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Wednesday, December 10, 2014

¿Qué Ves En Jesús?

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Cuando entró él en Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, diciendo: ¿Quién es éste? Y la gente decía: Este es Jesús el profeta, de Nazaret de Galilea.   ~Mateo 21:10–11
Jesús habiendo entrado en Jerusalén se encontró con una gran multitud que lo aclamaba como profeta. Podemos tener tres visiones acerca de Jesús. Puedes verlo como un hombre, puedes verlo como un profeta o puedes verlo como el Hijo de Dios.
I.    Puedes Ver A Un Hombre
La visión materialista y de incredulidad hace que el hombre vea en Jesús a un hombre y nada más. A pesar de reconocer sus valores intrínsecos y su adelantado conocimiento con respecto a los de su época, para ellos Jesús no es más que un hombre progresista que superó por mucho a las filosofías, pensamientos e ideologías de su tiempo. Esa visión humanista de Jesús no es mala, pero veta en la mente de muchos la posibilidad de que el Señor sea más que un carpintero. Ciertamente Jesús fue hombre. La Palabra de Dios dice que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y en medio de su humanidad vimos su gloria, como la del único Hijo de Dios (Juan 1:14).
II.  Puedes Ver Un Profeta
La visión religiosa y temporal no permite que muchos vean la luz de Dios, rebaja a Jesús a solo un profeta (Mateo 21:10–11), alguien que viene en nombre de otro, pero sin autoridad propia. Esta es la visión de la mayoría de la gente en este mundo, incluyendo algunos “cristianos”. Ellos veían a un profeta que venía en nombre de Dios a librarlos de sus problemas temporales. Los creyentes supersticiosos ven en Jesús un amuleto de la suerte para esta vida, sin embargo, hay mucho más en El….
III. Puedes Ver Al Hijo De Dios
Esta es la visión de la iglesia que ve en Jesús a alguien que es más que un profeta (Juan 10:30–36). Todos en su época conocieron a Jesús; pero más que un hombre, un profeta o un líder libertador era el Hijo de Dios. En el año 325 en Nicea (Iznik), una ciudad del Asia Menor, actualmente Turquía, se celebró lo que conocemos hoy como el Primer Concilio de Nicea (20 de mayo al 25 julio del 325 D.C.). Allí se discutió la divinidad y la humanidad de Cristo. El presbítero Arrio y el obispo Eusebio de Nicomedia plantearon que Cristo había sido creado por Dios y que por lo tanto no era Dios; sin embargo, Alejandro, obispo de Alejandría, y Atanasio, su sucesor, defendieron la tesis de que Cristo tenía dos naturalezas, la humana y la divina; era perfectamente hombre y perfectamente Dios. Las evidencias bíblicas demostraron que Jesús se hizo hombre y que fue perfectamente hombre (1 Timoteo 2:5); pero también perfectamente Dios (Juan 1:1). Cristo revela no solo lo que es Dios, sino también lo que es el hombre. La imagen perfecta del hombre nos es revelada en Jesús encarnado y nos muestra el estado prístino del hombre sin pecado, aquel que Dios creó en el principio en contraste con nuestra naturaleza actual y caída. Dios se hizo hombre pero no dejó de ser Dios por ello. Por encima de los concilios y las opiniones de los hombres es claro y legítimo el testimonio de Jesucristo de que Él es Dios (Mateo 16:14–20; Juan 4:25–26, Juan 14:6; Hebreos 1:8).
¿Acaso Jesús fue solo un gran hombre de la historia de la humanidad? Eso es un hecho; pero fue más que eso porque dominó la naturaleza cuando calmó la tempestad, caminó sobre las aguas, perdonó pecados, sanó enfermos, levantó a personas de la muerte y Él mismo resucitó. Él es único porque es el único Dios, el único mediador, y el único Salvador. Solo Dios puede hacer estas cosas.


Wednesday, May 8, 2013

Buscando a Dios Más Allá de los Moldes Religiosos


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Mateo 9:18-26

Detrás de cada milagro hay una enseñanza. Los milagros no eran solamente para sanar. Jesús mostraba su gloria a través de ellos y derramaba sobre los que estaban alrededor mucha sabiduría para sus vidas. En este pasaje se narran dos milagros y sus consecuencias. Un momento ordinario era convertido por el Señor en algo extraordinario. Él quería mostrarse a través de hechos, y no solo de palabras, para deshacer la incredulidad de los que estaban a su alrededor. Estos milagros no salvaban a la gente, pero sí les mostraban el poder de Dios para salvar.

Jesús era considerado un blasfemo para los religiosos de la época porque sanaba en sábado (Juan 5:10–18), perdonaba pecados (Mateo 9:1–3; Lucas 7:37–48),comía con publicanos y pecadores (Mateo 9:9–12); pero la mayor preocupación delos líderes religiosos era su estatus social y religioso. (Esta es una preocupación también hoy para algunos líderes religiosos.) Veían en las enseñanzas de Jesús una amenaza a todo su sistema religioso basado más en la ley que en la misericordia (Mateo 9:13). Aun así, a este hombre principal de la sinagoga solo le quedaba una esperanza para salvar a su hija. Era un hombre respetable, pero en su desesperación no dudó en acudir a Jesús. Vino al Señor en un momento de angustia y de gran dolor por la muerte de su hija — tal era su aflicción y desesperación que interrumpió la enseñanza del Señor (Mateo 9:18). Su cargo como principal de los judíos le impedía venir a Jesús pero no le importó su reputación, ni los comentarios que se hicieran de él. Lo que lo indujo a venir a Jesús fue un gran amor y una fe genuina.

Jairo tenía la fe de que si Jesús ponía su mano sobre su hija, esta viviría. El rompió los moldes religiosos que lo alejaban de Jesús y pidió misericordia. Muchas veces lo que llamamos religión nos aleja de Dios porque nos envuelve en un estilo de vida ritual que clasifica, como un médico, cada situación; pero sabemos que Dios está por encima de toda religión, todo pensamiento y toda actitud; y que El en su autoridad soberana actúa de tal manera que todo lo que creíamos de una forma es ahora de otra. Sus caminos y sus pensamientos son más altos que los nuestros (Isaías 55:8–9). Nuestra lógica está minada por el pecado y no vemos más allá de lo que ven nuestros ojos; pero Dios en su amor y en su esfuerzo por salvar a la humanidad, ha roto en Jesucristo todos los moldes religiosos preconcebidos por los hombres. Tenemos que renunciar a nuestra posición para darle lugar a Cristo. No significa dejar de lado las doctrinas de la Biblia, sino dejar de luchar por las cosas que nosalvan y que solo tienen que ver con argumentos humanos vacíos que no tienen apoyo bíblico.

La situación de Jairo era irreversible, su hija había muerto. Muchos hubieran estado pensando en cómo hacer su funeral, pero Jairo ante el dolor y las circunstancias se levantó y puso en acción su fe viendo posible lo que era imposible a los ojos humanos. Esta es la diferencia entre un hombre bueno y un hombre santo. El hombre bueno busca la fe desde su comodidad; pero el hombre santo es el que se ha liberado del temor y traspasa las barreras de la comodidad y el miedo, la inseguridad y la desconfianza para ir más allá, confiar absolutamente y vivir en las manos de Dios.

Dentro de este drama ocurrió otro milagro. Aquella pobre mujer, enferma desde hacía doce años, venía a Jesús en busca de una cura a su mal. Ella también rompió los moldes religiosos, ya que una mujer con flujo de sangre era impura. Debía estar aislada, pero estaba allí, en aquella multitud, después de doce años de encierro. En su desesperación rompió las normas establecidas y se acercó al Señor. Su fe fue tal que se ganó el reconocimiento público del Señor(Lucas 8:43–48).

Dios mira la fe de nuestro corazón y viendo en el secreto de nuestras almas nos recompensa en público (Mateo 6:6). Jesús nos purifica de nuestra inmundicia y nos hace aceptos al Padre (Efesios 1:3–6). Su sacrificio no fue en vano porque todos los que se acercan a Él con fe descubren que todavía hay esperanza a pesar de las circunstancias.

Thursday, March 21, 2013

Cristo: Suprema Autoridad


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

“Y como él llegó a la otra parte en el territorio de los Gergesenos; le vinieron al encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros, fieros en gran manera, así que nadie podía pasar por aquel camino. Y, he aquí, clamaron, diciendo: ¿Qué tenemos contigo, Jesús, Hijo de Dios? ¿Has venido ya acá a molestarnos antes de tiempo?” 
~Mateo 8:28–29 (RV 1865)

La historia que se narra en Mateo 8:28–34 es muy parecida a la historia de Marcos 5:1–20 y Lucas 8:26–39. En la historia de Mateo se mencionan dos endemoniados, pero en la de Marcos y Lucas se menciona solo un endemoniado. Estos pasajes han servido para establecer una controversia entre los cristianos y los enemigos de la fe aludiendo a supuestas contradicciones en la Biblia. Los cierto es que la ciudad de Gadara y la ciudad de Gergesa eran muy importantes y conocidas en el tiempo de Jesús, de manera que al estar algo cercanas y ser tan importantes, eran mencionadas indistintamente para referirse a la región con el nombre de cualquiera de estas dos ciudades. La supuesta contradicción bíblica no existe, ya que en la versión Reina de Valera de 1960 se usa Gadara y no Gergesa para referirse en Mateo a Gergesa, lo que no ocurre en la Reina de Valera de 1865 que sí se refiere a Gergesa. En Mateo eran dos endemoniados de Gergesa y en Marcos y Lucas era un endemoniado de Gadara, De manera que, Jesús hizo dos milagros al echar los demonios de dos hombres de Gergesa y uno de Gadara.
Lo más importante de este pasaje es la autoridad de Jesús. Un poco antes, Jesús estaba navegando por el Mar de Galilea y se había levantado una tormenta. El hizo que los elementos de la naturaleza se humillaran ante su poder, aquietando el mar y enmudeciendo al viento. Ahora mostraba su dominio sobre los demonios. Aquellos hombres estaban poseídos y el Señor con su divina autoridad ordenó a los demonios que salieran de aquellos dos hombres, de manera que, quedaron libres de esos espíritus de maldad que los atormentaban. Por eso es necesario que el Señor tenga el control absoluto sobre nuestras vidas, para que ningún espíritu de maldad nos moleste.
Los creyentes le echamos toda la culpa de nuestros males a satanás y lo declaramos nuestro único enemigo. Lo cierto es que los cristianos tenemos tres enemigos que son el diablo, el mundo y la carne. Así que, debemos distinguir cuando le estamos dando lugar a uno de estos tres enemigos del alma en nuestras vidas. Existe una lucha espiritual por la obtención del control (Efesios 6:12). El diablo y sus demonios procuran destruirnos utilizando cualquier medio posible para impedir todo lo que glorifique al Señor. Por otro lado, el mundo cada vez se constituye en algo más atrayente para llenar nuestros ojos de tentaciones y apartarnos de la verdad, y nuestra carne, nuestra naturaleza caída, persiste a pesar de nuestra regeneración espiritual e intenta separarnos de la fe, para que vivamos una vida fuera de foco, distorsionada por el yo. En otras palabras, para que vivamos una vida que no agrada a Dios.
Como cristianos, debemos estar atentos para detectar y a guardarnos de toda persona, circunstancia o causa que quieren hacernos caer. No podemos sentir que estamos derrotados, porque Jesús venció por nosotros (Juan 16:33). Estamos inmersos en una batalla la cual Jesús libra a nuestro favor (1 Juan 4:4). El venció a satanás y sus demonios, y ellos lo saben  ya que le temen (Mateo 8:29; Santiago 2:19). Si hemos nacido de nuevo, podemos vencer al mundo creyendo en el Señor que es la Suprema Autoridad del universo (1 Juan 5:4). 

Thursday, February 14, 2013

Los Dos Cimientos


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. ~Mateo 7:24
Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena… ~Mateo 7:26

Edificar puede que nos lleve mucho tiempo, sobre todo si ponemos nuestro empeño para hacerlo bien. Una casa no se construye de un día para otro. Al menos, en aquellos tiempos era necesario un fundamento firme y un lugar apropiado. Eso no ha cambiado. Los constructores de aquella época buscaban las piedras desnudas y resistentes para construir. Si era necesario, cavaban como mucho esfuerzo para llegar a la roca que afirmaría sus casas.
La casa que estamos construyendo representa nuestras vidas. Todos tenemos que construir, pero tengamos cuidado, no sea que estemos edificando sobre el terreno equivocado. Jesús enseñó que hay dos clases de constructores: los que oyen La Palabra, los que edifican sobre un terreno firme, la roca; y los que no oyen La Palabra y edifican sobre un terreno blando, o sea, la arena. Por supuesto, el Señor se estaba refiriendo con algo cotidiano a lo espiritual.
Los que edifican sobre la Roca han garantizado que sus moradas resistan los embates del tiempo (Mateo 7:24). La Roca representa a Cristo, en el cual debe estar puesta toda nuestra esperanza de salvación (Hechos 4:11–12). No estaremos exentos de las pruebas aun si nuestra casa espiritual ha sido fundada sobre la fe en Jesucristo, pero estaremos seguros de que los vientos doctrinales y los ríos de filosofías, por muy impetuosos que sean, no podrán contra ella. Lluvia, inundaciones y vientos fuertes representan las pruebas que nos sobrevendrán (Mateo 7:25). No podemos escoger las pruebas que tendremos que pasar en esta vida, solo vendrán. Las tentaciones, las persecuciones, necesidades, enfermedades, muerte, abandono, etc., son algunas de las cosas que sufriremos, pero si estamos sobre la Roca, resistiremos aunque nuestra casa se menee por la fuerza de ellas. En un mundo turbulento y tambaleante, donde el pecado y la maldad amenazan la vida de todo hombre en todo lugar, tenemos que asegurar que nuestra casa esté siendo edificada sobre la Roca.
Los que edifican sobre la arena edifican en la desesperanza de una vida corta y sin resultados a largo plazo (Mateo 7:26). Sus casas elegantes y su apariencia hermosa dan a entender que están seguros, pero cuando vienen los ríos de pruebas y los vientos de desesperanza, cae todo el edificio que construyeron y se quedan sin nada. El que construyó sobre la arena edificó con poco esfuerzo — era lo más fácil, era lo que no costaba trabajo. Fue holgazán para cavar en la roca. Le gustaba más lo superficial. Son muchos los cristianos que no están construyendo sus vidas sobre Jesús, sino sobre sus propias opiniones, intereses y deseos como lo hacían los escribas y fariseos (Mateo. 7:28–29).
Siempre van a haber tormentas en esta vida, pero resistirlas depende sobre qué fundamento está puesta nuestra casa espiritual: sobre la Roca, Cristo; o sobre la arena, lo que ofrece este mundo.

¿Dónde Está Tu Fe?


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.  ~Mateo 8:10
La fe es algo natural que deben tener los hijos de Dios, o al menos eso es lo que Dios desea. El espera que cada creyente tenga la certeza de que Él es y no hay otro como El. Jesús se maravilló de la fe del centurión romano, pero su maravilla mayor era que su fe sobrepasaba a la fe de los de su pueblo. Es algo controversial ver como alguien que creemos que no es hijo de Dios tenga más fe que nosotros los miembros de su iglesia. El mundo ya ha sido vencido por el Señor (Juan 16:33); pero a veces, parece que el mundo nos ha vencido a nosotros. Solo una persona que ha nacido en Cristo y tiene fe puede vencer al mundo (1 Juan 5:4).
Los cristianos hemos sido llamados a vivir por fe si queremos agradar a Dios (Hebreos 11:6). La gran diferencia entre los hijos de Dios y el mundo es la fe. Hacer la diferencia en estos tiempos modernos es difícil porque con frecuencia nuestra fe flaquea, pero si hay fe en el Señor, nos mantendremos al margen del mundo y daremos testimonio de lo que creemos. La vida diaria con sus retos amenaza nuestra fe y pone a prueba nuestros principios cristianos, pero nuestra fe debe ser algo genuino y no algo influenciado por lo que nos rodea.
El centurión romano tenía a cargo cien hombres, era una persona influyente y con poder; sin embargo, en un acto de fe nos dio varias enseñanzas:
1.     Dio el primer paso de fe: reconoció a Jesús como Señor (Mateo 8:2). Este es el primer y más grande paso para una relación de fe con el Señor. Al depositar su fe en el Señor, estaba reconociendo su señorío y grandeza.
2.  Se humilló al reconocer su indignidad y al decir que él estaba bajo autoridad (Mateo 8:8–9). Al advertir nuestra pequeñez delante de Dios damos lugar a la manifestación de su poder a través de nosotros al dejar que él tome el control de nuestras vidas. Estamos bajo autoridad, bajo el señorío de Cristo. No somos su centurión, sino sus soldados. Someterse es el problema del hombre rebelde que reclama su protagonismo en este tiempo presente. La Escritura nos dice que tenemos que someternos a Dios (Santiago 4:7).
3.  Creyó en el poder del Señor (…solamente di la palabra, y mi criado sanará…Mateo 8:8). También Jesús reconoció la fe de él (Mateo 8:10). La fe que se menciona en el pasaje no es el conjunto de principios bíblicos en los cuales descansa nuestra creencia, sino en la profunda convicción interior de que Dios puede obrar a pesar de lo difícil que parezca la solución del asunto que está delante de nosotros. Ese tipo de fe maravilla a Dios (Mateo 8:10).

Quiero, Sé Limpio


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. ~Mateo 8:2–3
Jesús había terminado de predicar su gran Sermón del Monte (Mateo 5–7) y ahora estaba rodeado de una gran multitud. La gente lo seguía porque sus enseñanzas eran diferentes a las enseñanzas hipócritas de los líderes religiosos de su época (Mateo 7:28–29). Sus enseñanzas eran superiores a las de los escribas y los fariseos. Un nuevo movimiento religioso se estaba formando basado en las enseñanzas de un verdadero profeta que también era el Hijo de Dios.
Mientras la gente competía por estar cerca de Jesús, algo los separó abruptamente. Era la llegada de un leproso que se acercaba al Señor (Mateo 8:2). Todos huían de la presencia de los leprosos porque estaban contagiados con una enfermedad que podría ser infecciosa. Aunque en nuestros días es raro ver un leproso por-que la lepra casi ha sido erradicada, en aquellos tiempos no existía el amparo de los medicamentos modernos y era necesario que los leprosos estuvieran lejos de la gente que estaba sana. Por eso se habían dictado leyes para ello (Números 5:1–4).
El legalismo judío extremaba las leyes de Dios haciéndolas insoportables al pueblo. De manera que, los leprosos se convertían en víctimas de la crueldad y el desapego de los hermanos de su nación. Todos huyeron, pero Jesús lo esperó. El leproso se postró delante del Señor y le dijo: “Si quieres puedes limpiarme.” Y el Señor les respondió: “Quiero, sé limpio.” La lepra lo dejó al instante (Mateo 8:2–3).
Hay tres enseñanzas que podemos sacar de las palabras de este leproso:
a. Reconoció a su Señor. El hecho de que desafiara toda aquella multitud que lo despreciaba, de que se postrara y dijera: “Señor, puedes limpiarme,” fue suficiente. Demostraba que creía en El.
b. Demostró que estaba bajo su voluntad cuando apeló a ella. Dijo: “Si quieres, puedes limpiarme.” Expresó con sus labios la posibilidad de que si el Señor no quería, no lo limpiaría. Los movimientos modernos evangélicos exigen a Dios una respuesta cuando la realidad es que Dios es soberano y El responderá como Él quiera. Jesús fue ejemplo de esto cuando en Getsemaní dijo al Señor: “…no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).
c. Mostró con fe que Dios puede. En sus palabras, “si quieres, puedes limpiarme,” el leproso expuso su fe en el poder de Dios. Los fracasos de la vida cristiana están relacionados con la falta de fe. La fe produce obediencia a la Palabra de Dios. La Biblia dice: “es la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.” (Hebreos 11:1).
La lepra tiene también un sentido simbólico en la Biblia. Representa la inmundicia del hombre, que es el pecado. No podemos pasar por alto nuestros pecados, porque el no obedecer a Dios enferma el alma y trae consecuencias desastrosas para la vida del hombre. Y la mayor de ellas es la muerte eterna, puesto que las consecuencias del pecado ya garantizaron la muerte física.
Todos los seres humanos estamos en el corazón de Dios, pero no siempre somos conforme a su corazón. Jesús tiene un gran interés en los que sufren, los que viven en la miseria, los que están sin esperanza. Él quiere salvarnos y dio su vida para eso. Sus palabras: “Quiero, sé limpio,” son también para nosotros. Como el tocó al leproso, quiere tocarte a ti con su divina misericordia para sanar tu alma (1 Juan 1:7).

Saturday, January 5, 2013

Luz Para Toda la Humanidad


Por: Pastor Carlos A. Goyanes
Luz para revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel. ~Lucas 2:32 
La luz no solo alumbra para unos pocos, alumbra para todos. Una luz que se pone en alto alumbra a todos los que están en casa (Lucas 8:16). La luz que vino de lo alto no solo alumbraba a Israel, también alumbraría a los gentiles con su cualidad reveladora (Juan 1:9). Físicamente estamos dotados de dos ojos que usan la luz para captar las imágenes; pero aun así podríamos andar en tinieblas a no ser que la luz de Dios alumbre nuestras vidas. La luz siempre ha sido para todos, pero algunos han pretendido apropiarse de ella. Los hebreos creían que la salvación era para ellos solos por ser los escogidos de Dios, pero Dios no solo escogió a los judíos, sino a toda la humanidad.
Desde tiempos antiguos Dios llamó de en medio de una generación perdida a un hombre. Este hombre fue Abraham. A él se le dijo que en él serían benditas todas las familias de la tierra (Génesis 12:1–3). Esto representaba a hebreos y gentiles. Tenían un mensaje que dar, pero creyeron que era para ellos solos, ignorando la promesa hecha a Abraham en el pasado. Como Simeón, hemos visto la Luz (Lucas 2:25-32). No una luz cualquiera, sino la Luz que alumbra a todo hombre que quiera ser alumbrado.
El mundo vive en tinieblas no porque no haya luz, sino porque cerraron las puertas y las ventanas de su corazón, y no han deja-do entrar la luz de Dios a sus vidas (Juan 1:4). Las tinieblas se han esforzado por cubrir a la humanidad que se ahoga en la obscuridad y la desesperanza; pero por muy profundas que parezcan las tinieblas, la Luz brilla (Juan 1:5). El nacimiento de Jesús fue un acto de Dios para manifestar su luz (Isaías 9:2).
Asociamos la luz con la revelación porque nos deja ver; asociamos la luz con la sanidad porque es esencial para nuestra vida diaria y nuestra salud; asociamos la luz con la dirección que hemos de tomar, como guía, porque es muy difícil orientarse sin luz. Esa luz que revela, que hace ver, esa luz que guía y sana es Jesucristo (Isaías 60:1–3).

Thursday, December 27, 2012

Justicia Para Las Naciones


Por: Pastor Carlos A. Goyanes

He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones.  ~Isaías 42:1

El hecho de que Dios haya enviado a su Hijo a nacer en Belén de Judea es la muestra más grandiosa de su amor. Aunque su apariencia siendo un niño pareciera débil y tierna a los ojos de los que lo vieron nacer, todos ellos reconocieron que había poder en Él. María, y los pastores recibieron el mensaje de Dios a través de los ángeles que con gran gozo dieron las Buenas Nuevas (Lucas 1:26–35; Lucas 2:8–15), José a través de un sueño (Mateo 1:18–21) y a los magos una estrella los guio (Mateo 2:1–2). Dios le dio a esas personas el mensaje de una manera diferente, pero siempre fue el mismo mensaje: el mensaje de salvación a través de su Hijo Jesucristo.

Lo profetizado en el pasado por Dios al pueblo de Israel ahora se cumplía en la persona de Jesús. El Mesías prometido había llegado con la encarnación de Dios, en otras palabras, Dios se había hecho hombre (Juan 1:14; 1 Timoteo 2:5). Jesús vivió en la tierra como un ser humano y como un verdadero siervo de Dios para cumplir satisfactoriamente con la misión que Dios le había dado que era enseñar el camino de la salvación y dar su vida para salvar al hombre caído. Él era el siervo perfecto de Dios que serviría con abnegación y obediencia.

El contentamiento de Dios estaba en presentar a su siervo escogido para alcanzar a una humanidad perdida. Él traería justicia a las naciones, o sea, enseñaría lo que es la justicia de Dios. No vendrá con gritos ni alzará la voz en busca de fama y honores perecederos sino que sería un siervo humilde que desearía los mejor para sus semejantes (Isaías 42:2). Qué interesante es saber que fuimos hechos a imagen de Dios (Génesis 1:26–27) y que ahora Dios se hizo a nuestra imagen para acercarse a nosotros (Filipenses 2:5–8). Tomó nuestra apariencia humana para llegar a nosotros y llamar nuestra atención a una salvación grande (Hebreos 2:3).

Él traerá justicia a las naciones. Justificará su amor a los que creen en su nombre y condenará a los que están sujetos al mal. No es que Dios quiera condenar al hombre, sino que quiere que el hombre sea salvo por Jesús (Juan 3:17, 18; Mateo 1:21). Acerquémonos cada día más al Señor y sirvamos a Dios con humildad, porque ejemplo tenemos en Él para seguir sus pisadas (1 Pedro 2:21). Esforcémonos por fortalecer “las manos cansadas” y afirmar “las rodillas endebles” (Isaías 35:3).

 

Monday, April 16, 2012

Bienaventurados los que Tienen Hambre y Sed de Justicia

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados. ~Mateo 5:6

La justicia es uno de los aspectos de la vida que el hombre por su naturaleza caída descuida. En consecuencia se derivan muchos males a nivel social, personal y espiritual. La justicia abarca todos los aspectos de la vida y sino hay justicia, se carece de base moral para la vida.

Pero, ¿qué es la justicia? Según el diccionario, es "el conjunto de reglas y normas que establecen un marco adecuado para las relaciones entre personas e instituciones, autorizando, prohibiendo y permitiendo acciones específicas en la interacción de individuos e instituciones". La justicia de los hombres obtiene su modelo en la cultura, en la formalidad y en el pecado. Pero muchas veces lo que es justo para los hombres es injusto para Dios. De manera que, de la justicia a la que nos referimos aquí es a la justicia de Dios (Salmo 11:7).

Por muchos años la iglesia ha callado y no ha hablado de la justicia de Dios. No hemos hablado de la pesa falsa, el falso testimonio y la opresión. Es cierto que nuestra labor como creyentes es predicar el evangelio, pero es también denunciar la injusticia. Los profetas que fueron antes de nosotros denunciaron la injusticia y hablaron de la esperanza que viene de parte de Dios.

Jesús ilustró el deseo de justicia con dos necesidades humanas básicas: el hambre y la sed. Estas pueden ser saciadas pero se vuelve a tener hambre sed. Comparar el hambre y la sed con la necesidad de justicia significa que la lucha contra la injusticia no debe dejarnos satisfechos. Si hemos denunciado la maldad, debemos hacerlo de nuevo. Es como las iglesias que han crecido lo suficiente y se sienten cómodas, ya no tienen la necesidad de seguir evangelizando. No podemos acomodarnos a la injusticia. La lucha no debe detenerse, al menos no aquí en la tierra.

El propósito fundamental de la iglesia es evangelizar al mundo, pero también tiene que denunciar la injusticia. Los seres humanos han establecido su propia justicia que en muchas ocasiones es diametralmente opuesta a la justicia de Dios (Proverbios 11:18). La justicia del mundo es una conformidad con las reglas externas, la del creyente es una justicia interior, del corazón, de la voluntad y de la intensión. Esta es la clase de justicia por la cual deberíamos tener hambre y sed. La justicia bíblica es más que un asunto privado y personal, ella también incluye la justicia social que libera a los seres humanos de la opresión (Proverbios 14:34), promueve los derechos civiles (Salmo 82:3), lucha porque los veredictos en las cortes legales sean justos (Proverbios 12:17; 16:8), que haya dignidad en los negocios, y para que sea honorable el hogar y los asuntos familiares (Eclesiastés 5:8; 33:15-17).

Los cristianos estamos comprometidos a tener hambre y sed de justicia, no solo en nuestro entorno, sino con toda la humanidad (Isaías 32:17). En esta vida nuestra hambre nunca será completamente satisfecha, ni nuestra sed totalmente saciada; de igual manera debe ser nuestra justicia. De lo que sí estamos seguros es que llegará el día en que seremos saciados por la eternidad (2 Timoteo 4:8).

Tuesday, March 13, 2012

Yo Soy la Luz del Mundo

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida. ~Juan 8:12

Hay una interrogante que han tenido los seres humanos a través de los siglos y es el descubrir ¿qué es la luz? Diferentes teorías se han ido desarrollando para interpretar la naturaleza de la luz hasta llegar al conocimiento actual. Las primeras aportaciones conocidas son las de Lepucio (450 a.C.) perteneciente a la escuela atomista, que consideraban que los cuerpos eran focos que desprendían imágenes, algo así como halos oscuros, que eran captados por los ojos y de éstos pasaban al alma, que los interpretaba.

Los partidarios de la escuela pitagórica afirmaban justamente lo contrario: no eran los objetos los focos emisores, sino los ojos. Su máximo representante fue Apuleyo (400 a.C.); haciendo un símil con el sentido del tacto, suponían que el ojo palpaba los objetos mediante una fuerza invisible a modo de tentáculo, y al explorar los objetos determinaba sus dimensiones y color.

Dentro de la misma escuela, Euclides (300 a.C.) introdujo el concepto de rayo de luz emitido por el ojo, que se propagaba en línea recta hasta alcanzar el objeto. Pasarían trece siglos antes de que el árabe Ajasen Basora (965-1039) opinara que la luz era un proyectil que provenía del Sol, rebotaba en los objetos y de éstos al ojo.

¿Qué es la luz? Los sabios de todas las épocas han tratado de responder a esta pregunta. Los griegos suponían que la luz emanaba de los objetos, y era algo así como un ‘espectro’ de los mismos, extraordinariamente sutil, que al llegar al ojo del observador le permitía verlo.

De esta manera los griegos y los egipcios se abocaron a la solución de estos problemas sin encontrar respuestas adecuadas. Todavía no sabemos exactamente qué es la luz. Entre las teorías contemporáneas, algunos dicen que es una onda electromagnética, otros que es energía, y otros que es materia. Lo que sí sabemos es lo que hace la luz.

1. La luz revela
No hay nada más preciado por el hombre que poder ver. La óptica es la parte de la física que estudia la luz y los fenómenos relacionados con ella, y su estudio comienza cuando el hombre intenta explicarse el fenómeno de la visión. La Biblia habla de varios casos de ceguera. Los ciegos son personas que tienen muchas limitaciones. El no poder ver trae como consecuencia el no poder caminar con libertad, el no tener acceso a los colores y las imágenes, etc. La luz revela todas las cosas. Jesús vino a un mundo de ciegos a revelar el plan de Dios y a mostrarnos que Él era esa luz de la cual nos escondimos por mucho tiempo para que nuestras maldades no fueran reveladas (Jeremías 33:6; Lucas 2:25–32; Juan 3:19–21).

2. La luz alimenta
Las plantas necesitan de la luz para producir los alimentos que comen los animales. A la vez los seres humanos se alimentan de plantas y animales. Es toda una cadena alimenticia que comienza con la luz. El hambre es una de las principales causas del sufrimiento de la humanidad. Se sufre por hambre física y se sufre por hambre espiritual. La luz del mundo que trajo el Pan de Vida alimenta a un hombre desnutrido espiritualmente que enflaquece por inanición espiritual. Si el cuerpo necesita de alimento, el alma también (Juan 6:35, 48, 51).

3. La luz calienta
Los animales de sangre fría obtienen su energía para comenzar el día cuando los primeros rayos del sol salen en la mañana y son calentados sus cuerpos por ellos. ¿Qué sería de este mundo si no hubiera Luz? No existirían las plantas ni lo animales. Con la luz vino la esperanza de la vida terrenal. ¿Qué sería de los seres humanos si la Luz del mundo, Jesucristo, no nos hubiese iluminado? Con la luz de Dios vino la esperanza de la vida eterna (Isaías 60:1). En este siglo de luces hay una gran obscuridad en las almas de los hombres. Nuestra súplica va dirigida a todo hombre en todo lugar para que abran su corazón a Cristo, se arrepientan y lo dejen entrar para que sus almas sean iluminadas (Hechos 17:30).

Monday, February 27, 2012

Una Persona Dichosa

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

Mateo 5:1–12

En la vida de los que creen en el Señor deben existir las actitudes que describen las bienaventuranzas de Mateo 5 ya que estas son características de los hijos de Dios y han sido diseñadas para que seamos felices. La Palabra de Dios dice que hagamos tesoros en el cielo (Mateo 6:20) y esta es una buena manera de aumentar nuestras riquezas celestiales que comienzan a acumularse aquí en la tierra.

La Escritura dice que Jesús les enseñaba (Mateo 5:2) y comenzó con las bienaventuranzas. Se puede ser afortunado por anhelar y retener las actitudes cristianas que contienen estas bienaventuranzas ya que es Dios quien las demanda de nosotros. Jesús las enseñó para que todo creyente se apropiara de ellas a través de la fe. Las virtudes cristianas son reflejadas por cualidades que adquieren los creyentes y lo hacen feliz con lo que tienen de Dios en sus vidas. Todo comienza descendiendo hasta que no quede nada de mi “yo” y subiendo hasta haber alcanzado todo de Dios.

• Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (v.3).
El pobre de espíritu es el que reconoce su pequeñez delante de Dios y reconoce a Dios en su vida. El corazón que no tiene a Cristo está lleno de conflictos, odios, enemistades, orgullo y toda clase de pecados. Cuando dejamos que el Señor entre en nuestras vidas, Él va sacando de ella todas esas cosas que impiden una relación con El. Y ocurre que al darle lugar al Señor en nuestro corazón descubrimos que nacimos de nuevo (Juan 3:3).

• Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación (v.4).
Los que lloran son aquellos que sufren por causa de la culpa de sus pecados. Son los que imploran el perdón a Dios porque se han arrepentido de sus faltas. Dar un giro de ciento ochenta grados a tu vida, darle la espalda al pecado, es algo que Dios reconoce como una actitud de reconciliación con El. Una vez nacidos de nuevo, rechazamos el pecado y toda influencia de éste, pero en el proceso sufrimos. De hecho, la lucha contra el pecado y su culpa es de toda la vida, pero tenemos a Cristo que vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Juan 10:10). Puede que sean muchos nuestros pecados o los pecados de otros por los que tengamos que llorar, pero de todos ellos nos librará el Señor (Isaías 1:18).

• Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad (v.5).
Si antes éramos hijos del trueno (Marcos 3:17), nos irritábamos con facilidad, no perdonábamos a los que nos hacían mal, no soportábamos las pruebas que venían a nosotros, sino que tratábamos de actuar por nuestras fuerzas; ahora eso cambió, porque le hemos dado el lugar a Dios para que intervenga. Las pruebas, aunque nos duelen, las provocaciones de los hijos de las tinieblas y los defectos de quienes nos rodean nos invitan a luchar, pero aprendimos a ser mansos, a soportar por amor y a curar las heridas de otros. Ya no nos domina el mundo, nos gobierna Dios; ahora somos las mansas ovejas de su prado (Salmo 100:3), ya no somos rebeldes, sino dóciles.

• Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados (v.6).
Debemos buscar la justicia de Dios y ser declarados justos para ayudar a otros en su justicia. Así como tenemos necesidad física de alimento y agua todos los días, la búsqueda de la verdad y la justicia deben ser nuestro pan diario. El estudio diario de las Escrituras nos enseñará lo que Dios quiere para nosotros. Solo puede ser saciado el hambre y la sed de justicia con la Palabra de Dios, porque allí está la verdadera justicia. ¡Convirtámonos en expertos exploradores de la verdad de Dios!

• Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia (v.7).
El amor y la acción es la combinación que hace a los hijos de Dios mostrar la misericordia. Esto mueve a Dios a darnos de su misericordia cada mañana. Así como los rayos del sol alumbran la tierra, dice la Palabra de Dios que El renueva sus misericordias (Lamentaciones 3:22–23). Si no somos misericordiosos, no podemos aspirar a la misericordia de Dios. Cuando realmente perdonamos y tenemos misericordia es cuando tendremos misericordia (Marcos 12:30,31; Mateo 6:12).

• Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios (v.8).
La palabra corazón en la Biblia se refiere a los sentimientos y a la mente, así que es de suma importancia que nuestra mente esté pura, libre de la contaminación y de malos pensamientos, para que nuestros sentimientos sean sanos. Es necesario lavar en la sangre de Cristo toda nuestra vida. El esfuerzo que hacemos para estar limpios el Señor lo recompensa. No somos perfectos, pero vamos en camino, y esto indica que hay que trabajar para la perfección. Dios nos recibe como somos, pero aspira a que avancemos en la fe, que crezcamos en El, y para ello hay que limpiar el corazón.

• Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios (v.9).
A medida que hay pureza en el corazón comienza a aflorar la paz en nuestras vidas porque ya no estamos en guerra con Dios; ahora estamos obedeciendo y tratando de ser como Jesús. La paz es el resultado de una vida limpia y entregada a Dios, donde los pecados, las culpas y los temores han sido puestos en sus manos. Ahora que conocemos la verdadera paz, no la del mundo, sino la que Cristo da (Juan 14:27), entendemos lo que es tener paz y estamos calificados para ser pacificadores. Dios no desea tener enemistad con el hombre, de hecho quiere ser nuestro amigo (Romanos 5:1).

• Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo. Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; porque así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros (vs.10-12).
Los cristianos son los que verdaderamente poseen la salvación y no pertenecen a este mundo. Fueron llamados aparte por causa del evangelio y es claro que el mundo odia a Dios, por eso somos perseguidos de una manera o de otra. Podemos conformarnos a este mundo y no seremos atribulados; pero el cristiano real sabe que tendrá que padecer por amor a Cristo. Este mundo está en tinieblas y desprecia la luz. Nosotros somos la luz del mundo y somos la oportunidad que el mundo tiene para salvación porque Dios nos ha dado la tarea de evangelizar. En este camino habrá persecuciones, pérdidas y tristezas, pero nuestro galardón es grande en los cielos (Mateo 5:12).

Monday, January 9, 2012

El Salvará

Por: Pastor Carlos A. Goyanes

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Mateo 18:21

“…llamarás su nombre Jesús…”

El nombre Jesús es la forma griega del nombre hebreo Josué que significa “Jehová es salvación”, o sea, Salvador. Desde la antigüedad se había escuchado la promesa del Señor de que vendría el Salvador: “He aquí, vengo” (Salmo 40:7; Zacarías 2:10). Por siglos el pueblo judío — el pueblo de Dios — había esperado ansiosamente la venida de su Libertador. Ahora, “cuando vino el cumplimiento del tiempo” (Gálatas 4:4) el designio divino señaló a Aquel en quien habían de cumplirse esas esperanzas. “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad” (Juan 1:14).

“…porque él salvará a su pueblo de sus pecados.”

El pecado había encerrado a los hombres (Romanos 6:16; 2 Pedro 2:19) en su propia prisión (Isaías 42:7). Cristo vino para romper las cadenas de la esclavitud, abrir las puertas de la cárcel y libertar a los presos de su condena de muerte (Isaías 61:1; Romanos 7:24-25; Hebreos 2:15). Vino a salvarnos de nuestros pecados, NO en nuestros pecados. Vino para salvarnos de los pecados que ya hemos cometi-do, y de nuestro instinto inherente que nos lleva al pecado (1 Juan 1:7, 9). Jesús vino a “redimirnos de toda iniquidad” (Tito 2:14).

Cristo no vino a salvar a su pueblo del poder del Imperio Romano, como lo ansiaban los judíos, sino del poder de un enemigo mucho más terrible. No vino a restaurar “el reino a Israel” (Hechos 1:6), sino a restituir el señorío de Dios en el corazón de los hombres (Lucas 17:20–21). Cristo vino a salvar a los hombres del pecado, que es la causa fundamental de la pobreza y de la injusticia. Es necesario creer en El y dejar nuestros pecados, ya que El no vino a salvarnos en nuestros pecados, sino de nuestros pecados. Es necesario creer que Dios le envió y dejar todo lo que nos separa de Dios. Podemos venir a El con nuestros pecados, pero al tener un encuentro con El, tenemos que despojarnos del peso del pecado que nos asedia para recibir su salvación y misericordia (Isaías 55:7).

Wednesday, March 16, 2011

Jesus

The greatest Man in history, Jesus, had no servants, yet they called Him Master.
He had no degree, yet they called Him Teacher.
He never used medicines, yet they called Him Healer.
He had no army, yet kings feared Him.
He won no military battles, yet He conquered the world.
He committed no crime, yet He was crucified.
He was buried in a tomb, yet He lives today.

Jesús

El Hombre más grande de la historia, Jesús, nunca tuvo sirvientes, pero le llamaban Señor.
No tuvo diploma, pero le llamaron Maestro.
Nunca usó medicinas, pero le llamaban Sanador.
No tuvo ejército, pero los reyes le temían.
Nunca tuvo victoria militar, pero conquistó el mundo.
No cometió ningún crimen, pero fue crucificado.
Fue enterrado en una tumba, pero vive hoy.

Thursday, August 5, 2010

Números de Emergencia



Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. ~Mateo 7:7

Puedes llamar a estos números directamente — no se necesita operadora y todas las líneas al cielo están abiertas las 24 horas de cada día.


Cuando estás triste: Juan 14
Cuando alguien te falla: Salmo 27
Cuando quieres tener frutos: Juan 15
Cuando has pecado: Salmo 51
Cuando estás preocupado: Mateo 6:19-34
Cuando estás en peligro: Salmo 91
Cuando Dios parece estar muy lejos: Salmo 139
Cuando tu fe necesita fuerzas: Hebreos 11
Cuando te sientes solo y atemorizado: Salmo 23
Cuando sientes amargura y resentimiento: I Corintios 13
Cuando te sientes deprimido: Romanos 8:31-39; Salmo 27
Cuando quieres paz y descanso: Mateo 11:25-30
Cuando el mundo parece más grande que Dios: Salmo 90
Cuando necesitas ánimo cristiano: Romanos 8:1-30
Cuando sales de tu hogar: Salmo 67
Cuando necesitas valor para un obra: Josué 1
Cuando piensas en tus inversiones: Marcos 10
Cuando la gente parece mala: Juan 15
Cuando tu cartera está vacía: Salmo 37
Cuando has perdido las fuerzas en el trabajo: Salmo 126
Cuando has perdido la confianza en la gente: I Corintios 13
Cuando el mundo parece más pequeño: Salmo 19
Cuando necesitas el secreto de la felicidad: Colosenses 3:12-17
Cuando necesitas una idea de lo que es el cristianismo: II Corintios 5:15-19
Cuando buscas una gran oportunidad: Isaías 55
Cuando quieres saber cómo tratar a otros: Romanos 12