, y cuánto el Señor nos quitó. Seremos capaces de mirar atrás y ver realmente de dónde el Señor nos sacó. La esperanza pertenece a aquellos que confían en Cristo para la salvación de sus almas y la resurrección de sus cuerpos. Así que, animémonos entre nosotros con estas enseñanzas bíblicas (1 Tesalonicenses 4:13–18).

Dios No Es Dios De Muertos, Sino De Vivos

...Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Mateo 22:32b

Dios es un ser viviente que no tuvo principio, ni tiene fin. Ha vivido y vivirá de eternidad a eternidad. Es incomprensible para la mente humana; pero siempre ha existido. Por ser el ser dador de la vida Dios no es Dios de muertos, sino de vivos. Los seres humanos hacemos nuestras propias conclusiones acerca de las enseñanzas bíblicas; pero hay una sola respuesta para cada cosa que Dios nos quiere decir. En esta ocasión eran los saduceos, otra secta de los judíos que probaron su suerte para ver si podían hacer caer al Señor en una trampa.
La imagen que siempre se nos ha proyectado acerca de la persona de Jesucristo es de un ser lleno de amor y misericordia, de sacrificio y abnegación, de ternura y bienestar. Todo esto es correcto; pero nuestro Señor en numerosas ocasiones se tuvo que enfrentar duramente con los religiosos de su tiempo. Él tenía que denunciar el pecado en que estaban y los errores que cometían en la aplicación y práctica de la religión judía porque ellos la usaban para defender sus propios intereses.
En este pasaje en particular, los saduceos, que eran una secta religiosa que no creían en la resurrección de los muertos (Mateo 22:23), trajeron una historia al Señor. Le dijeron al Señor: Maestro, Moisés dijo: Si alguno muriere sin hijos, su hermano se casará con su mujer, y levantará descendencia a su hermano. Hubo, pues, entre nosotros siete hermanos; el primero se casó, y murió; y no teniendo descendencia, dejó su mujer a su hermano. De la misma manera también el segundo, y el tercero, hasta el séptimo. Y después de todos murió también la mujer. En la resurrección, pues, ¿de cuál de los siete será ella mujer, ya que todos la tuvieron? (Mateo 22:24–28). Aunque ellos no creían en el Señor le dieron el título de Maestro para adularlo, para que se sintiera cómodo con ellos y después sorprenderlo en un error. Lo llamaron Maestro y no le dieron la categoría que le daban sus discípulos al llamarle Señor. Llamarlo Maestro era igualarlo a ellos, era lo mismo que decirle colega.
El Señor acusó a los saduceos de ignorar Las Escrituras y el poder de Dios. Esta era la causa de los errores que tenían en sus interpretaciones (Mateo 22:29). La falta de conocimiento de la Palabra de Dios o intencionalmente pasar por alto sus enseñanzas ha producido a lo largo de la historia las grandes herejías y ha traído como consecuencia la falta de madurez y solidez en la iglesia. En la resurrección no habrán bodas ni uniones matrimoniales. Nadie se casará en el cielo porque seremos como los ángeles, sin sexo físico. Los ángeles no se reproducen porque Dios no los creó para multiplicarse; pero a los seres humanos se nos dio la misión de multiplicarnos aquí en la tierra (Génesis 1:27–28).

Los saduceos argumentaron acerca de lo que Moisés había dicho; pero Jesús aclaró que no fue Moisés sino Dios quien había hablado (Mateo 22:31). Al citar la frase “Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob” estaba hablando en tiempo presente. Él no fue el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, sino que es el Dios de ellos, dando a entender que ellos viven. Dios no es Dios de muertos, sino Dios de vivos. Tanto los ángeles como los seres humanos que son criaturas inteligentes y espirituales con libre albedrío pueden escoger su destino eterno. Los ángeles que se apartaron de Dios tras el mal (los demonios) y los seres humanos que no acepten a Cristo serán condenados por la eternidad; sin embargo, son criaturas eternas porque son inmortales (Daniel 12:2). La muerte se refiere a que el alma estará eternamente separada de Dios. No obstante, La Biblia habla de la resurrección como un evento que ocurrirá a todo creyente en Cristo. Los que creyeron antes de Cristo y los que creen después de Cristo en El, serán salvos (Hebreos 9:27–28; 11:24–26).

Tuesday, January 13, 2015

Casa de Oración Será Llamada

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Mi casa, casa de oración será llamada; mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. ~Mateo 21:13

Una de las metas más sobresalientes de la iglesia es glorificar a Dios aquí en la tierra. Es un gran privilegio para el cristiano dar honra al Señor; pero es necesario que apartemos de nuestra mente las cosas superficiales, vacías, y sin importancia para poder enfocarnos hacia las que son de valor eterno. La iglesia de Jesucristo en su lugar de adoración (el templo) debe prestar atención a las demandas de Dios y a la reverencia (Levítico 26:2). La Palabra de Dios es clara al respecto (Hebreos 12:28). Nuestro Señor Jesús acusó a los religiosos de su tiempo en haber convertido el templo en una cueva de ladrones (Mateo 21:13) ya que allí vendían y compraban, cambiaban dinero (Mateo 21:12), y de esta manera robaban a los necesitados.

El Señor echó fuera a los que vendían y compraban, y volcó las mesas de los cambistas de dinero y las sillas de los que vendían palomas. Los que vendían cobraban de más y los que cambiaban dinero también cometían fraudes. La casa de Dios debe ser conocida por casa de oración y no por un mercado en el cual vengo a satisfacer mis necesidades materiales. Lejos de eso, nuestra satisfacción en la casa de Dios debe ser de índole espiritual. Todo lo que hagamos en el templo que no sea la voluntad de Dios es irreverencia. Así que, “cuando fueres a la casa de Dios, guarda tu pie; y acércate más para oír que para ofrecer el sacrificio de los necios; porque no saben que hacen mal. No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras” (Eclesiastés 5:1–2).

Hay tres cosas que debemos guardar cuando vengamos a la casa de Dios:
1.   “Guarda tu pie…” — No llegues tarde y no tengas tanta prisa por irte. Recuerda que solo le das a Dios un poquito de tiempo en la semana. Tómate tu tiempo para Dios. No pongas pretextos para salir del templo a la hora del culto. La Palabra de Dios dice guarda tu pie.

2.   “Acércate más para oír…” —  Significa que debemos estar atentos al mensaje de la Palabra de Dios, al consejo santo que Dios nos da para la semana. Es claro el pasaje que dice …acércate para oír… y no para hablar. Nuestra prioridad en el templo debe ser escuchar a Dios; pero también a los necesitados, a los que vienen con cargas y dolores para que sean ministrados.

3. “No te des prisa con tu boca.” Sé serio en lo que te comprometes delante de Dios porque Dios no pasa por alto lo que le has prometido. Guarda silencio en el templo (Habacuc 2:20); tampoco uses tus labios para mentir o chismear acerca de los hermanos. La exageración también es una mentira. No le pongas ni le quites nada a la realidad. Recuerda que la casa de Dios tiene que ser llamada “casa de oración.”


Monday, December 15, 2014

Casa de Pan

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado.  ~Lucas 2:15

Aunque los historiadores y religiosos le han restado importancia a Belén de Judea, la Biblia la ha ensalzado con las profecías sobre ella (Miqueas 5:2; Mateo 2:6). Dos grandes hombres nacieron en Belén, el Rey David y Jesús el Hijo de Dios. No es coincidencia que esta ciudad que llevaba en el pasado el nombre pagano Bit llu Lajama, que significa Casa de la diosa Lajama (alusión encontrada en las cartas de el-Amarna del faraón egipcio Amenhotep IV, también llamado Ajenatón (1350–1330 A.C.), fue cambiado su antiguo topónimo a Betlejem, que significa Casa de Pan ya que los valles de Belén eran fértiles en cereales.

Esta pequeña aldea fue históricamente subestimada y denigrada porque en el siglo XI A.C. vivían allí campesinos y pastores de ovejas. No obstante, este pequeño pueblo siempre fue importante ya que al estar a solo 7 km de Jerusalén se convirtió en una avanzada militar a fin de impedir que el enemigo llegara a la ciudad de Jerusalén, de manera que, allí debieron estar hombres valerosos. Su gloria comenzó a brillar con la visita del gran profeta Samuel que hizo sacrificios allí para engañar al rey Saúl y poder ungir a David, el rey más célebre de Israel (1 Samuel 16:1–13). Siglos después se abrieron las puertas del cielo y nació un niño en la dignidad de una madre devota que dio Ius primae noctis (el derecho de la primera noche) al Señor. El Espíritu Santo vino sobre ella y engendró a Cristo (Mateo 1:18–20; Lucas 1:29–35). Lo que hace grande a Belén es lo que nos ha hecho grandes a nosotros también, y es, el nacimiento de Jesucristo. Nuestra gloria no es nuestra, sino de Él, porque Él ha nacido en nuestros corazones, así que si alguno se gloría, gloríese en el Señor (2 Corintios 10:17). Belén significa Casa de Pan porque allí nació el Pan de Vida que descendió del cielo (Juan 6:47–51). Ningún otro lugar es más recordado que Belén Efrata porque allí se materializó el plan de Dios para la salvación del hombre. La máxima gloria de Belén fue la que trajo uno de sus hijos, Jesús.


Belén Efrata…¿quién se atreverá ahora a llamarte pequeña?, porque de ti salió el guiador de la humanidad (Miqueas 5:2) ¿Quién osará levantar su voz para disminuir tu encanto y gloria? No es justo que hagamos silencio acerca de lo que pasó en Belén. El Señor, que siendo rico se hizo pobre por nosotros, y siendo el Señor de todo nació como niño para entregarse a la humanidad. Sus palabras fueron: Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos (Mateo 5:3) y…Si no fuereis como niños no entrareis en el reino de los cielos (Mateo 18:3). Tenemos que nacer de nuevo y ser niños en Cristo. Este es el modelo de Dios para la humanidad, el modelo de un niño (Isaías 9:6). Así que, como los pastores, pasemos a Belén para ver lo que ha acontecido y que es lo que el Señor quiere manifestarnos (Lucas 2:15). Busquemos de Cristo el Pan de Vida que descendió del cielo y saciemos nuestras almas.

Monday, June 23, 2014

Sólo con Oración y Ayuno

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

“Pero este género no sale sino con oración y ayuno.”  ~Mateo 17:21

Cuando el Señor y los discípulos llegaron a la multitud un hombre vino y se arrodilló delante del Señor con una súplica seguida de una crítica (Mateo 17:14, 15). Aquel hombre pedía al Señor que sanara a su hijo lunático porque los discípulos no habían podido (Mateo 17:16). La verdad es que la gente primero viene a nosotros porque suponen que podemos satisfacer sus demandas; pero luego se dan cuenta de que debieron ir al Señor. No es que no debían venir a nosotros, sino que el poder no está en nosotros, está en Dios que lo canaliza a través de nosotros. La expresión del Señor de que este género sale sólo con oración y ayuno apela a que las cosas espirituales sólo pueden ser resueltas con una actitud espiritual (Juan 4:24).

La falta de preparación espiritual está haciendo mella en la vida de muchos creyentes. Los discípulos no escaparon a esto ya que no estaban preparados para enfrentarse a la situación que se les presentaba en ese momento y por ende no pudieron sanar a este muchacho lunático. El padre del muchacho con desdén reclamó a Jesús que sus discípulos no habían podido. Ayunar y orar no obliga a Dios a cumplir con nuestras peticiones; pero sí nos prepara espiritualmente para una respuesta de poder a nuestras peticiones. Quizás pedimos para satisfacer el deseo de que la gente sepa que tenemos poder para sanar, para hacer cambios; sin embargo, este poder viene de Dios que abre o cierra los cielos para que no llueva y que sana o no a quien Él desea. El hecho de que Jesús haya sanado este muchacho implica que Dios quera sanarlo; pero los discípulos estaban faltos de esa relación profunda con Dios como para que Él les respondiera. En otras palabras; Dios no está dispuesto a responder oraciones que tratan de satisfacer nuestro ego lejos de glorificar el nombre de Dios (Santiago 4:3).


Los creyentes ayunan con la esperanza de que Dios conteste más rápido sus peticiones. Cuando nos apartamos en oración y ayuno es para tener un recogimiento y reflexionar en Dios, es p[ara prepararnos espiritualmente para una tarea. Jesús dijo que la razón fundamental para que Dios responda es la fe y no el ayuno y la oración. Una persona cerca de Dios es la que tiene fe; pero esta fe puede incrementarse con el ejercicio de una vida consagrada a través del dominio propio para evitar satisfacer los deseos de la carne. Esto nos hace más espirituales si se practica con sinceridad y más efectivos en el servicio a Dios. Los grandes hombres de Dios, los gigantes de la fe que conocemos, se destacaron por una vida de oración. El ayuno y la oración ayudan a aumentar la fe en la autoridad de Dios. Acercarse en oración a Dios aumenta las posibilidades que tengan más fe. La fe es una elección, yo decido creer o no creer. Y puede ser mayor o menor en nosotros de acuerdo a nuestra relación con Dios (Lucas 17:10; Mateo 17:20). Estar en una actitud de ayuno u oración representa a una persona que se está preparando espiritualmente y acercándose a Dios. Aunque en el libro de Ester no se menciona a Dios, se menciona el ayuno del pueblo que estaba asociado con el recogimiento de espíritu, la abstinencia de los apetitos carnales y sobre todo la oración, por supuesto a Dios (Ester 4:15-16). Este género es sale sólo con oración y ayuno, o sea, con una profunda relación con Dios, porque el poder está en Él y no en nosotros.

Tuesday, March 25, 2014

Alcanza para Todos

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Y comieron todos, y se saciaron; y recogieron lo que sobró de los pedazos, doce cestas llenas. Y los que comieron fueron como cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños. Mat 14:20–21

Después de la muerte de Juan el Bautista Jesús se fue solo en una barca, cruzando el mar, a un lugar a apartado. Es posible que lo haya hecho como era su costumbre para orar, quizás para salir del dominio de Herodes Antipas y no confrontarlo porque no había llegado su hora o para tener tiempo de quietud para enseñar a sus discípulos. Pero la gente le había seguido por tierra desde Capernaúm y otras ciudades. Jesús al ver la gente, tuvo compasión de ellos (Mateo 14:14). La respuesta de Jesús ante las necesidades de la gente es una de las enseñanzas más importantes que nos da este pasaje bíblico. La sensibilidad de Jesús se destacó en los evangelios como una de las características esenciales del Salvador. La compasión del Señor realzó el amor de Dios a niveles tan elevados que la raza humana nunca antes había conocido (Marcos 6:34). La palabra compasión en este pasaje viene de la palabra griega esplagcnízomai que se encuentra cinco veces en Mateo y siempre en relación con Jesús. Esta palabra se refiere a un dolor intenso en las entrañas y de esta manera se describe a la compasión del Señor por la necesidad humana.

En contraste con el corazón de Dios está la parte humana que ve los obstáculos y pone excusas al Creador sin notar su poder. En Lucas se nos dice que Jesús les hablaba del reino de Dios y sanaba (Lucas 9:11). Los discípulos vieron la necesidad de la gente; pero a diferencia el Señor, la solución era diferente. Ordenaron a Jesús que despidiera a la gente de una manera autoritaria. La mayoría contra la minoría, los discípulos contra Jesús. ¿Quién ganaría? Evidentemente era tarde, la gente tenía hambre y era necesario comer. Entre la multitud no solo había hombres y mujeres, también había niños. Lo mismo ocurre en nuestros días, ordenamos al Señor que haga algo sin pedir su voluntad. La iglesia o el creyente en particular no deben ordenar a Dios lo que debe hacer porque están pasando por alto Su voluntad. Es evidente que no pueden librarse de la situación en la que están y tratan de soltarle a Dios el problema. ¿Dónde está la fe que profesamos cuando tenemos problemas? (Mateo 14:16). No estaban desamparados, tenían algo, cinco panes y dos pescados (Mateo 14:17). Dios ha puesto en nuestras manos las herramientas para ser vencedores (Efesios 6:11); pero muchas veces tenemos temor de usarlas porque no tenemos fe.

En esta ocasión la tarea era difícil a los ojos humanos. Jesús les propuso a los discípulos: denle de comer ustedes. Retaba a sus discípulos para que alimentaran a cinco mil personas. A nuestros ojos es imposible, cinco panes y dos peces no bastarían. Pero Jesús mirando al cielo bendijo los alimentos y mandó a sus discípulos a repartirlos (Mateo 14:19). El resultado final es que todos quedaron saciados y sobraron doce canastas de los pedazos que quedaron (Mateo 14:20). Así son las matemáticas de Dios, donde 5 + 2 = 12,000. Cinco panes y dos peces alimentaron a cinco mil hombres sin contar la mujeres y los niños (Mateo 14:21).

Hay que traer al Señor nuestras necesidades (Mateo 14:18) para que su voluntad sea hecha. Él sacia a todos porque Él es el pan de vida (Juan 6:35, 51). Alcanza para todos porque en Él hay abundancia (Juan 10:10; Juan 3:16; Juan 4:14). La fe que agrada a Dios es la que no pone límites a su poder y es en esta fe en la que Dios se complace al obrar abundantemente con señales y prodigios porque nada es imposible para Él (Mateo 19:26; Lucas 1:37).

Tuesday, March 18, 2014

El Valor de Decir la Verdad

Porque Herodes había prendido a Juan, y le había encadenado y metido en la cárcel, por causa de Herodías, mujer de Felipe su hermano; porque Juan le decía: No te es lícito tenerla.  ~Mateo 14:3-4

En esta historia bíblica parece ser al principio que el pecado es ganador, que el mal ha vencido sobre el bien porque Herodes tuvo éxito al encarcelar a Juan y librarse de la molestia de alguien que denunciaba su pecado. Herodías y Salomé su hija parecen haber tenido éxito también en manipular a Herodes para deshacerse de Juan. Quizás sea la visión de algunas personas que ven al mal triunfar sobre el bien en algún momento de sus vidas. El mal se gozará por un breve tiempo (Salmo 73:17); pero el bien por toda la eternidad (Mateo 25:46). Parece que triunfan al violar las promesas nupciales y divorciarse sin razones válidas. Juan le reclamó a Herodes Antipas por el pecado de tomar la mujer de su hermano Felipe y por esta causa fue encarcelado (Juan 4:12).

La verdad es luz de Dios para los hijos de las tinieblas y ésta causa molestia a sus ojos espiritualmente muertos. Herodes no estaba contento con la denuncia de Juan y lo encarceló; pero Juan tenía que decir la verdad. Un siervo de Dios no puede andar con mentiras, porque la mentira no es solo no decir la verdad, sino también tapar el pecado, ocultar la verdad de las cosas para quedar bien o parcializarse para recibir beneficios temporales; pero Juan el Bautista no era uno de ellos. Era un hombre de Dios, firme en sus principios y lleno del Espíritu Santo. Así debe ser cada creyente. Con honestidad debemos denunciar el pecado sin temor. Herodes temía a Juan porque el pueblo lo tenía por profeta, pero no solo eso, en su conciencia pesaba el cargo de haber matado a un siervo de Dios. Por eso cuando Jesús comenzó a hacer milagros Herodes pensó que Juan había resucitado (Juan 14:1-2).

Juan probó ser un profeta verdadero porque no cambió su mensaje para salvarse, sino que estuvo dispuesto a ir a prisión y a morir por ello. Su fidelidad fue sometida a prueba  y tentado a flaquear en su fe; pero conociendo a Juan eran evidentes los resultados, no hubo marcha atrás. Esta mujer perversa llamada Herodías que accedió a abandonar al hermano de Herodes para casarse con él acechaba a Juan para matarle y lo logró. Satanás asecha a los hijos de Dios para destruirlos (Juan 10:10; Efesios 6:11) y usa a sus agentes para hacerlo. Como creyentes tenemos que estar preparados para vencer las emboscadas del diablo (Efesios 6:12).

Monday, March 10, 2014

Evadiendo el Tema

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros? ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?  ~Mateo 13:54–55
Cuando Jesús llegó a Nazaret, la tierra donde creció, la gente de allí se maravilló de Él (Mateo 13:54). Nadie negaba su sabiduría porque evidentemente era auténtica; no negaban sus milagros porque estaban experimentándolos de una manera extraordinaria. Tampoco negaban su poder ya que hacía grandes cosas entre ellos. Pero dudaban y hacían que otros dudaran de Él a pesar de sus prodigios y milagros. Se preguntaban cómo es que Él podía hacer estas cosas. “¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros?” (Mateo 15:54). Anteriormente los líderes religiosos lo habían acusado de poderes demoníacos (Mateo 12:22–24); ahora los que le conocían, la gente entre la que creció, dudaba también, y en vez de sentir gozo ponían en tela de juicio su vida. El hecho de que fuera alguien que había salido de ellos (Mateo 13:55) los cegaba para entender que Dios puede levantar profeta aun de entre las piedras (Lucas 19:40).
Maravillarse es común entre los humanos, sobre todo si ven el poder de Dios manifestándose…creer es otra cosa…. Cuando tocamos el asunto del pecado, de la necesidad de arrepentimiento y cambio de vida, muchas personas se sienten incómodas y a nuestro alegato responden con pretextos y quejas frívolas porque no están dispuestos a entregarse a Dios. Esto demuestra que han rebajado en sus vidas a Cristo a la categoría de hijo del carpintero porque no creen en el Hijo de Dios y entonces evaden el tema de su divinidad. Esto es más difícil si se trata de tu propia familia, la que te conoce desde tu niñez, porque no aceptan el hecho de que estás siendo usado por Dios a pesar de tus defectos que cada uno de ellos conoce. En el caso de Jesús, que fue sin pecado, el problema era que le conocían. En Mateo 13:57 dice: “Y se resistían a creer en Él. Pero Jesús les dijo: En todas partes se honra a un profeta, menos en su propia tierra y en su propia casa” (DHH).
La fe en el Hijo de Dios es la clave para que se manifieste el poder de Dios. La Palabra de Dios nos dice que Jesús, a causa de la incredulidad de ellos, no hizo muchos milagros (Mateo 15:58). El poder de Dios no tiene límites; pero sólo se manifiesta a través de la fe y por la fe. Esta enseñanza no es sólo para los incrédulos sino también para los creyentes que restringen el poder de Dios a sus limitaciones terrenales. Esta es la causa por la que hoy en día Dios no se manifiesta en muchos lugares con milagros y grandes prodigios. Es la incredulidad la que hace que Dios no actúe en nosotros, Él sigue siendo el mismo Dios de poder, no ha cambiado nada en absoluto (Santiago 1:17; Hebreos 13:8). Dios es el único, no hay otro, así que, nunca recibiremos la noticia de que nuestro Dios fue cambiado. Nada de lo que hagas o lo que no hagas lo cambiará ni por un segundo (Malaquías 3:6). Esta certeza de que Él no cambia nos enseña a confiar. No evadas el tema de que Dios puede hacer cualquier cosa.


Monday, February 10, 2014

El Tesoro Escondido

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo.  (Mateo 13:44)

Un tesoro escondido es algo que intencionalmente fue puesto en un lugar con el fin de que solo el dueño lo halle. Jesús escondió el tesoro de Dios para que los coherederos de su gracia encuentren la riqueza liberadora del evangelio y sean recompensados al ser partícipes del reino de los cielos.

Esta parábola del tesoro escondido tiene tres aspectos interesantes:

1. Una persona que descubre un tesoro inmensamente valioso.
En tiempos de Jesús muchas personas escondían sus tesoros enterrándolos porque no había bancos como los de hoy. Solo el dueño del tesoro sabía dónde estaba, por eso al morir el dueño quedaba el tesoro en donde había sido puesto hasta que alguien lo encontrara. Jesús murió en la cruz dejando el tesoro del evangelio escondido para que el hombre que busque a Dios lo encuentre (Colosenses 2:2b, 3).

2. El gozo de haber encontrado tal tesoro
El tesoro de Dios, Jesucristo, es encontrado por los que se ocupan en hallar al Señor. Este tesoro no es para los que despreocupadamente viven una vida de ocio espiritual y no se inquietan por lo eterno. Sin embargo, aquellos que encuentran a Jesucristo se llenan de gozo y satisfacción al darse cuenta que su felicidad no depende de las cosas que esta vida ofrece (Lucas 12:15; Romanos 14:17). Realmente somos pobres delante de Dios. Lo que podamos poseer en esta vida es muy pequeño comparado con lo que Dios nos está ofreciendo en la vida venidera. Cuando la luz de Dios se filtra en nuestras vidas a través del evangelio de Jesucristo comenzamos a ver con claridad lo que antes estaba oculto. Entonces llevar la cruz se convierte en un yugo fácil y en una carga ligera; aunque para los demás la cruz sea demasiado grande para llevar.

3. Dar todo para conseguir ese tesoro
La fe puede aparecer como el tesoro que no estamos buscando; pero que encontramos en nuestra búsqueda de algo que llene nuestras almas (Hebreos 11:24–26). Ese tesoro no cuesta, es gratuito, y Dios lo escondió para que lo encontráramos. Una vez hallado este tesoro somos impelidos a darlo todo por él. Habiendo sido transformados por el Espíritu Santo podemos entender cuánto vale este tesoro. ¿Qué es lo más valioso para ti? Serías capaz de dejarlo todo por amor a Jesucristo. La respuesta no tienes que darla ahora sino cuando sea puesta a prueba tu fe. Entonces descubrirás si amas a Dios lo suficiente que nada te podrá separar del amor de Cristo.


Wednesday, May 8, 2013

¿Vino Nuevo en Odres Viejos?


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otramanera los odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se pierden; peroechan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno y lo otro se conservan juntamente.  ~Mateo 9:17

El símil que Jesús hace se refiere a los métodos de fermentación del vino. Éste se hacía en unos sacos de cuero llamados odres en los cuales se vertía el vino y allí se añejaba. Este proceso hacía que los odres se envejecieran junto con el vino, y no sirvieran para ser usados una segunda vez, porque el proceso era largo y el cuero no resistía. Si se ponía en ellos vino nuevo, al pasar porel proceso de la fermentación se reventaba el odre y se derramaba el vinoechándose a perder también el vino.

Es evidente que Jesús estaba declarando que el nuevo mensaje que Él traíano se podía depositar en corazones que deseaban mantener las viejas tradiciones, aprisionados por las costumbres antiguas, porque no podríanresistir toda la carga de novedad que su Palabra traía y muy probablemente sedestruirían, echando a perder también el mensaje.

El formato ritualista de adoración no encajaría nunca con la vida cristianani su culto. Algunos pretenden hacerlo, pero al final fracasan. Es indiscutibleque el sistema de culto cambió de lo ritual a lo personal. También la manera enla que físicamente lo hacemos cambió. Ya no sacrificamos animales. Cristo es el Cordero de Dios que fue sacrificado una vez y para siempre (Hebreos 10:12; Juan 1:29).

I. El Problema de mantener la vida pasada junto con la vida en Cristo.
La vida nueva consiste en someter nuestro carácter a Dios. Todos poseemosla imagen del carácter divino porque fuimos hechos a imagen de Dios, solo quetenemos que hacerlo crecer en nosotros porque muchas veces está muy borroso.

Fíjate que la palabra hombre usada en la Biblia es Ish y mujer es Isha. Sussiglas son IH que son las mismas siglas de Jehová. Así que la palabra traducida como varón y varona en Génesis tiene que ver directamente con la palabra Jehová. No es de asombrarse, ya que Dios al hacernos quiso que nos pareciéramos a Él dándonos su imagen.

La vida mundana no es compatible con la vida en Cristo porque está cargada de pecados como el egoísmo, el egocentrismo e intereses no espirituales. Sin embargo, a veces los creyentes arrastran cosas de la vida vieja. Hay que despojarse del peso del pecado para correr en el maratón de Dios(Hebreos 12:1) y vivir la vida en Jesús (2 Corintios 5:17).

II. Una fe de apariencias.
El sistema de culto y fe Veterotestamentario fue sometido a interpretacioneshumanas que lejos de liberar al hombre lo ataban cada vez más colocándolecargas que retrasaban su crecimiento espiritual (Hechos 15:10). Una sarta de rituales que fueron necesarios ensu tiempo para mostrar simbólicamente al Mesías que vendría, con el objetivo deprovocar la obediencia interior y exterior, pero ellos lo tradujeron en un ritual de obediencia externa. Si el corazón no está incluido en la adoración, ésta está vacía y carece de significado.

Lo que Dios quiere es que nuestro interior sea cambiado a la imagen de Dios. Muchos tratan de mantener una imagen perfecta exteriormente hablando y esto no es malo, pero si nuestra imagen interior no es como la de Cristo, nada somos delante de Dios (1 Corintios 13). Es necesario que nuestro carácter sea cambiado al modelo del carácter de Cristo, esto es, el fruto del Espíritu (Gálatas5:22, 23). Recuerda que la imagen de Dios no es la apariencia física, sino la espiritual. Vivamos la vida cristiana desde el corazón y no de apariencias externas porque Dios quiere ver que lo de adentro sea lo que moldee lo de afuera (1 Samuel 16:7; Jeremías17:9, 10).

Misericordia Más Que Sacrificio


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido allamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento. ~Mateo 9:13

El sacrificio del Antiguo Testamento era un ritual que simbolizaba el sacrificio de Cristo en el Nuevo Testamento. Nuestra vida se pueden convertiren un ritual si no está cargada del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22, 23). Nuestro testimonio, el sacrificio vivo (Romanos 12:1), puede ser un ritual. Lo que los judíos hacían en el templo era un ritual porque carecía de misericordia. La misericordia es el resultado de una vida consagrada a Dios que sorprende al mundo con una respuesta diferente a la que ellos esperan. La iglesia de Jesucristo debe sorprender al mundo con misericordia.

El sacrificio sin misericordia es hipocresía, porque el sacrificio es elsímbolo de la misericordia. Testimonio sin misericordia es hipocresía, porqueel verdadero testimonio es el de la misericordia. Hemos recibido lamisericordia de Dios y Él desea que seamos misericordiosos (Mateo 5:7). El sacrificio tiene su lugar en la Biblia, pero el sacrificio es inútil si no hay amor para el prójimo. La falta de amor es evidencia de una falta de arrepentimiento. En ese caso el sacrificio es absurdo (Isaías 1:10–17; Miqueas 6:8).

El sacrificio es una foto cuyo marco lo limita a un símbolo. La acción está en la misericordia que comenzó en Dios y es traspasada a los hombres através de las virtudes cristianas. Es la herencia del amor de Dios en la tierray la puerta para que el hombre conozca de Cristo.

Nuestros pies deben de estar bien afirmados sobre la tierra, pero nuestro corazón debe estar en el cielo. Solo podremos tener una vida llena de misericordia cuando después de haber experimentado la misericordia de Dios tengamos la gracia de ser misericordiosos con otros. La misericordia está representada en el sacrificio, pero el sacrificio sin misericordia es algo vacío porque carece de valor.

Jesús llama a los pecadores de todo el mundo al arrepentimiento y para ello usa de su misericordia. Nuestros pecados nos han separado de Dios, pero en Cristo recibimos el perdón y somos librados de las consecuencias eternas. Dios vivió, en la persona de Jesucristo, entre los enfermos del alma y vino a sanarlos. Es necesario estar conscientes de nuestra enfermedad espiritual para que el médico nos sane, de lo contrario no acudiremos a Él (Mateo 9:12; 11:28). La respuesta a todos los males del alma está en Jesucristo, quien tomó para sí todos nuestros dolores y enfermedades, llevándolos sobre sí y clavándolos juntamente con El en la cruz (Isaías 53:4–5).

Monday, April 1, 2013

¡Resucitó!


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Y nosotros somos testigos de todas las cosas que Jesús hizo en la tierra de Judea y en Jerusalén; a quien mataron colgándole en un madero. A éste levantó Dios al tercer día, e hizo que se manifestase; no a todo el pueblo, sino a los testigos que Dios había ordenado de antemano, a nosotros que comimos y bebimos con él después que resucitó de los muertos. ~Hechos 10:39–41

Ser testigo es una parte muy importante en la extensión del evangelio por el mundo. Pedro hablaba por él y por los otros discípulos del Señor que habían visto al Cristo resucitado. A través de la historia los cristianos, aunque no estuvieron de cuerpo presente en la crucifixión, y mucho menos en la resurrección, han sido testigos de estos eventos a través de la obra del Espíritu Santo en sus vidas que da testimonio de que el Señor murió y resucitó al tercer día como estaba escrito.

La historia es contada y revivida cada año para que los que han creído en el sacrificio de Cristo no olviden cuánto Dios pagó y todo lo que Cristo sufrió por nosotros. Sirve también de testimonio a los que no conocen del Señor para que valoren lo que Dios hizo y cómo ama a la humanidad. El amor de Dios es único, impar e insuperable. Por mucho que el hombre se esfuerce, no puede igualar amor tan sublime y desinteresado. Por eso, todo el que se acerque a Dios recibe perdón si se arrepiente de sus pecados y cree en Cristo como Salvador y Señor de su vida. No importa lo grave o el número de tus pecados, El los perdonará.

La duda y el rechazo son pecados que han alejado de Dios a la humanidad. Pero Cristo ha resucitado. No hay duda de ello, porque los que se acercan a Dios reciben la confirmación de la resurrección de Cristo al ser convencidos por el Espíritu Santo. En un mundo lleno de pecado y de muerte, la resurrección de Cristo hizo que el reino de Dios irrumpiera como un foco de luz en las tinieblas. Ya no estaríamos en obscuridad porque la gloriosa resurrección de Cristo llenó la tierra de luz.

Jesús tiene toda autoridad sobre el cielo y sobre la tierra (Mateo 28:18), de manera que, todos los poderes del universo tienen que someterse a Él. Su victoria será mediante la predicación del evangelio a través de sus discípulos que han hecho un compromiso con Él. Los que no estén comprometidos, no pueden ser discípulos de Cristo. Todos los derechos de nuestra vida son reservados a Él, por lo tanto, tenemos que serle fiel con nuestro testimonio personal y con nuestra predicación. La iglesia debe obedecer cumpliendo el ministerio que ha sido puesto en sus manos.

El Señor Jesús rompió todos los modelos de la lógica humana con todo lo que hizo. En el plan maestro de Dios sucedieron cosas inimaginables para el hombre y la más grande de ellas fue la resurrección de Cristo al cual la tumba no pudo contener. Este mensaje glorioso debe ser predicado a todas las naciones (Mateo 8:19–20).¡Cristo ha resucitado! Apoyados en las promesas del Señor podemos recibir perdón y amor abundante.


Tuesday, March 26, 2013

¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!


Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Hosanna en las alturas!  ~Mateo 21:9
El versículo escrito arriba describe como la gente aclamaba a Jesús cuando Él hacía su entrada solemne a Jerusalén. A pesar de la algarabía y los gritos de la gente, que extendía sus mantos en el suelo para que Él pasara sobre ellos y colocaban ramas para recibirlo como a Rey, Jesús sabía que aquella agitación y esos gritos de alegría se convertirían en tristeza. Aun así, Él era el bendito de Dios, el que traería un beneficio eterno a todo el que le recibiera.
Este Jesús de Nazaret venía montado en un burrito, bajo la agitación de ramos y pasando sobre los mantos extendidos a su paso. Esto era necesario porque Él era un Rey y debía ser recibido como tal. Los de Israel creían que el Señor vendría a bendecirlos librándolos del yugo de su opresor, pero Él venía en el nombre del Señor a librarlos espiritualmente. Vendría a darnos luz en medio de nuestras tinieblas (Salmo 118:26, 27a).
Muchas cosas ocurrirían luego de su entrada a Jerusalén. Celebraría la pascua con sus discípulos que marcharon con Él por la vía de su entrada triunfal; pero le abandonarían en la vía dolorosa, la vía del Calvario. La gente jubilosa aclamaba a un Rey, pero unos días después lo coronaron con una corona de espinas.
Así como en aquel entonces muchas personas buscaron a Cristo por motivos muy diferentes a los que Él tenía en mente para ellos, hoy también hay personas que le buscan por salud física, o por motivos económicos. Pero Él vino a salvar y en eso consiste su bendición para el mundo. Aunque puede sanar, y abrir puertas económicas, su meta principal es salvar al mundo perdido.
El pasaje nos habla de alguien que viene. Alguien muy esperado por el pueblo. Alguien que el mundo necesitaba. No solo liberaría a Israel, sino que sería la liberación de todo el que creyera en Él. No es cualquier persona porque viene en el nombre del Señor. Más aun; era el Hijo de Dios que venía al mundo. La gente decía “hosanna al hijo de David” porque lo tenían como uno más de los profetas que hicieron milagros ante el pueblo, pero era el Hijo de Dios, el más grande de los profetas. Hoy nosotros aclamamos al Señor diciendo “hosanna al Hijo de Dios” porque aunque terrenalmente era hijo de David, realmente era el Hijo de Dios que tomó forma humana y se despojó de su gloria celestial para venir a nosotros.
Has conocido a muchas personas y no ha pasado nada, pero de repente conoces a una y todo cambia. Esa persona es Jesucristo. Él puede entrar en tu vida si lo dejas. Tiende tu vida ante El y bate tus palmas, porque Él es el Rey de la gloria. ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor!